Contra la tolerancia

Por: | 28 de febrero de 2012

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La suerte está echada. Foto: Iñaki Mateos

Hay palabras que parecen correctas en ciertos contextos pero que, cuando uno las analiza, se da cuenta de que resultan equívocas. La palabra "tolerancia", por ejemplo. "Tolerancia" significa aceptar la diferencias, asumir que otras personas pueden pensar o actuar bajo reglas distintas a las de uno, que suelen ser las reglas de la mayoría, y tolerar esa opinión. Pero esa palabra oculta un concepto esencial: tarde o temprano todos nos daremos cuenta de que nosotros somos, en realidad, ese "otro". Es decir, no es a mí a quien corresponde tolerar a los demás, dando por hecho que mi idea es la correcta, sino asumir que mi opinión, mi estética o mi gusto es solo uno dentro un abanico de posibilidades; uno más en medio del océano de distintas opiniones y posturas de valor equivalente. No se trata, pues, de tolerancia, sino de pluralidad.

Hace unas semanas, un par de escritores peruanos pusieron sobre el tapete la idea de que el gremio de los escritores (se referían al Perú, pero sin duda puede extenderse a todo el mundo y a distintas épocas) está desunido, es mezquino y gusta de meter cabe o ningunear al otro. El "gremio machetero", lo calificó uno, refiriéndose a los machetazos que reciben unos escritores de parte de los otros. Ambos proponían que, por el bien de la literatura nacional, los escritores deberían conformar un gremio mucho más homogéneo, que se auxiliase entre ellos, que se repartieran elogios y abrazos, una especie de cooperativa literaria empujando el carro de la literatura peruana hacia la misma dirección (es decir, el éxito en el exterior), sin discordia, sin "machete", sin oposición.

¿Se han preguntado qué ocurriría en ese escenario ideal? El gremio literario (que implica no solo a los escritores sino también a los editores, la crítica, los agentes y los libreros) se apoyaría mutuamente y se anularía la voz discordante, por considerarla antigremial. Una vez fortalecidos como gremio y enrumbados hacia una patriótica dirección única, por impulso natural terminaría apareciendo un autor (el más emprendedor, el más carismático, el más vendedor o quizá, con suerte, el que tuviese más talento) que se alzaría sobre los demás como la voz canónica que representa al gremio. En ausencia de cualquier voz crítica o disidente, ese autor pasaría a ser un "intocable" para beneficio económico de sí mismo, de sus editores, del agente que lo representa y las librerías que lo venden y, por supuesto, de los medios de comunicación que lo solventan y se enriquecen poniéndolo en todas sus carátulas e imprimiendo todas sus notas de prensa. El resto de autores y críticos ocuparían la posición de agradecida comparsa, avanzando a pasos pequeños pero seguros bajo la sombra de ese autor canónico o, quién sabe, esperando ocupar su lugar si es posible.

¿De qué estamos hablando? ¿De una pesadilla de Orwell?

A diferencia de esos autores, creo que un gremio literario que trata al compañero con condescendencia, que se autocensura, que alaba o calla para no quedar mal o para evitar ser acusado de aguafiestas o envidioso, está condenado a crear una literatura mediocre y complaciente. Una literatura que celebra triunfos inventados, que diseña cánones literarios dictatoriales y que tolera con generosidad, aunque siempre con el rabillo del ojo, al autor "raro" que no está en ese canon porque ha dejado de ser dañino. Es decir, el horror.

Si hay algo que lamentar, en todo caso, en la literatura peruana actual no es la ausencia de ese gremio unido, sino la falta de crítica literaria seria, responsable, formada académicamente, que pueda interpretar, valorar y juzgar las obras. Una crítica creativa, dinámica, capaz de entender la diversidad y que sepa retratar el complejo tramado que implica una literatura diversa, plural, anticanónica. Una crítica que puede ser inquietante o polémica, pero siempre basada en argumentos y no en prejuicios, que se gane el respeto de los lectores y haga entender a los autores que una opinión negativa no es un insulto ni un intento de dividir al gremio, sino, al contrario, una muestra de interés y respeto por la obra literaria.

¿Quiénes saldrían ganando si existiese un gremio literario unido como un puño? En primer lugar, los escritores que lo conforman y las instancias que los apoyan para beneficiarse económicamente. ¿Quiénes saldrían ganando, por otra parte, con la existencia de voces discordantes, en discusión permanente? Los lectores y los futuros escritores, que habrán nacido no bajo el signo único del Debe-Ser-De-Nuestra-Literatura sino en el de la pluralidad que reemplaza, por obsoleta, a la tolerancia.

Partamos desde el comienzo: quizá el error no esté en considerar al gremio literario como un grupo de barras bravas que andan con machetes en las esquinas para coger a machetazos al contrario, ni como un grupo de gentiles y amistosos compañeros dispuestos a cooperar por el bienestar general; el error es, simplemente, considerar a los escritores como parte de un "gremio". Dejémonos de gremios. Se trata de individuos, escritores y criticos literarios, que hacen lo suyo como quieren y pueden, como les sale de las entrañas, y desde el momento que publican sus ficciones, o sus reseñas, son susceptibles a la crítica e incluso al ataque abyecto (pero es de personas maduras saber poner cada cosa en su lugar).

"Lo raro es ser un escritor raro" dice Mario Bellatin. Una frase absolutamente cierta. Bajo las equívocas reglas de la tolerancia, los cánones nacionales y los gremios literarios es que existen los llamados escritores "raros". En la pluralidad, en cambio, todos los escritores son raros y, simultáneamente, protagonistas de su propio y luminoso canon individual.

Hay 11 Comentarios

Reconozco en Iván Thais a un buen escritor, pero su manejo del lenguaje, deja mucho que desear, algo que me parece extraño en alguien en que su herramienta de trabajo es, precisamente el lenguaje .
La frase: "...no es a mí a quien corresponde tolerar a los demás, dando por hecho que mi idea es la correcta, sino asumir que mi opinión, mi estética o mi gusto es solo uno dentro un abanico de posibilidades", es totalmente contradictoria, asumir que mi idea no es la única es justamente lo que se denomina tolerancia: MI TOLERANCIA hacia las ideas de los demás. Meter en el mismo saco "tolerancia" y "gremio" es totalmente absurdo. ¿Se olvidó Iván de: "defender TU derecho a expresar tus ideas es MI derecho a expresar las MÍAS". La idea de un gremio unido es ésa, defender los derechos de TODOS.
Pertenezco a un gremio profesional, el Colegio de Arquitectos del Perú, pero el ser parte del gremio no me obliga a realizar la misma Arquitectura que la mayoría. Imagino que la idea de un gremio de escritores no pasa por el que todos piensen igual, simplemente defender el derecho de todos los escritores a publicar, bajar costos, impuestos y todo lo que significa que el libro resulte caro en el Perú.
Espero haya TOLERANCIA para aceptar mi opinión.

I love you!!!!!!!!!

Te amo, Ivan, sigues siendo tan talentoso como siempre.

Tanto la tolerancia pasiva y ciega,como la intolerancia expedita y grosera son producto de la ignorancia.

La VERDAD no existe como tal, se encuentra repartida entre lo DIFERENTE. La INTOLERANCIA es IGNORANCIA.

Un aporte interesante. Me parece que es un problema complejo, que incluso tiene mucho que ver con lo poco que se lee en el pais. ¿No surgirian mejores escritores si hubieran mas lectores? Si se piensa, desde este momento en la constitución de un gremio, se estaria pensando primero en el medio y que en el objetivo. Es como si se planteara la estrategia antes que el objetivo.

Me encantas, Iván Thays.

Has llegado tarde a la crítica, con más de 20 años de retraso. Te recomiendo que leas la definición de la UNESCO, que incluye en el concepto, la palabra aprecio, y consideres para qué sirve despreciar un valor ético que emana de la Ilustración. Sé que estoy en minoría, y sé que cada cierto tiempo, alguien recala en el puerto fácil de la crítica al pensamiento "presuntamente correcto", haciendo de "avispado" útil, a quienes pregonan la verdad suprema como valor moral. !Enhorabuena!

Maravilloso artículo. No veo nada malo en términos como el individualismo o la competencia (tan denostados por estos lares) siempre y cuando no se lleven a una posición extrema. Por otra parte, el artículo me sugiere otra línea de discusión: arte y artesanía. El gremio, sin duda, está relacionado de manera intrínseca con la segunda, por lo que un escritor ¿debe considerar su trabajo como algo artesano o algo artístico? http://unmundocultura.blogspot.com/2012/02/reanimation-library-rescatando-libros.html

Eres un individualista. No crees en una dirección general que unifique la producción literaria, no crees que todos deben estar unidos, por lo que deduzco que no concuerdas con la ideología mayoritaria de los escritores peruanos. Por eso te admiro, por que tienes tu propia voz y crees en ella.

¿Y qué podríamos hacer con los escritores-raros de autobombo? ¿Tienen gremio? ¿Difunden sus virtudes o ensalzan sus demonios?

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Sobre el blog

Este blog se plantea hacer comentarios de actualidad sobre libros, autores y lecturas en menos de 1.000 palabras. Se trata de un blog personal, obsesivamente literario, enfermo de literatosis, como diría JC Onetti, según la regla que la literatura es un vano oficio, pero jamás un oficio en vano.

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Ivan Thays

Ivan Thays. (Lima, 1968) Autor del libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y las novelas Escena de caza, El viaje interior, La disciplina de la vanidad, Un lugar llamado Oreja de Perro, Un sueño fugaz y El orden de las cosas. Ganó en el 2001 el Premio Principe Claus. Fue finalista del premio Herralde 2008. Fue considerado dentro del grupo Bogotá39 por el Hay Festival. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano y portugués. Dirigió durante siete años el programa televisivo Vano Oficio. Actualmente administra el comentado blog Moleskine Literario.

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