TV Blog de Harguindey

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La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

Parejas

Por: | 21 de agosto de 2019

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Mientras bomberos, voluntarios, unidades del ejército, helicópteros y aviones tratan de sofocar los devastadores fuegos; mientras las cadenas generalistas inundan sus programaciones de concursos de todo tipo y condición para todas las edades; mientras las plataformas en streaming ofrecen innumerables ficciones y documentales; mientras los tertulianos explican y arreglan el mundo cada 24 horas y los comentaristas deportivos analizan al detalle el pisotón de Modric o el gol de Aduriz, nuestros entrañables líderes políticos siguen mareando la perdiz del acuerdo para la investidura casi cuatro meses después de las últimas elecciones. Dicho de otra manera: la sociedad civil cumple sus obligaciones y expectativas, la clase política, no.
Una de las posibles alternativas para salir del atolladero es seguir las reglas de la serie El juego de las llaves, una coproducción de Amazon Prime y Pantaya, la plataforma digital especializada en la población hispana residente en EE.UU, realizada en México y en la que cuatro parejas de amigos, con unas relaciones sentimentales que ya bordean la rutina, deciden jugar al intercambio de parejas por una noche. Se mezclan las llaves de unos y eligen al azar las otras. Algo de eso podrían practicar nuestros dos Pablos, Pedro, Albert y Santiago, y al que Dios se la de, San Pedro se la bendiga.
Las parejas mexicanas, naturalmente, sortean numerosos obstáculos sentimentales pese a que pensadores notables como Cioran ya trataron de desmitificar lo que se llama amor definiéndolo como la unión de dos babas. Son babas, sí, pero, al parecer, es también celos, vértigo, homosexualidad reprimida y toda una serie de prejuicios morales que tienen la virtud de complicar lo sencillo, las babas. Y en eso los protagonistas se parecen a nuestros políticos, capaces de enmarañar lo elemental e indispensable: el acuerdo.

El País

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