TV Blog de Harguindey

TV Blog de Harguindey

La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Rasgos diferenciales

Por: | 27 de marzo de 2014

Th

¡Lo que podría dar de sí hoy en día el Celtiberia Show del gran Luis Carandell! Que España es diferente está claro desde mucho antes de que Fraga Iribarne promocionara el slogan hace más de 40 años. Lo que no teníamos tan claro es que lo siguiera siendo cuando formamos parte de la Unión Europea, se refrendara una Constitución democrática, pasáramos el rubicón del año 2000 sin que se desplomaran los ordenadores y lleváramos más de 70 años sin matarnos los unos a los otros, salvo esa psicopatología atípica que es el terrorismo. Pues estábamos equivocados: seguimos siendo diferentes.
En primer lugar nos gobierna un partido que engañó públicamente a la ciudadanía con un programa electoral. También nos engañó un Presidente desde el mismo día de su discurso de investidura en el que prometió gobernar para todos y no recurrir a los errores del pasado como coartada: ni lo uno ni lo otro. En fin, la lista de agravios sería interminable pero baste citar unos cuantos nombres propios: Ruiz Gallardón, Cristóbal Montoro, Jorge Fernández Díaz, Luis de Guindos, Fátima Báñez, Ana Mato, José Manuel Soria, Miguel Arias Cañete o Juan Ignacio Wert, todos nos han engañado en sus respectivas responsabilidades sacándose de la manga leyes impresentables amparados en la mayoría absoluta, la crisis económica y la herencia de Zapatero.
Con todo, nuestros rasgos diferenciales fundamentales no son la alegría callejera, el trasnochar, la sangría, el flamenco o la hipotética capacidad amatoria, es, por ejemplo, la incapacidad de dimitir. Pese al sinnúmero de despropósitos que se han cometido (sin ir más lejos, ayer mismo en el caso de la descoordinación de los responsables policiales en el 22-M), y se cometen, las dimisiones se cuentan con los dedos de la mano y, siempre, cuando se acerca la hora de sentarse en el banquillo. En el entorno europeo se dimite por engañar a la policía de tráfico en una multa o por usar indebidamente el coche oficial.
Otro rasgo básico de nuestra peculiaridad es la constancia en la incoherencia judicial, un aparato administrativo capaz de agradar y desconcertar a lo largo de los años. Ayer, por ejemplo, supimos que el Juzgado de lo Social número 3 de Sevilla, ha señalado un juicio ordinario de reclamación de cantidad al Fondo de Garantía Salarial (FOGASA) para el 6 de abril de 2018, a las 10 horas de la mañana y sin que nadie se despeinara. También supimos ayer que un hotel de 21 plantas y 411 habitaciones puede estar, a la vez, en una zona urbanizable y en una zona no urbanizable. Todo depende de qué magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía miren esa mole de hormigón, hablamos de El Algarrobico y de la decisión de la sección tercera de la sala de lo contencioso-administrativo del TSJA de declarar que el hotel está en terreno urbanizable. Tiempo atrás la sección primera del mismo tribunal había sentenciado que era zona protegida y, por tanto, que no se podía urbanizar. O que un tribunal administrativo acaba de paralizar cautelarmente los deseos municipales de Alcázar de San Juan de privatizar el agua, al parecer la nueva pieza que quieren cazar los depredadores ("el capitalismo de amiguetes", como lo definió ayer en El Intermedio el economista José Carlos Díez).
Curiosidad judicial es también que los jueces Garzón y Silva fueron las primeras víctimas de los grandes escándalos de corrupción, Gürtel y Caja Madrid, que ellos mismos destaparon sin que todavía los responsables de los desastres hayan sido juzgados. O que el partido político del Gobierno se haya dedicado a obstruir sistemáticamente las diligencias judiciales sobre la presunta corrupción en el seno del mismo.
1395519773_767745_1395520545_noticia_normal
También nos diferencia la alegría conque reciben algunos de nuestros políticos la fijación de la fecha de sus respectivos juicios por corrupción o cohecho "porque así podré demostrar mi inocencia", y ejemplos hay desde Rafael Blasco a José Blanco o a ese crack de la lotería que es Carlos Fabra, y sin mencionar, por falta de datos, a los mas de 100 imputados en el caso Pokemón o a los diputados de las Cortes valencianas con esa impagable foto de los señalados con un círculo blanco en la bancada popular.
Una variante del júbilo con el que algunos políticos reciben las malas noticias nos la ofreció ayer Salvador Victoria, portavoz de la Comunidad de Madrid, al declarar su satisfacción por la sentencia del Tribunal Supremo que consideraba improcedente el ERE en TeleMadrid, decisión sutil donde las haya pues lo considera improcedente pero no nulo, es decir que no procede pero hágalo, pagando, eso sí, similar respuesta que la que dió en una noche intensa el estupendo productor Juan Estelrich cuando le preguntó de buenas a primeras a una dama desconocida si se acostaría con él y ante la estupefacción de la dama, remató con un "pagando, eso sí". Se llevó una bofetada.
Y ya que hemos mencionado a la Comunidad de Madrid, terminemos estos comentarios con una referencia a nuestra más que diferente alcaldesa que, como su compañero de partido y presidente de la Comunidad, tienen el privilegio de ocupar sendas poltronas sin haber sido elegidos para las mismas. Nuestra única Ana Botella tuvo a bien cuantificar los desperfectos provocados tras la manifestación del 22-M: mas de 600.000 euros (cien millones de pesetas) para inmediatamente después insinuar la conveniencia de acotar un espacio específico para las manifestaciones. ¿A que recóndito paraje habría que enviar al alcalde de Madrid y a sus asesores urbanísticos por haber provocado un agujero de 7.000 millones de euros (más de un billón, ciento sesenta y seis mil millones de las antiguas pesetas)? Botella, por favor, no mezcles peras con manzanas.

P.D.- Visto lo visto, quizá habría sido mejor haber asumido el que cada ciudadano español es un torero frustrado que en las noches come paella con sangría por las calles mientras suenan las guitarras, y poco antes de enamorar a toda la que se mueva gritan: ¡Gibraltar, español! Las que se mueven, por su parte, llevan trajes de faralaes, un clavel en la boca, no se ponen minifalda cuando van a los toros y saben que cuando besan es que besan de verdad.

Hay 0 Comentarios

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal