TV Blog de Harguindey

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La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

Del exilio y la armonía

Por: | 23 de octubre de 2018

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"Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad...", cantaba don Hilarión. Pues en política, no. En política atrasan. Dos de los políticos que, al parecer, han venido al mundo para traer sus respectivas buenas nuevas, Puigdemont y Casado, han coincidido en el tiempo con dos propuestas que remiten a lo que André Bretón podría llamar "política automática", es decir, proponer lo primero que se les ocurre, dejar que fluya el pensamiento sin ninguna traba moral, social o de cualquier tipo.
El de Waterloo y su palmero supremacista anunciaron ayer, lunes, el Consell de la República, una especie de Gobierno en el exilio de una República simbólica que "nace también en el marco de un Gobierno ilegítimamente destituido en el exilio que tiene entre sus funciones la internacionalización y la misión de aglutinar a la sociedad civil movilizada". Lástima que no cite entre sus funciones las de tratar de paliar la desigualdad, evitar los recortes en sanidad, educación y dependencia, crear empleo y recuperar la convivencia pacífica entre la ciudadanía. Quizá de todo eso se encargue alguien más adelante porque el President provisional no parece estar por la labor. Bastante tiene con acumular puntos con tanto viaje a Bruselas y jalear al de Waterloo que necesita cada día mas el cariño de los suyos ante la cada vez mayor influencia de Oriol Junqueras en la política independentista.
Por su parte, el diputado por Ávila que vive en Madrid pero que cobra dietas para alojamiento y comida (1.800 euros, es decir dos salarios mínimos de los que, de aprobarse en los Presupuestos Generales, llevarían a España al abismo) tuvo a bien presentar la Fundación Concordia y Libertad, su nueva ocurrencia. Concordia: "Acuerdo, conformidad y armonía entre las cosas o las personas". Vale. ¿Y qué mejor para alcanzar un acuerdo y la armonía entre el personal que proponer una Ley de Concordia? Probablemente nada. ¿Y para qué se propondría dicha Ley? El político conservador lo tiene claro no en balde ha deslumbrado a todos los catedráticos y profesores que se encontró en su rigurosa formación académica: será una Ley "para que se derogue de facto la reescritura sectaria de la historia, que arroja palabras de rencor sobre la sociedad española". Lo dijo Jesulín en dos palabras: Im presionante. Y por si no quedaba clara la nueva aportación ideológica consideró "irresponsable e innecesaria" la Ley de Memoria Histórica, al mismo tiempo que lamentaba "el que se esté hablando otra vez de la Guerra Civil, una ridícula coartada de la izquierda radical para justificar su sectarismo y disimular su incompetencia". Y aquí solo cabe citar al olvidado patriota Federico Trillo y a su inolvidable "manda huevos". En resumen: Puigdemont se cree Tarradellas, con perdón de Tarradellas, y Casado, el general Mola.

El País

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