Cuando los censurados se convierten en censuradores

Por: | 12 de diciembre de 2012

Moyan333

Mo Yan en Estocolmo. Foto: Bengt Nyman

"¿Vamos a tener que volver a los tiempos en que se juzgaba la calidad de la obra literaria por la adscripción del autor a una u otra opción política?" se pregunta José María Guelbenzu en un artículo publicado ayer en El País, dedicado al premio Nobel chino Mo Yan y sus detractores. Concluye: "Lo que escribe Mo Yan es gran literatura y como tal acabará siendo apreciado por encima de la coyuntura política y bajo esa luz ha de ser juzgado". 

Todos conocemos los desagradables productos literarios que esa época produjo. Libros absolutamente prescindibles, folletos de propaganda sin ningún interés, libros que no pasaron de ser proyectos ideológicos sin valor literario. Nadie necesita que regresen esos años, nadie necesita dictadores ni censuradores literarios.

Sin embargo, el premio otorgado a Mo Yan ha despertado los fantasmas de la censura, esos espectros que andan rondando donde uno menos lo imagina y que no necesitan demasiados pretextos para aparecer. Es cierto que Mo Yan es un escritor afín al actual régimen chino, vicepresidente de la sociedad de escritores de su país, un autor que ha mostrado su poco o nulo interés en distanciarse de la censura a la que somete China a los pensadores y escritores que no están alineados con ellos. En la poco acertada conferencia de prensa que dio a su llegada a Estocolmo, donde estuvo a la defensiva, exculpó a China declarando que todos los países son censuradores, en mayor o menor grado, e incluso comparó la censura con el control que se hace a los pasajeros en los aeropuertos. Un trámite incómodo pero necesario para protegerse. ¿Protegerse de qué? ¿De los que agreden al régimen, de quienes lo critican o se burlan de ellos?

Quedó mal parado el ciudadano Mo Yan, sin duda, pero no el escritor. Mo Yan es un extraordinario escritor, dueño de una imaginación fabulosa, un narrador que relata en sus novelas -incluso las más fantasiosas o absurdas- la condición humana, el abuso del poder, el machismo imperante que considera a las mujeres como inferiores. Sus novelas son novelas políticas, aunque se cuida de que sus dardos nunca estén dirigidos contra el actual régimen sino contra la época anterior, los años oscuros de Mao.  

Liao Yiwu, escritor chino exiliado en Alemania tras escapar en el 2011, luego de pasar cuatro años en prisión por su poema "Masacre", acusa a Mo Yan de ser un crítico dentro de "los límites autorizados": “(...) hay que reconocer que sus escritos denuncian los males del régimen. Mo Yan ha desvelado algunas sombras del periodo maoísta, en los límites autorizados, pero evitando evocar las que han sido cometidas durante la regencia de los actuales dirigentes”. Yiwu subraya: “Adorno dijo que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie. En China, el equivalente es este: escribir sin dejar testimonio es vergonzoso”.

Lo que Liao Yiwu, ni los demás críticos desencajados, perciben es que frases como "escribir sin dejar testimonio es vergonzoso", los convierten en lo mismo que atacan: dictadores literarios. Son ellos los comisarios que imponen los límites, los censuradores que dictan cuáles son los temas obligatorios que un escritor debe escribir para no caer en "verguenza" ni ser llamado "prostituta", como han calificado a Mo Yan. 

El tema Mo Yan demuestra lo frágiles que son los límites entre la censura y la libertad, lo voluble que son las convicciones, lo ideológico camuflado detrás de cualquier principio que se pretende universal. Que un escritor que ha tenido que estar escondido diez años, como Salman Rushdie, quien en sus memorias se presenta a sí mismo como una víctima del fundamentalismo, un defensor de la libertad de expresión y del acto de escribir artísticamente como un valor superior al de ofender o lastimar a un grupo de personas, califique a Mo Yan como "hombre de paja" del régimen es una lástima. ¿Tan pronto se han olvidado Liao Yiwu o Salman Rushdie que la libertad de expresión que ellos defienden, y que les fue negada por escribir un poema o una novela contra el poder de turno, es la misma que le quitan a Mo Yan de escribir lo que quiera y como quiera? ¿Tan fácilmente los líderes de la libertad y los defensores de la literatura como un objeto que trasciende la ideología y el sometimiento a cualquier idea que no esté en el autor, se convierten en censuradores y quieren obligar a Mo Yan a escribir sobre lo que ellos quieren, creer en lo que ellos creen y opinar como ellos opinan?   

Si festejamos el premio Nobel a Gao Xingjian, negado por el régimen chino, escribiendo lo que su talento le permite desde el exilio, festejemos también el de Mo Yan escribiendo dentro de su país, y cuya obra trascenderá cualquier desafortunada conferencia de prensa, cualquier carnet del partido y, en especial, cualquier crítica de los hombres que hoy levantan las banderas de la censura en nombre de la libertad de expresión.

Hay 4 Comentarios

Hola Iván. Felicidades por tu blog.
Pienso que si se piensa en la literatura únicamente en términos de persuasión, testimonio o compromiso, se incurrirá necesariamente en los errores que acertadamente develas.
Un saludo.

Llevas mucha razon Ivan. La relacion entre el escritor como ciudadano o personaje y el escritor como autor es muy tenue. La grandeza literaria muchas veces tiene poco que ver con las virtudes personales. Ejemplos sobran. No conozco la obra de Mo Yan, espero que este a la altura del premio y en cuanto este disponible la leere. La obra literaria no debe ser sometida a la censura, pero la actitud del escritor como intelectual publico si puede criticarse. Mo Yan ha actuado con miedo y su actitud es aborrecible, pero el juicio literario no debe estar vinculado a esto.

Muy interesante artículo. Pienso que efectivamente los grandes escritores pasan a la historia perdiendo por el camino la mochila, buena o mala, con la que cargaron su vida de ciudadanos. Y está bien que así sea.

La derecha critica que un escritor no critique el sistema chino, pero alababa a los escritores españoles que no criticaban a Franco.
La izquierda criticaba a los escritores españoles que no se pronunciaban contra Franco, pero le parece bien que un escritor chino no critique al sistema comunista.
Qué cuento!!

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Este blog se plantea hacer comentarios de actualidad sobre libros, autores y lecturas en menos de 1.000 palabras. Se trata de un blog personal, obsesivamente literario, enfermo de literatosis, como diría JC Onetti, según la regla que la literatura es un vano oficio, pero jamás un oficio en vano.

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Ivan Thays. (Lima, 1968) Autor del libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y las novelas Escena de caza, El viaje interior, La disciplina de la vanidad, Un lugar llamado Oreja de Perro, Un sueño fugaz y El orden de las cosas. Ganó en el 2001 el Premio Principe Claus. Fue finalista del premio Herralde 2008. Fue considerado dentro del grupo Bogotá39 por el Hay Festival. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano y portugués. Dirigió durante siete años el programa televisivo Vano Oficio. Actualmente administra el comentado blog Moleskine Literario.

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