TV Blog de Harguindey

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La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

La atmósfera

Por: | 14 de octubre de 2013

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En el último programa de La Sexta Noche, el actor Rafael Álvarez, el Brujo, explicaba que el problema del cine y el teatro en España no era tanto una cuestión de subvenciones como de atmósfera, y señalaba que ningún presidente del Gobierno desde que hay democracia en España asistió jamás a la inauguración de ninguno de los dos grandes festivales de teatro que se realizan anualmente: el de Mérida y el de Almagro. Luis María Ansón, por su parte, publicaba un artículo en El Mundo, en el que señalaba que Mariano Rajoy no había puesto un pie en un teatro desde que era presidente del Gobierno. El análisis de Montoro sobre el cine español ya lo ha desmentido el propio Montoro, un crack de las declaraciones y contradeclaraciones, apoyado, eso sí, por quien le nombró: "Montoro es un magnífico ministro de Hacienda en un momento en el que es muy difícil serlo", declaró nuestro registrador de la propiedad favorito. Le faltó añadir que "además se lleva casi todas las tortas que me debería llevar yo".
Almodóvar
, por su parte, publicó en Infolibre un artículo, tan duro como cierto, en el que denunciaba el plan que, a su juicio, había diseñado y llevado a la práctica el Gobierno para acabar con el cine español como venganza por el "NO a la Guerra" que enarboló en su día buena parte de la industria. Que el Gobierno siente una innata aversión por la cultura lo demuestra ese 21% de IVA (las revistas pornográficas tienen un 4% y el fútbol, un 10%). Dicho de otra manera: el Gobierno prefiere que la ciudadanía se masturbe en un fondo sur, por ejemplo, antes de que escuche a Lope de Vega, a Brecht, a los hermanos Cohen o a Enrique Urbizu. Es una opción.
También es una opción que la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana convoque a 25.000 personas en Tarragona para beatificar a 522 religiosos muertos durante la guerra civil, muertos de un lado, naturalmente; a los del otro, que les den. La escenografía, extraordinaria: 104 obispos y 1.400 sacerdotes, pantalla gigante de vídeo..., en fin, ni los Rolling Stones. En esto hay que reconocer que son los mejores: llevan más de 1.500 años vendiendo humo desde el papado y usufructuando el más allá, y eso no se consigue a pelo. La Conferencia Episcopal no tardó ni un segundo en explicar que el acto no iba contra nadie. Lo que todavía no han explicado desde hace años es por qué no apoyan el que los familiares de las víctimas del franquismo puedan enterrar dignamente a sus muertos. Es también una cuestión de atmósfera. Que Rubalcaba declare ahora que "vamos a aprobar la revisión del acuerdo con la Iglesia y vamos a plantear un modelo de educación laica, coherente con nuestro Estado, que es aconfesional", añade el oportunismo al aire empozoñado.
Claro que siempre hay quien destaca en los momentos de crisis. Esta vez fue, una vez mas, ese inmenso estadista que nos metió de lleno en la guerra de Irak, que promovió con sus leyes la burbuja inmobiliaria y que manipuló hasta lo inconcebible el dolor y la sangre del atentado del 11-M con sus mentiras. Hablamos, naturalmente, del gran José María Aznar. El expresidente del Gobierno, por mas que desde esta humilde tribuna se proponga que sea nombrado Presidente de Honor ad infinitum, asistió el pasado sábado a la recepción del Palacio Real por la fiesta nacional del 12 de octubre. Cuando Aznar asiste a un acto no lo hace en nombre propio. El está investido de las mayores virtudes del ser humano, es decir, que no fue a Palacio a tomarse una copa y charlar un rato con los amigos, no. El fue "para defender la democracia, la unidad nacional y la Monarquía constitucional ante la seria gravedad de la situación de España". Extraordinario.
Fíjense si habrá defendido bien la democracia, la unidad nacional y la Monarquía institucional que desde que dejó la poltrona de la Moncloa no paró de poner palos en las ruedas del Gobierno de Zapatero (hasta llegó a viajar a Melilla en un momento tenso en las relaciones con Marruecos, en agosto de 2010. "No he venido a criticar a nadie", declaró, para después afirmar que la política del Gobierno socialista en Melilla "es una especie de paréntesis entre el acoso y la dejadez". Desde entonces, no ha vuelto, naturalmente), realizó gestiones inmobiliarias en Argentina para un empresario norteamericano, preside una Fundación que no sólo se lleva la mayor parte de las subvenciones sino que entre sus hallazgos ideológicos más notables figura el de negar el calentamiento global, pertenece al consejo de administración del delincuente Rupert Murdoch y fue, sin duda, el presidente del Gobierno que mayores roces tuvo con el Rey. Y todo esto sin contar que a la imperial boda de su hija asistió medio Gotha de la delincuencia nacional y extranjera. ¡¿Qué sería de nosotros sin ti, José Mari?!





Hay 1 Comentarios

Sin duda que el ayer es referencia, sobretodo para que no nos lo cuenten al revés.
Pero es el hoy el que nos interesa, desde la óptica de la excelencia plural y democrática.
Porque anuncios en la calle hay a miles, pero no por eso la gente se tira de cabeza a los bares y a las tiendas a comprar como locos o como locas.
Que la realidad que nos manda de veras es el bolsillo, y poder comprar lo necesario para salir adelante, aunque sea una lata de mortadela.
Mirando de reojo a todos los anuncios para otros, que se los puedan permitir y sin sentirnos involucrados para nada en semejante verbena.
Lo que nos pasa alrededor nuestro en España hoy, es más o menos lo mismo.
Nosotros a lo nuestro, sujetando el bolsillo y con el bocata bajo el brazo, que todo lo demás debe ser para los otros los que puedan tirar de cartera.
Sin por ello perder la memoria, que con la gazuza a todo el mundo le aumenta la retentiva.
De memoria.
Que también está en la calle, y encima de la mesa para que quien quiera entender, lo entienda.
Y a la primera.
Los coros y danzas, ni nos conmueven ni nos alteran.
Es cosa de otra gente selecta, que vive de eso.
Que a la mayoría de la gente ya lo sabemos de tiempo, que lo nuestro es la mortadela.
Lo único que nos dejan.
Y con impuestos.

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Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

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