Cuando el duelo se convierte en tema literario

Por: | 15 de mayo de 2013

Dark

foto: Light Knight

Mientras termino de leer Di su nombre (Sexto Piso), la crónica sobre la muerte de su mujer, Aura, escrita extraordinariamente por Francisco Goldman, me entero de que Rosa Montero ha publicado un libro sobre la muerte de su esposo en el 2009, titulado La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral).

Por motivos personales, desde el 2004 me aficioné a la literatura sobre el duelo. Leía todo aquello que caía en mis manos al respecto. Leía, subrayaba, volvía a leer. Estaba imantado. Cada vez que iba a una librería, buscaba en las contratapas de títulos desconocidos si alguno tenía que ver con el dolor. Cuando encontraba uno de esos libros, dejaba en suspenso lo que estuviese leyendo para volcarme sobre el nuevo hallazgo. En una escena de una película de Woody Allen, me parece recordar, este discute con la mujer de la que se está separando por cuáles libros son suyos y cuáles de ella en el librero marital. "Fácil, todos los libros que dicen "muerte" en el título son tuyos" contesta ella.

Pues eso.

Durante esos años escribí varios cuentos y dos novelas. Una novela fue publicada en el 2008 (la inicié en el 2000, y la construí y reconstruí durante los siguientes ocho años en cada nueva lectura sobre el dolor) con el título Un lugar llamado Oreja de perro y la otra novela, lo más triste que escribiré jamás, es probablemente impublicable.

De la muerte me atraía no solo la reconsrucción de la vida que se escurrió sino sobre todo la pérdida, la sensación de vacío, el agujero con el que debemos aprender a convivir y que tan bien retratan los libros sobre el duelo. Trataba de capturar ese momento de suspensión de la vida y la enajenación que produce el dolor. Aún faltaban muchos años para que mi padre muriese y el duelo que había anticipado en mis lecturas se hiciese real. Sin embargo, pese a lo profundo de esa pérdida, puedo afirmar (quizá porque la muerte de mi padre fue lenta, agónica, y duró casi dos años en los que pudimos acostumbrarnos a su ausencia futura) que la muerte real fue más llevadera, más aceptable, más sosegada, que aquellas desesperadas muertes representadas.

Ese es el poder de la palabra. Ese y no otro. Es decir, si algo he aprendido después de leer tantos libros sobre el duelo es que sirven para escenificar la pérdida y nos hacen vivirla intensamente, pero al final, sin importar el desenlace (si hubo o no aprendizaje), me queda la impresión de que escribir ese libro no ayudó al autor a expiar ninguna pena. No se escriben libros sobre el duelo como expiación ni como respuesta a nada; se escriben desde la desesperación, el miedo o la resignación. Cuando el duelo se convierte en tema literario las eternas preguntas, miles de preguntas o solo una -poderosa y definitiva- se libran del cerebro (donde han habitado como fantasmas) y se convierten en algo tangible. Y lo tangible se puede obviar, destruir, desaparecer, dejar olvidado en manos de otros.

Triste ficción. Si el dolor fuera un fósil, algo que pudiese extirparse incluso con riesgo, sin duda todos nos someteríamos a la operación. Pero no lo es. Escribir nos enseña que el dolor es inefable y no desaparece, se instala en medio de la vida para siempre. El duelo literario es un aprendizaje y lo que aprendemos no es un mandato externo sino una verdad interior que sale a flote. 

"El puerto sumergido" es el título de un poema hermoso de Ungaretti (De esta poesía/me queda/aquella nada/de inagotable secreto). Ese puerto existe en todos nosotros, solo debemos bucear lo suficientemente hondo para descubrirlo. 

Esta noche termino el libro de Francisco Goldman, que he leído con la perpetua sensación de deja vú, y me tocaría leer el de Rosa Montero. Pero me detengo. No tengo nada contra Rosa Montero, hace unos meses hubiera leído este libro de un tirón. Simplemente, decido no leer más. Es tiempo de dejar reposar aquello que empezó a agitarse en mi interior en el 2004, abandonar mis obsesiones y mirar con nuevos ojos todo, incluso el dolor, la pérdida y el duelo. 

Hay 37 Comentarios

Interesante artículo Iván, te envío un microcuento propio que tiene cierta relación con el tema, saludos
Nepotismo
El hijo del sepulturero heredó el oficio, realizó su primer trabajo con sentimientos encontrados: una sonrisa orgullosa se dibujaba en su rostro anegado en lágrimas, mientras cumplía con su deber.
Juan Gualberto Salazar Rosado

Trata de conseguir, si no lo has visto todavía, "Adieux, a Farewell to Sartre", de Simone de Beauvoir. El libro tiene dos partes, en la primera ella cuenta los diez últimos años de la vida de Sartre (unas 120 paginas) y en la segunda están las entrevistas que ella le hizo.
El libro no es tan interesante, pero en la primera página de Beauvoir se despide de Sartre

Recientemente he terminado "La ridícula idea de no volver a verte" y coincides con Rosa Montero en muchos de tus planteamientos. Ella no se ha tomado el libro (narrado a través de Curie como hilo argumental) como terapia, sino más bien como recuerdo, como una prueba de que es capaz de hacer memoria y de vivir sin pasar página. Porque en realidad lo de pasar página es un mito.
Me ha gustado bastante la verdad, lo recomiendo

Qué enorme sensibilidad a la hora de exponer tus ideas y qué bien reflejadas las sensaciones que mueven al autor, nos hemos animado a leer a Goldman.

Luto en verso:

http://agnesbes.wordpress.com/2012/11/02/flor-de-luto/

Gracias Ivan, gran artículo!

Cuando una persona sufre la pérdida de un ser querido y siente ese dolor y vacío que el sr. Thays y otros comentaristas han reflejado en el texto, es normal que necesitemos buscar información, profundizar sobre el tema, validar nuestro duelo y nuestras emociones a través de experiencias ajenas leídas en esos libros y ahora, también en internet, en facebook o en blogs. Quizás no sea literatura, pero también es un asidero para muchas personas que necesitan saber más, que buscan respuestas o sencillamente, buscan información útil.
Me ha gustado mucho la reflexión de Juanq acerca de la necesidad de realizar un esfuerzo para salir de la espiral del dolor. El duelo es un proceso que requiere un importante trabajo activo de la persona para integrar la pérdida en nuestra vida y que el dolor al menos sirva para crecer como personas. Con dejar pasar el tiempo no basta. ¡Un saludo!
Os dejo la dirección de nuestro blog, de Ayuda en el duelo: http://ayudaenduelo.artmemori.com/

Bello texto, Iván. De alguna forma —próxima a la magia y al milagro— siembras en nosotros tu emoción.

Gracias, Ivan. Ya está separado!!! Un abrazo.

Mi realidad es que escribí porque tenía que hacerlo; ni superé la muerte, ni devolví a la persona a la vida, ni me sentí más feliz por escribir sobre el fallecimiento de mi madre. Simplemente lo hice aunque no creo que valiese para nada.

Tengo un librito publicado sobre este tema ("Isidoro") que coincide plenamente en sus límites con el contenido de este escrito. Fuera de mi experiencia, en él se evocan a Javier Sicilia o Eric Clapton.

Sí, os habéis saltado dos libros de este año también muy buenos: Noches azules de Joan Didion (http://goo.gl/8tL3X) y la magnifica La hora violeta, de Sergio del Molino (http://goo.gl/dX1U4). Los dos con título parecido, ¿verdad?

Se agradece, Sr Thays. Se ha ganado usted todo mi respeto, por siempre.

Disculpa, Uno del montón, no me había dado cuenta de que habían varios comentarios censurados. Ya di de alta a los tuyos y a los de los demás (en otros post). No manejo bien el Typepad. Saludos.

¿Hay alguna razón realmente válida por la cual mis comentarios merezcan ser censurados, señor Thays? Llamar al pan pan, y al vino vino, suele ser algo bien visto entre personas que se dedican a la literatura. Veo que para usted, denostar a alguien por su mezquindad es reprobable y censurable.

Rosa Montero ya escribió una excelente y lúcida reflexión sobre la muerte de tu pareja en "Lágrimas en la lluvia". Una novela que engancha desde el primer momento.

Muy distinta la actitud del Lector Malherido, que se burla de los autores y autoras que escriben sobre su dolor. Si le pasara a él, no se reiría tanto. Mezquindades, en fin.

Yo prefiero evitar los libros sobre la enfermedad y el duelo para que no me influyan. Tardaré en releer As I Lay Dying, de Faulkner, y La peste, de Camus, y tengo sin leer Pabellón del cáncer, de Solzhenitsyn, y Uno no se cansa de amar, de Charles Ronsac. También el libro de Umbral, Mortal y rosa (ya citado por otros) Sé que Joyce Carol Oates escribió algo tras perder a su marido. Tuvieron que pasar casi 19 meses tras la muerte de mi mujer para volver a escribir, pero no sobre lo que estaba escribiendo hasta entonces (básicamente experiencias de cuidador). Me está rondando retomar la escritura sobre sus últimos días. Faltan menos de dos semanas para los dos años y muchas veces me cuesta encontrarle sentido a todo, estoy plof, sin alicientes. Y el aliciente que encontré quiere a otro y solo me ha servido para escribir unas 45 mil palabras y subiendo.

Hace unos días un amigo me dijo que lo doloroso no es la muerte, sino la vida sin sentido. A mi me pareció que tenía razón, pero después me quedé pensando quién decide si tiene o no sentido.
http://www.pincertidumbre.blogspot.com.es/

Yo lo compré la semana pasada en SUR

Ivan, hace tiempo quiero ir por Di su nombre, ¿está en venta en alguna librería de Lima?

Ivan, hace tiempo quiero ir por Di su nombre, ¿está en venta en alguna librería de Lima?

O "El hijo" de Michel Rostain (La Esfera), donde el punto de vista de la pérdida está en el que se ha ido: "La soledad. Ahí es dónde empieza realmente la muerte".

Yo me preguntaba cuánto había de exhibicionismo del alma en todas estas manifestaciones. Estas frases del post han sido reveladoras: "Cuando el duelo se convierte en tema literario las eternas preguntas, miles de preguntas o solo una -poderosa y definitiva- se libran del cerebro (donde han habitado como fantasmas) y se convierten en algo tangible. Y lo tangible se puede obviar, destruir, desaparecer, dejar olvidado en manos de otros."

"Es tiempo de dejar reposar aquello que empezó a agitarse en mi interior en el 2004, abandonar mis obsesiones y mirar con nuevos ojos todo, incluso el dolor, la pérdida y el duelo. " Me encantó tu post.

Para agregar a esta lista dos verdaderas highlights: Canción de tumba, del mexicano --y amigo nuestro-- Julián Herbert (Editorial Mondadori) y El olvido que seremos, del colombiano Héctor Abad Faciolince (Editortial Seix Barral). Ambas muy distintas entre sí pero extraordinarias.

Para agregar a esta lista dos verdaderas highlights: Canción de tumba, del mexicano --y amigo nuestro-- Julián Herbert (Editorial Mondadori) y El olvido que seremos, del colombiano Héctor Abad Faciolince (Editortial Seix Barral). Ambas muy distintas entre sí pero extraordinarias.

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Vano oficio

Sobre el blog

Este blog se plantea hacer comentarios de actualidad sobre libros, autores y lecturas en menos de 1.000 palabras. Se trata de un blog personal, obsesivamente literario, enfermo de literatosis, como diría JC Onetti, según la regla que la literatura es un vano oficio, pero jamás un oficio en vano.

Sobre el autor

Ivan Thays

Ivan Thays. (Lima, 1968) Autor del libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y las novelas Escena de caza, El viaje interior, La disciplina de la vanidad, Un lugar llamado Oreja de Perro, Un sueño fugaz y El orden de las cosas. Ganó en el 2001 el Premio Principe Claus. Fue finalista del premio Herralde 2008. Fue considerado dentro del grupo Bogotá39 por el Hay Festival. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano y portugués. Dirigió durante siete años el programa televisivo Vano Oficio. Actualmente administra el comentado blog Moleskine Literario.

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