TV Blog de Harguindey

TV Blog de Harguindey

La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

De las estafas

Por: | 05 de septiembre de 2017

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Estafa; "Engaño en una compra, trato, espectáculo u otra actividad del que se prometen unos resultados que no se cumplen o unas cualidades que no son reales".
Hay varias generaciones de españoles, sobre todo los de más de 20 años, que deberían pensarse una demanda colectiva por estafa de los gobernantes, y mas concretamente por los que integran el Gobierno central y el de la Generalitat. Cuando los historiadores del presente estudien en el futuro nuestra actualidad política, económica y social, se encontrarán con una pugna completamente inexplicable entre la inactividad de unos y la fuga hacia adelante de otros, arropados, eso sí, por unos palmeros capaz de decir las mayores estupideces sin que se les mueva un pelo.
El Gobierno central ha descubierto por fin la táctica del Govern: ocultar los planes inmediatos de la misma manera que el trilero oculta el garbanzo. Es la táctica desde hace meses de Puigdemont. Se recubre con la idea de identificar la democracia con las urnas, unas urnas que han sido declaradas ilegales por una institución democrática: el Tribunal Supremo. Conclusión: no reconocemos al Tribunal Supremo, una decisión unilateral que no ha sido consultada con nadie. Para justificar tal actitud va a presentar un par de leyes fundamentales para el futuro de Cataluña, la del referéndum y la de desconexión, pero ante la posibilidad de un debate retransmitido en directo en el que se tendrían que explicar, se sacan de la manga un procedimiento exprés que lo elude. Y si el Estatut exige que las leyes importantes se aprueben por dos tercios de la cámara, lo que no tienen, pues que le den al Estatut. Su razonamiento es elemental y repetitivo: la democracia es lo que decidan los míos. Eso sí, los errores y torpezas son ajenas.
El Gobierno central, por su parte, lleva más de una legislatura mirando hacia otro lado cada vez que Cataluña exigía un mayor protagonismo. Cuando eran oposición recurrieron un Estatut que el Govern ha decidido considerar papel mojado pero que en su día había sido votado y apoyado mayoritariamente, y desataron una campaña completamente demagógica en contra de los productos catalanes. Ya en el poder ningunearon todas las peticiones sin analizar su validez y con esa característica de los abogados y estudiosos de las leyes, decidieron judicializar lo que debía de ser política. Conclusión: tenemos unas semanas por delante en la que asistiremos a una pugna para ver quien se muestra más inflexible.
¿Y la ciudadanía? Pues tenemos que leer informaciones como esta sin que ningún Parlamento o Parlament hable de ello: "El pasado 30 de junio ostentaba el dudoso honor de ser el día de mayor destrucción de empleo de la historia de España, con 257.014 empleos suprimidos. Hasta hoy. Mejor dicho, hasta el 31 de agosto. Ese día se dieron de alta 46.779 personas en la Seguridad Social, mientras que se dieron de baja 313.141. Es decir, la afiliación cayó en una sola jornada en 266.362 personas. El fin de la temporada de verano hizo que se extinguieran miles de contratos que no se reponen con nuevas altas precisamente por ese bajón de la actividad turística, lo que, sumado al parón de actividades como la industria o la educación y a la proliferación de contratos cada vez más cortos (incluso de un día) explican el fenómeno". En resumen: Gobierno y Govern, desde su incompentencia, nos han estafado a todos.

Propaganda

Por: | 03 de septiembre de 2017

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Un 21 de diciembre de 1959 el régimen franquista recibió una visita esencial en su anhelo de acabar con la autarquía. El Presidente Eisenhower abrazaba a Francisco Franco dándole la incipiente respetabilidad de la que carecía hasta ese momento. La visita, naturalmente, no fue gratis. Una de las consecuencias colaterales fue el visto bueno a la colonización cinematográfica española. Después llegaría la televisiva.
La serie de 2016 que ahora ofrece Netflix, Sucesor designado, con Kiefer Sutherland de estrella absoluta, es un ejemplo más de las ventajas de aquella visita. Si el ciudadano español pasa de media entre cuatro y cinco horas diarias frente al televisor, el que el electrodoméstico ofrezca series tan propagandísticas de la política norteamericana como es el caso, no deja de ser una excelente tribuna para la exportación del american way of life. Esquematismos ideológicos al margen, lo cierto es que no todos los productos audiovisuales U.S.A. comparten esa visión aunque, todo hay que decirlo, las series estadounidenses -conservadoras o críticas- comparten una calidad narrativa indiscutible.
Kiefer Shuterland ya había protagonizado una estupenda serie de acción, 24. Un tiempo después vuelve a protagonizar otra serie de acción aúnque no es él quien reparte los mandobles. Se ha hecho mayor y resulta ser el accidental Presidente de los Estados Unidos: un terrible atentado destruye el Capitolio en pleno discurso del Estado de la Unión. Más de mil muertos, incluído el Presidente y todo el Gobierno salvo "el sucesor designado", un alto cargo al que se le aisla y que ocuparía la Casa Blanca si desapareciera el Ejecutivo.
A partir de ese momento el FBI se encargará de investigar el atentado que, naturalmente, encuentra inicialmente en un grupo yihadista al principal sospechoso. Semanas intensas, crisis internacionales, multimillonarios protofascistas, islamofobia, racismo, conspiraciones internas, la serie tiene un punto inquietante de profética hasta que Shuterland supera todos los obstáculos con una honestidad y altura de miras inigualables. El mensaje está servido: ¡Qué grande es América!

Un día en la vida

Por: | 01 de septiembre de 2017

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Amaneció espléndidamente. Estaba de vacaciones. Desayunó con la alegría de haberse despertado un día mas. Puso la televisión:
Telecinco y Ana Rosa habían decidido dedicar el programa a desentrañar las miserias de las revistas del corazón, las exclusivas de la impudicia sentimental, los "robados" pactados de antemano y, en general, todos los trapicheos del bajo vientre más barato. Los tertulianos habituales habían sido sustituidos por profesores de semiótica y estructuralistas varios.
Espejo Público, en un alarde de profesionalismo, sustituyó el morbo de desmenuzar los asesinatos y secuestros varios por reportajes sobre la vida cotidiana de los parados de larga duración: planos medios de neveras vacías, algún plano general de quienes esperan la comida desechada por los supermercados y un primer plano de Mariano Rajoy en el plasma anunciando que se ha salido de la crisis y, como apostilló la ministra de Empleo: "se ha salido de la crisis a la española".
En Al Rojo vivo, en la Sexta, García Ferreras hablaba en off todo el programa. No se le ve. Puigdemont y Oriol Junqueras, con las camisetas del Betis, se abrazaban a Rafael Hernando y a Soraya Saénz de Santamaría. Habían decidido fumar la pipa de la paz y archivar el 1 de octubre. Algo estaba pasando en Dinamarca. En Las mañanas de Cuatro, su presentador no repetía tres o cuatro veces el mismo comentario siguiendo disciplinadamente las sugerencias del pinganillo. Sus tertulianos, milagrosamente, estaban de acuerdo en todo. Incluso había enfoques y análisis que se salían de lo trillado.
En Mujeres y hombres y viceversa todos estaban hojeando el último número de La Revista de Occidente. La discusión giraba en torno a la Fenomenología del espíritu, de Hegel. Por su parte, los telediarios de todas las cadenas informaban que los Pujol, Rato y Bárcenas, entre otros, habían decidido de mutuo acuerdo devolver todo el dinero acumulado. Llevaban una camiseta con el lema: "Lo que España nos dió, a España se lo devolvemos", sin entrar en detalles desagradables. Los banqueros, por su parte, habían decidido patrocinar una romería en la que los invitados-estrellas serían los de la CUP quienes, a su vez, habían aprobado en su última asamblea que la Sagrada Familia siguiera siendo un lugar de peregrinación de japoneses en vez de una guardería.
Fue la última vez que desayunó una tortilla de peyote.

El País

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