01 abr 2011

Lampedusa, lecciones de humanidad

Por: Miguel Mora

 

 

Antes de nada, vean al ministro de Defensa de Vaticalia, en acción de guerra parlamentaria.

Comentario de un diputado a la salida. "Ha cambiado de camello". (Publicado en La Repubblica).

 

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Quería contarles hoy que he estado con los invasores y los invadidos en Lampedusa. Poco tiempo, pero suficiente para aprender algunas cosas. La primera, que el Gobierno de su majestad y la Lega Nord, además de incapaz y corrupto, populista y demagogo, mentiroso y autoritario, incumple a sabiendas los convenios internacionales sobre derechos humanos, como ha denunciado Amnistía Internacional. La segunda, que los italianos, incluso los votantes de Berlusconi, incluso o sobre todo los más pobres, son todavía capaces de distinguir la propaganda de la realidad, el miedo de la libertad, y de mantener la dignidad, el respeto y la humanidad pese a que su Gobierno decida declararse desaparecido en combate.

Entendemos que un aluvión semejante de personas desesperadas es difícil de gestionar. Se sabe que si uno les trata regular o bien, el efecto llamada multiplica la esperanza y por tanto la avalancha. Es lógico también pensar que habiendo elecciones cerca, los que siempre han gritado "fuera de las bolas" no pueden ahora decir "acojámoslos, son seres humanos". Y ya se sabe también que Berlusconi no puede quedarse atrás, y que cuando llega el momento sabe ser más xenófobo que Bossi porque si no se arriesga a perder para siempre el norte del país.

Pero entre eso y el denigrante espectáculo de abandono, negligencia voluntaria y ausencia de humanidad que ha supuesto Lampedusa hay un término medio, legal, fijado por las leyes internacionales sobre migraciones. Consiste en atender las necesidades básicas de los recién llegados: una manta, un techo para dormir, una ducha, un kit de higiene, una comida decente. El trato humano mínimo que un estado democrático y rico puede y debe dispensar sin siquiera pararse a pensarlo. Si no quiere, como ha pasado estos días, convertirse en una vergüenza global.

Siempre recordaré la noche del miércoles en Lampedusa por una cosa: eran los propios inmigrantes quienes se ocupaban de dar los primeros auxilios a los compatriotas que desembarcaban. La policía los sacaba del barco, los contaba y los sentaba en el muelle mientras esperaba el próximo desembarco. Aparte de eso, nada. Ni una manta, ni agua, ni un té caliente.

Desde el otro lado de la valla que cercaba el muelle, llegaban los tunecinos y repartían botellas de agua, chocolate, mantas, cigarrillos, un abrazo. Comprado con su dinero. Unos 45 minutos después, aparecía un coche con tres o cuatro voluntarios de la Protección Civil (ese glorioso cuerpo del 'governo del fare' que acabó en los tribunales porque sus capos hacían negocios corruptos con la Curia y el patrimonio histñorico y cultural) con unas bolsas de plástico blanco en las que llevaban comida y bebida. Y luego, todos a dormir al raso con un viento infernal.

Es verdad que los tunecinos no llegan en pateras, sino en pesqueros medianos y grandes bastante bien equipados. Pero pasan de media cuatro días en el mar. Y llegan exhaustos, derrengados. La consigna de la Liga y de B. es evidente: "Ni agua". No es nueva, porque el Ejecutivo Berlusconi incumple desde hace dos años las leyes sobre refugiados. Ha eliminado de hecho casi del todo la aplicación del derecho de asilo, que antes era un modelo en Europa, y ha hecho deportaciones en masa de gitanos en Europa y de africanos en aguas libias, mandando a las cárceles de Gadafi a centenares de prófugos que huían de las guerras de Somalia, Eritrea, Sudán y de los regímenes sátrapas de Túnez o la misma Libia.

El problema mayor, sin embargo, es que este Gabinete ha aprobado una ley de inmigación inhumana, muy de osteria lombarda, que no solo niega todo derecho a quien llega a sus fronteras sino que lo considera además un delincuente. Según se ha visto ahora, en situaciones de crisis en los países de origen, esa ley se convierte en papel mojado: ineficaz, inaplicable, nula. El delito de inmigración clandestina obliga a las fiscalías a fichar y abrir proceso a todos los inmigrantes que toquen suelo nacional por primera vez. Ahora, cuando las revueltas han estallado y Gadafi y Ben Ali ya no controlan sus patios traseros, cumplir esa ley es no solo un empeño gravoso e inútil, sino un imposible.

La fiscalía de Agrigento, competente en Lampedusa, lleva dos meses fichando y procesando a ciudadanos a los que no podrá acusar, ni comunicar, ni localizar, ni procesar jamás. Bonita paradoja: un Gobierno incapaz de cumplir las leyes que aprueba.

El mundo cambia a velocidad de vértigo y, por el camino, Italia se ha entregado a la industria del pánico, tan rentable en votos, insultos y dinero, y ha perdido su bien ganado prestigio solidario y humano. Los chistes y las bravatas de B., y sobre todo sus líos con magrebíes menores de edad todavía resuenan más patéticos si se piensa que su Gobierno ha desmantelado gran parte de los centros de acogida, puesto que no había ya nadie a quien acoger, y ahora ve cómo la ficción se ha acabado y le ha estallado en la cara: de tanto pregonar la tolerancia cero y la mano dura, el virus se ha contagiado, y ninguna región, salvo de momento la Apulia del comunista Nichi Vendola, está dispuesta a acoger a los desheredados del norte de África.

Otra paradoja es que, de tanto despreciar a Europa, en este momento es Europa la que no quiere saber nada de Italia. El vecino del norte de Padania, la Francia de Sarzkoy, bastante más padano y liguista que la Liga, está cerrando la frontera de Ventimiglia a los tunecinos que Italia deja escapar de los campamentos habilitados en Mineo (Sicilia) y Taranto (Apulia) con la esperanza de que crucen la frontera. A D'Alema lo que es de D'Alema: "Al norte siempre habrá una Liga más del norte que la nuestra".

A eso se suma la convención Dublín 2, que permite a los 27 devolver a cualquier asilado político al país que concedió primero ese estatus de refugiado al recién llegado. Con lo cual, Italia está atrapada en un callejón sin salida. Por el sur, la amenaza de nuevos desembarcos masivos desde LIbia que serán sobre todo refugiados políticos. En el centro y el norte del país, todos los canales cerrados. En Europa, un cero a la izquierda. Sería irónico si fuera la inmigración y no la corrupción, la economía, los escándalos o los desmanes de las leyes a medida el hecho decisivo en este doloroso sprint final hacia la nada de  Berlusconi. Al fin y al cabo, en 2008 ganó las elecciones, en gran parte, con una campaña que identificaba inmigración y criminalidad.

Solo la fría profesionalidad del ejército, la policía y los carabineros, enviados a un polvorín sin los medios para evitarlo, ha logrado mantener en orden el infierno irresponsable y artificialmente creado por la política, que sigue asegurando que son los votantes quienes desean que las cosas sean así.

Esa falacia ha quedado desmontada por estos 5.000 lampedusianos, pobres como árabes, que durante dos meses han soportado una situación imposible sin perder el aplomo y la serenidad, y han acogido como seres humanos a otros 19.000 seres humanos, desesperados y felices a la vez, que llegaban huyendo de un mundo en descomposición.

Volviendo en el avión, pensaba en la imparable ansia de libertad de esa gente, y en su profunda decepción, su asco en realidad, ante el recibimiento que les da Europa, la tierra de sus sueños. Y sospechaba que quizá nuestros políticos, especialmente esta derechona perversamente infantil y manipuladora, que a la hora de la verdad es capaz de dejar vendidos incluso a sus propios votantes, odian tanto a los inmigrantes porque les obligan a salir del cascarón ("fuera de los huevos"), a enfrentarse con lo desconocido, a lidiar con tipos de una pieza que todavía son capaces de distinguir lo que es la dignidad y el respeto, y de escribir en una sábana, con las fuerzas menguadas por el hambre, Ben Ali = Berlusconi.

 

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Hay 15 Comentarios

Tapia, informate a diario porque efectivamente la isla esta vacìa y siempre hay en puerto un cruzero donde imediatamente se traslan los nuovos llegados (hoy 2000 en la indiferencia de la perfecta Europa y con cargo a Italia) para llevarlos en continente.
Que las charlas, parece, son màs de otros que de Italia.

Uh Cristina, esta es democracia y libertad sì sì, segundo el Mora claro.
En quanto al articulo que decir? Que sea como sea en Italia se ayudan mientras en otros sitios se disparan al acercarse a la frontera.
Pero claro, hay quie puede y quien, pobrecito, no y lo siento para este ultimo.

me gustaria saber porque habeis borrado mi comentario de antes?! esa es la democracia ??

Y quiero anadir algo mas...por cierto todos los que llegan no son profugos de guerra..hay gran parte de esa gente que son delincuentes de otros sitios que aprovechan de la situacion para llegar en Italia,que todos no son pobracitos que se vienen con buenas intenciones...porque esto NADIE lo dice???? muchos se escapan de la tendopoli y se van por todo el pais con malas intenciones!!!es que de verdad estamos esplotando ya no podemos mas todo esto es insostenible!!!! no llegamos a final de mes con el dinero y encima tenemos que vivir con este miedo pues a tomar pol culo!!!

Europa nos ha dado las espalda,aqui tamnbien tenemos crisis y no es sencillo para nadie lo que esta pasando!!!! es facil hablar sin vivir la realidad de un sitio!!! Ir en Lampedusa y despues ya me vas a dir si es normal sostener una situaciòn tan dificil solos...sin el apoyo de nadie Espana incluida...es que el mundo esta lleno de ipocritas...muchos hablan bien pero si se encuentran a alguen por la calle en dificultad sobn los primeros a darle la espalda..ipocritas de mierda!Todo el mundo puntando el dedo sobre Italia pero nadie se preocupa de hacer algo concreto!!

Que se vayan a España, donde los habitantes son perfectos, amantes de los africanos y ecuatorianos (lo digo por las caricias que le hicieron a la famosa chica ecuatoriana que malmataron en el metro de Barcelona,) donde les darán nacionalidad y trabajo de inmediato. Pila de hipócritas zopencos, como si no se os conociera por el mundo el tipo de inmundicia que sois... Que os den, espangolos de mierda.

Me parece que yà se haga un "hablar facil" de la situaciòn en Italia, que el resto de Europa no està heco de paises de santos...

Como siempre, un artículo buenísimo. Pero lo que me parece más vergonzoso es la indiferencia del resto de Europa, la misma Europa que ha hecho siempre (y continúa haciéndo) negocios con los dictadores árabes de los que escapan esta gente.

Albergo dudas sobre si muchos italianos, sobre todo votantes de Berlusconi, realmente saben distinguir entre la realidad y la commedia dell'arte berlusconiana. Berlusconi: "Limpieza de inmigrantes en 48 o 60 horas"; "territorio franco"; "villa en Cala Francese: soy lampedusiano"; y, apoteósicamente, "Nobel de la Paz para vosotros, lampedusianos, y por ende, también para mí, como neolampedusiano". Se cierra el telón. Público: aplausos y vítores. Los lampedusianos vuelven a sus casas con el corazón satisfecho. Redundantemente, la realidad continúa igual. Los habitantes de Lampedusa se convierten, tal vez sin saberlo, al lampedusianismo.

excelente artículo,como los anteriores tanto en vaticalia como los publicados por Ud. en la presna escrita.

Me gusta su blog, gracias. Parece un ejecicio de surrealismo, y resulta que todo es cierto. Cómo se pasa Silvio. Pobre Italia, poverina...

'...los italianos, incluso los votantes de Berlusconi, incluso o sobre todo los más pobres, son todavía capaces de distinguir la propaganda de la realidad, el miedo de la libertad, y de mantener la dignidad, el respeto y la humanidad ".
Ah...! son buenas noticias. Paramonos aqui, por ahora.
Creo que es vertad, entre otros.

Como sugiere el comentario anterior, el racismo xenófobo no es privativo de la Italia de Berlusconi (que en efecto parece un país de caricatura vergonzosa), sino que está muy próximo al de los gobiernos de Francia y el Reino Unido y tiene expresiones políticas en todos los países de Europa. Lo cual, además, se da desde hace unos 500 o 600 año, cuando la Europa feudal salió a conquistar a sangre y fuego el mundo allende sus costas. Los latinomericanos, africanos y asiáticos sabemos muy bien lo que significó el colonialismo, que le dio a Europa la posibilidad de dar a luz el capitalismo global del cual vemos hoy el epígono.
Y es cierto también que el desprecio por los ciudadanos del Tercer Mundo no es privativo de los gobiernos, sino que está incrustado en el imaginario mental de la mayoría de europeos. Hace rato que el viejo continente ha dejado de ser una referencia civilizatoria y ética. Domage.

analisis muy clara de lo que esta pasando, pero hay algunas cosas que non me parecen muy correctas:
que pasa con las politicas migratorias de Madrid, que decir de lo disparos y de lo muros en contra de los migrantes por parte del gobierno espanol?

y bueno, es verdad que los personajes que lideran y lideraron la Protezione civile fueron muy malos pero porque "pegar" a los voluntarios que tratan de ayudar a los migrantes?

Italia (por Dios, su gobierno, no el país) es solo la caricatura. Pero el mal lo sufre toda Europa (aquí ya no sé si referirme solo a la clase política, o somos todos los europeos los que nos creemos una casta).
La Unión está perdiendo toda credibilidad.

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SOBRE EL BLOG

Como dijo un alemán, Italia es como una diva de Hollywood: “Todos la miran admirados pero nadie la comprende”. Este año, el país festejará el 150 aniversario de la unidad y los 82 años de su divorcio del Vaticano. Pero ¿estamos seguros de que Italia y el Vaticano son dos Estados distintos? Uno vive subsumido en el otro, aunque no resulta fácil decir quién subsume más a quién. Lo único claro es que Vaticalia es una mina informativa: pecados y delitos, mafias y masonerías, santos y 'velinas', vida interior y noches locas, Ratzinger y Berlusconi... ¡Viva Vaticalia!

Sobre el autor

Miguel Mora

Miguel Mora. Corresponsal en Roma, antes en Lisboa, fue redactor en la sección de Cultura durante diez años y en la Edición Internacional durante cuatro. Trabaja en EL PAÍS desde 1992, es autor del libro ‘La voz de los flamencos’ y sigue siendo, pese a todo, un atletista empedernido.

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