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Por: | 22 de octubre de 2014

Por qué llamamos Teresa a Teresa Romero

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Teresa Romero, en una imagen del grupo de Facebook de su gimnasio

Teresa Romero es muy a menudo Teresa. No sólo en los medios: como se puede ver en este gráfico de tendencias de Google, las búsquedas de su nombre han crecido muchísimo en las últimas semanas, por encima de las búsquedas de su nombre y apellido. 

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Esto no ha pasado desapercibido en las redes sociales.

En cambio, el marido de la auxiliar de enfermería con ébola siempre es Javier Limón y nunca Javier. Hemos podido ver esta diferencia de trato incluso dentro del mismo titular o de la misma noticia

No es el único caso: se suele apreciar sobre todo en el ámbito político, debido a su visibilidad y como explicaba ya en 2008 María R. Sahuquillo en El País. Aunque Mariano Rajoy es Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría es Soraya. Y lo mismo pasa con Hillary (Clinton) y con Ana Patricia (Botín), hasta que dejó de usar el Patricia. Hay algunas variantes. Por ejemplo, a Ana Mato se la llama con el nombre completo, aunque rara vez sólo con el apellido. A veces incluso se recurre a diminutivos, como Espe, Cospe y, en muchos medios alemanes, Angie (Merkel). En otros casos, como con María Teresa Campos o Carme Chacón, se añade el artículo: “la” Chacón, “la” Campos.

Hay algunas excusas habituales: por ejemplo, que a Felipe González también se le llamaba Felipe, cuando estos casos son excepciones. O que los nombres de pila masculinos son más comunes, por lo que hay más riesgo de confusión. Es cierto que José (Bono, Montilla) hay muchos, pero no hay tanto Mariano (Rajoy), Artur (Mas) o Cristóbal (Montoro).

En realidad y como explica Juana Gallego, profesora en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona y autora del libro sobre medios y género De reinas a ciudadanas, “esto forma parte de un tema más amplio, que es la diferente representación entre hombres y mujeres”.

Gallego explica que en líneas generales a las mujeres “se las retrata como objeto observado y a los hombres se los representa habitualmente como sujeto que actúa”. Por ejemplo y aunque se ha hablado del trabajo de Romero, “no se ha puesto el acento en sus acciones, que han quedado en segundo término. Ella ha sido observada como paciente”. Más que cuando se hablaba de los dos misioneros, “en cuyo caso se puso más de relieve su labor; se les veía más como sujetos que actuaban”.

Esta tendencia a olvidar los apellidos es uno de los mecanismos inconscientes “que deslegitiman la acción de las mujeres en la esfera de lo público. El hecho de llamarlas por su nombre de pila es una forma sutil de decir que pertenecen al ámbito de lo privado y que están en una esfera que no les corresponde”, añade Gallego. Esto se une a las referencias a su ropa o a comentar que son “la esposa de” o “la madre de”, entre otros ejemplos.

“Normalmente las mujeres tenemos un trato más cercano entre nosotras y socialmente -comenta Esther Forgas Berdet, catedrática de la Facultad de Letras de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona-, y no nos molesta que se nos trate con el nombre de pila. Pero una cosa es el trato diario y otra que los medios de comunicación se aprovechen de esta cercanía y de esta empatía para usarla en sus publicaciones. Sobre todo si en el mismo texto aparece un hombre tratado con su apellido”. Es decir, aunque las compañeras y compañeros de trabajo de Romero se refieran a ella como Teresa, no hay por qué trasladar este trato a los titulares.

Forgas explica que esto supone una “minimización” del papel de la mujer y recomienda que nos acostumbremos a cuidar “la cortesía lingüística”, con el objetivo de “no rebajar la imagen del interlocutor o del referente”. En caso de duda, aconseja usar el ejemplo contrario “para saber si hay discriminación”. Si en lugar de “la Chacón” decimos “el Rajoy” nos daremos cuenta de que es un trato degradante, “que se usa para motes o para delincuentes”.

Gallego nos da otro ejemplo similar: “Aznar no es Josemari salvo cuando nos referimos a él en tono irónico o de humor. Este trato resta respeto o autoridad”. Puede parecer una cuestión de detalle, “pero si se hace reiteradamente, tiene sus efectos”.

A pesar de todo, Gallego se muestra parcialmente optimista. El hecho de que no siempre se haya hablado de Romero sólo con su nombre de pila muestra que los medios “empiezan a darse cuenta de esta diferencia, que empieza a crear controversia. Estamos en un momento social de cambio en el que a veces hay dificultades para saber cómo referirse a las mujeres. Lo positivo es que el tema está sobre la mesa”.


Sigue leyendo:
- Por qué a veces hay gente sin traje especial en los traslados por ébola.

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Hay 61 Comentarios

Llamar a alguien por su apellido, ya sea hombre o mujer, es meterle en el grupo patriarcal familiar (casi todos los apellidos vienen por via paterna). Yo lo veo así: Al varón se le ve más que como individuo, como miembro de un grupo. A la mujer se la puede individualizar más. Yo prefiero, de lejos, ser Paula que llevar sobre mis hombros la carga de ser un miembro de mi familia paterna.

anda que el/la anchored no mezcla tampoco churros con merinas ni nada!!! a parte de poderes sobrenaturales para conocer el genero de quien escribe, parece que si expresas un hecho puntual de la realidad ya mereces un menosprecio como el que le endosa a Lola, ya que por mucho que en el calendario ponga 2014 no desaparecen determinados patrones culturales, y referirse al deporte ( cosa que gusta tanto a hombres y mujeres ) no puede tacharse de hombliguismo ya que eso se reserva para las ocasiones en que uno habla d si mismo, cosa que no es el caso, y encima utiliza tanto deportistas masculinos y femeninos.

En el caso de Teresa Romero creo que también se da un fuerte componente clasista. A las personas que trabajan en el servicio doméstico, a las limpiadoras, a los camareros o a cualquier subalterno se les llama simplemente por el nombre.
Creo que en general se la ha tratado con muy poco respeto y no solo por parte de Javier o Francisco Javier, el muy zafio Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid.

Sta Lola ( que también se ha autoescrito usted sin apellido ) si en el trabajo os llamais entre vosotros por el nombre y apellido es que sois rarunos rarunos

Bueno, está claro que "Paz" es un hombre, si no en cuerpo en alma, ya que sólo ha entrado aquí para perpetuar la mentira de que el hombre es la verdadera víctima de la violencia de genero y sus leyes.

Rocio no sé que tipo de mujeres conocerá, pero igual debería decirles que estamos en el 2014.

Marcos debería de centrarse en ver fútbol y leer el Marca, porque traspasar todo estudio sociológico y de comportamiento de género al deporte es de un ombliguismo alucinante. Abre las orejas y los oídos, que no lo sabes todo.

menuda paranoia se montan algunos jaajjjaja Como dice Marcos lo tendencioso ralla la flipadura. En un 90% de ocasiones se dice Esperanza Aguirre o Ana Botella o Maria Teresa Campos, o Ana Mato o Gala León etc... pero en el articulo como me interesa escojo lo de Espe o Campos . Menuda chorrada, me he mareado intentando encontrar la logica a tal despropósito a parte de la conexión de todo ello con un menosprecio a la mujer o atisbo de machismo. Me he puesto a leer artículos del mismo periódico para ver si ocurre tal fenómeno y no he encontrado nada parecido a lo denunciado. PARA FLIPAR!!!

Muy buena observación! a mí me ha pasado siempre en el trabajo. Al principio pensé que era porque era la más joven, pero la cosa se mantiene y mis compañeros tienen apellidos pero yo no.

Creo que se trata de una observación muy interesada y parcial. Los medios suelen referirse al portero del Real Madrid con un "Todos con Iker" mientras que siempre se hace referencia a su mujer como Sara Carbonero y nunca como Sara. En su momento nos hartamos de oír hablar de Monica Lewinsky siempre con su apellido, mientras que el máximo mandatario de EE.UU. era el "Presidente Clinton". La relación de cercanía emocional hace que a veces utilicemos sólo nombres, indistintamente para hombres o mujeres. Se puede leer un "Vamos Rafa" o un "Grande Fernando" sobre Rafa Nadal o Fernando Alonso. Teresa Romero se convirtió en Teresa al ser la única víctima de ébola en España. Un "Teresa mejora día a día" es como la noticia que todos esperábamos de un familiar. Mil veces he leído sobre la Sra. Aguirre y de Dolores de Cospedal. Nadie se refiere a Ada Colau como Ada. Y en los medios deportivos se usan más los nombres hacia los varones. Nadie escribe "Venus ganó a María" sino "Venus Williams ganó a Sharapova". Al contrario, los jugadores de la NBA son Pau, Lebron, Kobe o Ricky. Texto muy interesado y dirigido a fabricar una opinión claramente irrelevante con poco fundamento.

¿Y sobre hacer un artículo llamando a alguién sólo por sus iniciales, cuando perfectamente se podría usar su apellido?...

http://elpais.com/elpais/2014/07/09/opinion/1404895770_355103.html

y que decir cuando le preguntas a una mujer quien eres, y ésta responde " soy la mujer de"...

Hay otro efecto, que es el de quitarte el nombre y llamarte sólo por los apellidos, aunque pidas que no lo hagan. Me ha pasado con frecuencia.
No obstante, hay aspectos de género que me siguen preocupando más, como por qué cobramos menos por desempeñar las mismas funciones (o de más riesgo, exigencia, competencia e inversión de tiempo) o los despidos por embarazo.
El tema de violencia de género es un caso aparte, porque en mi entorno he visto un creciente aumento de hombres maltratados que denuncian y de mujeres que denuncian falsamente (conozco a alguien que trabaja en tribunales, específicamente en este problema).

Todo lo relativo al uso no sexista del lenguaje es confuso e irritante, tanto en el problema como en su solución.

Finalmente, las estadísticas cantan. De un modo u otro. Son datos no emocionales. Es ahí donde hay que hacer cuentas y resolver lagunas, agujeros y descompensaciones flagrantes.

https://www.google.es/search?client=opera&q=mujeres+site%3Awww.ine.es%2F&sourceid=opera&ie=UTF-8&oe=UTF-8#q=mujeres+site:www.ine.es/&start=10

* La estadística puede ser muy engañosa y subjetiva.

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