TV Blog de Harguindey

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La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Tiempo de bochorno

Por: | 31 de octubre de 2014

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¿Qué sentirán los diputados y dirigentes del partido en el poder al aprobar las leyes de las que llevan tiempo alardeando con el voto exclusivo de sus propios diputados, sin el apoyo de nadie más que de sus disciplinados dedos de apretar el botón del "Sí"? ¿Creerán de verdad que el resto de los representantes parlamentarios -desde la izquierda tradicional a la derecha nacionalista- están equivocados, o que sólo ellos poseen la verdad? Y no hablamos de temas tan obvios como la corrupción en la que sus constantes negativas a cualquier posibilidad de investigación en realidad responde a un elemental instinto de supervivencia, ni de realidades tan crueles e injustas como el galopante empobrecimiento ciudadano. Hablamos de algo más sutil, complejo y, al parecer, intranscendente como es la ley de Propiedad Intelectual, de la cultura.
Autores, sociedades de gestión, editores, internautas, espectadores, lectores, viven en un mundo en el que las nuevas tecnologías han ido muy por delante de las legislaciones, un mundo nuevo al que la ciudadanía también se ha adaptado con mayor e inmediata fluidez que una clase política anclada con frecuencia en conceptos endogámicos en lo político y en la confortable defensa de sus privilegios en lo personal. Todo chirría en esta nueva ley de la Propiedad Intelectual que nace con las reticencias de la industria cultural, del Consejo de Estado y del Tribunal Supremo. Significativamente, los únicos que no han protestado son los operadores de la telefonía e internet, las grandes empresas que han divulgado y potenciado la engañosa "cultura de lo gratis" en el consumo de los productos audiovisuales, una gratuidad que engorda considerablemente sus propios balances.
En realidad, chirría el propio concepto de propiedad: ¿por qué, por ejemplo, las tierras que conquistaron hace siglos a golpe de espada los nobles perpetúa su propiedad ad infinitum, salvo que la indolencia de sus descendientes les obligaran a venderlas a algún pirata de la revolución industrial, del estraperlo o de las finanzas, mientras que las obras creadas con el talento y el esfuerzo de sus autores prescriben sus derechos a los 50 o 75 años? ¿Se imaginan que las propiedades de la duquesa de Alba prescribieran a los 75 años, o la riqueza de esos 20 españoles que amasan una fortuna equivalente a los ingresos de14 millones de ciudadanos, según el último y demoledor informe de Intermón Oxfam? Lo dijo Malcolm X: "si no podemos sentarnos todos a la misma mesa, rompámosla y sentémonos todos en el suelo".
De vuelta al ámbito de la cultura, un tema que, ¿para qué engañarnos?, a la clase política le preocupa poco, resulta bochornoso el que mes tras mes, año tras año, el PP mantenga ese 21% del IVA a la vez que tenemos que soportar diariamente mantras como los de que "hemos salido de la crisis", "somos el país que más ha crecido en Europa", "nuestro sistema financiero está estupendo". Se ha llegado a tal punto de desprecio por lo cultural que hasta los patronos de los principales museos, gente de orden y de consejos de administración, se han sentido engañados por la política fiscal del mecenazgo. Un punto en el que unos cómicos para eludir ese insoportable 21% venden revistas pornográficas (un 4% de IVA) en la taquilla del teatro y regalan la entrada para la función.
ThSon tiempos de bochorno en los que, esporádicamente, surgen actitudes extraordinarias como la de Jordi Savall (ver foto) que ayer anunció en una carta abierta al ministro Wert su renuncia al Premio Nacional de Música que le acababa de ser concedido. Comenta en la misiva que agradece el premio, pero que no puede aceptarlo para "no traicionar sus principios y sus convicciones más íntimas", puesto que la distinción procede de la principal institución del Estado responsable del "dramático desinterés y de la grave incompetencia en la defensa y la promoción del arte y de sus creadores". Un tiempo en el que los niños saben quienes son los Bárcenas, Roca, Pujol, Blesa, Rato, Granados o Cotino a la vez que desconocen a los Savall, Caro Baroja o Barceló, por citar a unos pocos.
Finalicemos ésta inútil defensa de la cultura en una sociedad que hace tiempo entronizó a los depredadores económicos y ensalzó la especulación financiera, con un nuevo párrafo de la carta de Jordi Savall: "La ignorancia y la amnesia son el fin de toda civilización, ya que sin educación no hay arte y sin memoria no hay justicia. No podemos permitir que la ignorancia y la falta de conciencia del valor de la cultura de los responsables de las más altas instancias del gobierno de España, erosionen impunemente el arduo trabajo de tantos músicos, actores, bailarines, cineastas, escritores y artistas plásticos que detentan el verdadero estandarte de la Cultura y que no merecen sin duda alguna el trato que padecen, pues son los verdaderos protagonistas de la identidad cultural de este país".

Hay 54 Comentarios

CURRANTE, mira de dónde consigue nuestro portentoso 'intelectual conservador' sus referencias culturales.
Como es un poco torpe, se le ha colado la palabra ADVERTISEMENT (publicidad) en el 'poema'.
El inconsciente les traiciona y muestra el 'patrocinio' de Acebes.
http://www.libertaddigital.com/opinion/fray-josepho/el-triunfo-de-polpotito-71683/

Porque en esa persecución de sus objetivos ideológicos que nada tienen que ver con la filosofía política liberal (liberalismo político y neoliberalismo económico son cosas diferentes) el sólido grupo de intelectuales que forman nuestros políticos del PP, solo atienden a un temor: “una debacle electoral si Rajoy no frena la corrupción”. Han necesitado ver la debacle del PSOE, -que sigue sin enterarse de lo que le ha ocurrido- y las encuestas, para percibir que su política antidemocrática es la que ha abierto la necesidad de cambiar a los responsables del fracaso social. Que Podemos no es otra cosa que el remplazo de la corrupción y la despolitización del sistema, por “algo” que se define diferente.


¿Pero como van a frenar la corrupción, si son ellos sus agentes y eso representaría abandonar el lugar para el que han sido creados? Solo pueden hacer lo que hacen, simular que lo intentan para permanecer de otra forma. “Cambiar cosas, para que nada cambien”. ¿Cómo puede el corrupto establecer reglas de regeneración si esa es su destrucción?


Cuando esto necios intentan insinuar que la lucha de clases no existe, lo que intentan expresar torpemente es que la sociedad como tal, no es una entidad positiva completa ycerrada, que no existe como algo acabado, como explica Ernesto Laclau. Y que las clases son la expresión de ciertos límites, que subvierten sus diferencias en el antagonismo, (cuando una medida como la reforma laboral tomada por Rajoy se efectiviza lo que perjudica a una benéfica antagónicamente a la otra definiéndolas –aparecen las clases-). Toda la política actual de este gobierno, repite una y otra vez el fenómeno El antagonismo en términos sencillos, inevitable, es sinónimo de “lucha” y del proceso de identificación de los sujetos en ellas.


Seguramente a ellos no les conviene saberlo, pero esa es la construcción (clases y diferencias) sobre la que los empresarios y nuestros representantes montan la idea de bajar el salario. Cuanto más bajen los salarios más se benefician las minorías que no viven de él. Desahuciados con los bancos; preferentistas con los financieros; gasto social con los impuestos de los ricos. Pero, claro, las clases no existen. Por eso ante una producción única de riqueza de la economía real, expresada en valor (la inmaterialidad del trabajo expresa la sustancialidad de su valor en la materialidad de la mercancía -en la equivalencia que hay entre ellas-) la lucha se establece en cómo se reparte los resultados –hacia la renta del trabajo o, antagónicamente, la renta del capital- y el fenómeno de las diferencias sociales que este gobierno intenta desplazar a favor de los que siguen sumando los beneficios de ese crecimiento que ellos llaman para todos. Lo que se crece, porque se empobrece la mayoría se desplaza en favor de la minoría. Y ese es el ejemplo máximo de la corrupción política.

La mirada de Soledad Gallego-Díaz
Desde dentro, imposible
Comentario de la columnista de 'El País', Soledad Gallego-Díaz, en 'Hoy por Hoy' del viernes 31 de octubre de 2014

La idea de que el Partido Popular y el Partido Socialista firmen un gran pacto sobre la corrupción no parece muy sensata a estas alturas. Fundamentalmente porque los ciudadanos pueden acoger un acuerdo de esas características con muchas más sospechas que esperanzas. La falta de crédito de los partidos políticos es tan grande en el tema de la corrupción que aun con las mejores intenciones no parece que se pueda avanzar en esa dirección.

Quizás sería el momento de retomar una propuesta que hizo Alfredo Pérez Rubalcaba en el debate del estado de la Nación de 2012, cuando recordó que los dos partidos habían intentado muchas veces atajar el problema y reconoció que nunca lo habían logrado. Desde dentro no podemos, admitió.

La idea de que el Parlamento nombre una comisión independiente formada por personalidades de reconocido prestigio, que hagan un informe y propongan vías de solución, va abriéndose camino. En el fondo, es un sistema muy utilizado, con bastante éxito, en países anglosajones, como Reino Unido, cuando se trata de problemas que afectan a los propios partidos. Dejemos que sean otros los que nos expliquen lo que tenemos que hacer y debatámoslo después.

La propuesta de Pérez Rubalcaba no tuvo ni la menor repercusión en aquel debate, pero desde 2012 hasta hoy han pasado muchas cosas.

http://cadenaser.com/programa/2014/10/31/hoy_por_hoy/1414733891_073027.html

EL OJO IZQUIERDO
¿Tantos diputados del PP cuestionan el liderazgo de Rajoy?
Repaso a la prensa conservadora en 'Hoy por Hoy' del viernes 31 de octubre

Por lo pronto, y como ya saben, el Consejo de Estado ha dicho no al bosquejo de consulta previsto para el 9-N en Cataluña. “Ni consulta ni sucedáneo”, dice Abc, y “La nueva consulta ‘agrava los vicios de inconstitucionalidad”, titula El Mundo. Está bien esto de tener un Consejo de Estado cuyos dictámenes no son vinculantes, porque así los Gobiernos pueden hacerle caso cuando conviene –pieza clave del rigor jurídico, dicen entonces- o pasar del Consejo sí así interesa, porque sus informes no sirven para nada. Ni que decir tiene que este dictamen sobre Cataluña es oro de ley para el Gobierno, y así se lo ha hecho ver a sus terminales periodísticas que han dado todo el bombo requerido para la ocasión en portadas y editoriales. Pero déjenme volver a los efectos del terremoto causado por la corrupción.

Se les ve muy tensos a los articulistas, que ya empiezan a deslizar en sus columnas apetencias magnicidas. No lo dice este Ojo, cómo se les ocurre. Son otros quienes lo escriben. Oigan a David Gistau: “Lo más llamativo es la cantidad de diputados del PP que empiezan a decir que sería mejor concurrir a las próximas elecciones sin Mariano Rajoy”. Hermann Tertsch, a su vera en Abc, añade que Rajoy ha continuado el desastre de Zapatero.

No recuerdo bien cómo era aquello del barco y las ratas…

http://cadenaser.com/programa/2014/10/31/hoy_por_hoy/1414734876_642057.html

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Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

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