Viaje al mundo de García Márquez en un sofá

Por: | 07 de marzo de 2012

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Gabriel García Márquez ayer, celebrando sus 85 años. Foto: Mario Guzmán/EFE

Éramos adolescentes, estábamos en los últimos años de secundaria, no esperábamos regalos de nadie y la Navidad había dejado de ser una fecha importante para mí y mis hermanos. Acaso nos entusiasmaba la posibilidad de recibir una propina mayor que la del resto del año y comer panetón o beber chocolate caliente. Sin embargo, mi padre nos impuso el espíritu navideño obligándonos un intercambio de regalos. Conseguí cualquier cosa para mis hermanos y mis padres, por cumplir, y recibí mis paquetes con el mismo desdén. Entonces lo vi. Mi hermana me había envuelto El otoño del patriarca.

Nunca había sido tan libre. Finalizaba el año y me quedaban tres meses por delante, tres meses dedicados a la vagancia, a jugar fútbol con los amigos, a leer o ver televisión hasta la hora que quisiera. Iba a empezar mi último año del colegio, probablemente las próximas vacaciones las pasaría estudiando para ingresar a la universidad, así que eran mis últimas vacaciones indocumentado. Con ese aire cogí la novela al día siguiente y empecé a leerla. Había leído antes Cien años de soledad pero no me había impactado tanto. Leer El otoño del patriarca en esas condiciones de libertad, tendido en el sofá con las ventanas abiertas durante jornadas de casi quince horas deteniéndome apenas para comer o ir al baño, fue una experiencia alucinatoria. Un auténtico viaje literario, con cuestas y abismos de palabras y frases que me extasiaban por la textura impecable de la prosa. Luego, releí Cien años de soledad y descubrí multiplicada la magia que había dejado pasar por alto la primera vez.

Es cierto que a mi generación se le acusa de haber intentado el parricidio contra Gabriel García Márquez. No es exacto. Ni siquiera en la antología McOndo se arremete contra él. Los que quedan mal parados son los usurpadores, con mayor o menor fortuna, más o menos avispados, de la franquicia en que se convirtió el realismo mágico. Pero eso no tiene nada que ver con García Márquez ni con otros autores de lo real-maravilloso, cuyas obras mayores sobreviven a sus imitadores, a sus aduladores e incluso a su propia fama. 

Porque si hay algo de lo que se le puede acusar a Gabriel García Márquez (aunque probablemente él no pretendió que eso sucediese) es el haberse convertido en un autor hegemónico, cuya sombra opacó a varias generaciones de escritores colombianos y latinoamericanos, y aún hoy resulta difícil despegarse de su aura casi mística. Recuerdo que un escritor me transmitió la sensación que tuvo cuando vio, en el homenaje que se le rindió hace unos años en el Congreso de la Lengua en Cartagena de Indias, llover del techo mariposas amarillas de papel. Miles de mariposas sobre la cabeza de reyes, presidentes, escritores, académicos, ancianos que lo conocieron cuando era un muchacho, alumnos que lo leían en el colegio. Mi amigo escritor dijo que no imaginaba otro autor vivo al que se le pudiera hacer un homenaje parecido. Tampoco yo. García Márquez se ha convertido en un producto de exportación colombiano. Como el café, como Shakira. No alabarlo en Colombia es lo mismo que insultar al país. Recuerdo que en una Feria Internacional del Libro en Bogotá deslicé la idea de que su última novela, Memorias de mis putas tristes, era un libro fallido, machista y folletinesco. Es curioso cómo un lugar común puede convertirse en una declaración "polémica" o "políticamente incorrecta" por culpa de la patriotería. Pude percibir la incomodidad entre los asistentes, hasta que una señora no aguantó más, se puso de pie y dijo que Colombia (ella hablaba por Colombia, desde luego) rechazaba mis insultos y desde ya consideraban asquerosos mis libros. Lo que esa señora no podía saber es que a quién más le duele que García Márquez no publique una novela digna de él no es a los colombianos, sino a sus lectores. Y que fue su talento lo que nos hizo exigentes, tanto que no le permitimos el menor desliz (y su última novela no es su único "desliz", por cierto). Pero en eso somos injustos, porque a los escritores -como a los buenos futbolistas- hay que juzgarlos por lo mejor que han hecho, no por sus fallos. Y Gabriel García Márquez nos ha dado El otoño del patriarca, El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, algunos cuentos memorables y, por si fuera poco, Cien años de soledad, la mejor novela escrita en castellano desde el Siglo de Oro. ¿Qué más podemos exigirle? 

"¿Quién de todos uds. podría escribir un nuevo Cien años de soledad?" nos preguntó a bocajarro un periodista español en un encuentro literario en Sevilla (doce escritores latinoamericanos reunidos en la Fundación Lara, el mayor Roberto Bolaño y el menor Gonzalo Garcés). Un insensato. Es como exigirle a la poesía española que produzca otro Góngora. Nadie ha escrito ni escribirá un nuevo Cien años de soledad. No es necesario. Ese único libro basta para justificar no solo la existencia de la literatura latinoamericana, sino del idioma castellano, que nunca volvió a ser el mismo después de que García Márquez lograse transformarlo. Y ahora ese señor cumple 85 años y todos nos hemos volcado a celebrarlo como si fuese un centenario. ¿Pero qué celebramos exactamente? ¿Un cumpleaños más? No. Celebramos la suerte, la feliz coincidencia, de compartir el siglo con un genio de su altura. Algo digno no solo de festejar sino, sobre todo, de agradecer.

Hay 14 Comentarios

"Cien Años de Soledad " fue la primera obra que lei de Gabriel García Márquez y la que hizo que me interesara por leer otras de sus obras, como por ejemplo: El Coronel no tiene quien le Escriba, Crónicas de una muerte anunciada, Del Amor y otros Demonios,etc...Con sus descripciones eh tenido sensaciones fabulosas es increible que puedas imaginar un lugar tan claramente, e incluso oler lo que te describe...para mi definitivamente es uno de los mejores escritores de este tiempo, y yo también doy gracias por estar viviendo en el mismo tiempo y en el mismo siglo que Gabriel García Marquez.

De acuerdo. Las Putas Tristes no parece un libro escrito por el mismo autor de Cien Años de Soledad. Basta con leerlo para concluir que este dista mucho del resto de su obra literaría. Parece escrito de prisa.

TANTAS COSA BACANAS DE LA VIDA MAESTRO. POR EJEMPLO MI PADRE RAFAEL ME COLOCO EL AURELIANO POR USTED IMAJINATE,Y ASI TODO EN LA CASA NOS RODEA, ESTE CARINE UNIVERSAL MAGICO CON RO MUSICA Y LETRAS. HUEPA JE CARAJO, QUE VIVA LA VIDA.

Un excelente articulo. A la altura de lo que se merece el GABO.

Hay un sofá para Gabriel García Márquez. Gracias a usted, Don Gabriel, hice una carrera universitaria en Macondo. Formación no reglada, se considera en el mundo real. Leer varias de sus novelas me aprehendió el alma, hice turismo por el pueblo hecho por usted y ahora, Don Gabriel, déjeme invitarle a tomarse algo en un blog tan mío como suyo. "El pueblo hecho" es un regalo que quería hacerle por su cumpleaños. Hay un sofá verde, siéntese en él, ése es el más cómodo. ¡Felicidades! Agradecido: Mario S. Zamora.
http://animademar.blogspot.com/

El artículo en portada figura firmado por Juan Cruz, ¿Por qué se ha modificado el enlace?

En los años 70 y 80, ensene en mis cursos graduados del Caribe a García Marques como escritor caribeño. Me explico. El hecho de que Colombia comparta una costa con nuestro Mar de Mares lo hace tener una sensibilidad mítica/mágica/literaria que carecen los escritores más europeos del Cono Sur y otras partes de Latinoamérica. Te felicito por este escrito. Y aun espero tu escrito del año 2010. Espero que no muera antes y tú lo hagas como homenaje. Como bien reconoces en este magnífico artículo, los homenajes se dan en vida.

La ultima parte de su nota me fascinó: "Dar las gracias por estar viviendo en el mismo tiempo, el mismo siglo que Gabriel Garcia Marquez". Que palabras tan emocionantes!

arreglen el enlace,yo quiero leer geografia de gabo

No es que Ud. no pueda afirmar que "Memorias de mis putas tristes" sea un libro fallido, machista y folletinesco. Pero su frase es casi un baldón, no explica nada y lo expresa como una verdad absoluta. Si Ud. se fija los escritos de GGM no van con esas verdades absolutas. La gracia del Nobel es que da espacio, permite seguir recreando la obra en uno mismo. Le aconsejo que lea la Oda a la crítica de Neruda y va entender mejor lo que le pasó en Colombia.

Mi padre, flamenco de Flandes, no fue un gran lector porque trabajaba en la fabrica y en el campo. Empezo a leer cuando se puso enfermo. Yo le proporcionaba los libros. Cien años de soledad fue su ultima lectura, la que le dio mas emociones, el libro que queria llevarse para la ultratumba. Después ya no pudo leer nada sin abandonarlo
con una mueca de desprecio. Gracias GGM!

Excelente artículo Juan, lo que no es novedad. Efectivamente nos hizo exigentes porque nos hizo conscientes. Iberoamérica, no solo García Márquez (Cortázar, Borges y tantos) nos devolvió el idioma completamente nuevo. Abrazos.

"Cien años de soledad" fue indudablemente, el libró que mas conmovió a toda una generación de lectores, y que revolucionó las letras hispanoamericanas

Es un libro que despierta los sentidos y te sumerje en un mundo extraordinariamente sensual.

Carla
www.lasbolaschinas.com

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Este blog se plantea hacer comentarios de actualidad sobre libros, autores y lecturas en menos de 1.000 palabras. Se trata de un blog personal, obsesivamente literario, enfermo de literatosis, como diría JC Onetti, según la regla que la literatura es un vano oficio, pero jamás un oficio en vano.

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Ivan Thays

Ivan Thays. (Lima, 1968) Autor del libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y las novelas Escena de caza, El viaje interior, La disciplina de la vanidad, Un lugar llamado Oreja de Perro, Un sueño fugaz y El orden de las cosas. Ganó en el 2001 el Premio Principe Claus. Fue finalista del premio Herralde 2008. Fue considerado dentro del grupo Bogotá39 por el Hay Festival. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano y portugués. Dirigió durante siete años el programa televisivo Vano Oficio. Actualmente administra el comentado blog Moleskine Literario.

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