TV Blog de Harguindey

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La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Melodrama

Por: | 28 de mayo de 2017

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Douglas Sirk, que como buen realizador estadounidense era alemán, fue el rey del melodrama. Lo tenía muy claro: "El cine es sangre, lágrimas, violencia, odio, muerte y amor". Trasladado a la televisión, Quirke, la serie británico-irlandesa que se estrenó en el canal de internet Filmin en 2015, y que ahora se puede ver en Movistar, sería un ejemplo perfecto de la definición de Sirk.
Con un Gabriel Byrne, el actor que hizo del hieratismo una extraordinaria escuela de interpretación, y arropado por actores de la talla de Michael Gambon o la joven Aisling Franciosi, la miniserie de tres capítulos de 90 minutos cada uno de ellos, se basa en las adaptaciones de tres novelas de Benjamin Black, el seudónimo que utiliza el excelente John Banville para sus novelas del género negro, protagonizadas todas por Quirke, un patólogo al que su escepticismo sólo se ve superado por su tendencia al alcoholismo.
Situada en el Dublin de los años 50 del siglo pasado, muestra un tiempo y un país en el que la desigualdad social y la hipocresía moral de los poderosos será desvelada por la tenacidad de Quirke, un forense dispuesto a analizar no sólo la causa de la muerte sino la identidad del posible culpable. Orfanatos, abortos clandestinos, negocios crueles eclesiásticos con recién nacidos robados, idilios apasionados..., todo en Quirke es extremo, como en los buenos melodramas que el tan citado Sirk definió espléndidamente: "El melodrama tiene que producir ante todo emociones, más que acciones. Sin embargo, la emoción es una suerte de acción, es una acción en el interior de una persona". La serie cuenta con el inteligente contrapunto de la templanza de un detective aficionado en el que su inalterable personalidad es su santo y seña. Exceso y mesura. Y, probablemente, esa tendencia a lo excesivo es lo que justificó la admiración que por Douglas Sirk sentían realizadores tan distintos como Rainer Werner Fassbinder, Jean Luc Godard o Pedro Almodóvar.
La cansina por inútil distinción entre fondo y forma se pudo comprobar con la visión del reportaje La maldad, primer capítulo de la tercera temporada de la serie Tabú (#0) de Jon Sistiaga. Frente al exceso formal, la contención, lo sobrio. Dos formas narrativas perfectamente justificadas en cada caso con un denominador común: la vileza del ser humano.

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Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

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