TV Blog de Harguindey

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La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

La burbuja mental

Por: | 03 de mayo de 2019

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Si algo describe la vida de los políticos son las burbujas. Viven dentro de ellas y creen que el reducido espacio mental en el que se mueven es la realidad. Analizan el mundo desde su burbuja y llegan a conclusiones erróneas, por ejemplo la de creer que quienes piensan como ellos son superiores a los que no coinciden en sus análisis. Es lo que en antropología se conoce como etnocentrismo.
Cuando la expresidenta del Parlamento de Cataluña, Núria de Gispert, en noviembre de 2017, escribió en su cuenta de twitter que por qué no se volvía a Cádiz la señora Arrimadas si no aguantaba a los independentistas, lo que en realidad estaba defendiendo era ese concepto excluyente tan próximo al totalitarismo de "Cataluña para los que piensen como yo" y al resto, que les den.
Cuando ayer, la incontinente de Gispert publicó otro tuit en el que incluía a políticos del PP y de Ciudadanos en las exportaciones de ganado porcino catalán, con ese sentido del humor tan propio de los púberes pese a sus 70 años de edad, debió de compreder su prepotente error porque lo retiró al poco tiempo, y con esa desfachatez tan característica de quienes se sienten por encima del bien y del mal, declaró que "nunca había querido llamar cerdo a nadie".
Naturalmente, el presidente autonómico le concedió la Creu de Sant Jordi por los servicios prestados, servicios, todo hay que decirlo, por los que también cobrará una pensión vitalicia de 73.000 euros anuales porque una cosa son las distinciones o cruces y otra, la jubilación. No parece probable que la señora de Gispert asista a las manifestaciones de los pensionistas reclamando algo más de 600 euros al mes.
Cuando la oposición pidió que retirara la mencionada Creu a la tan mencionada expresidenta del Parlamento, el presidente autonómico lo explicó con esa lucidez tan propia de quienes tienen tiempo libre entre gesto independentista y gesto independentista: "Creo que este tema está resuelto, me he enterado mientras viajaba. Se ha retirado el tuit. La Creu de Sant Jordi premia una trayectoria, doy esta polémica por zanjada". Naturalmente el señor Torra viajaba desde Bruselas, esa Meca del independentismo a la que acude con regularidad para desmentir a cualquiera de esos dos españolistas (¿porcinos?) Unamuno o Baroja cuando afirmaron que "El nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando". Algún día alguien le dará la Creu de Sant Jordi a Torra, además de nombrarle "cliente del año" de cualquier línea aérea.

El País

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