Oscar al mejor guion: ¿cine para leer?

Por: | 24 de febrero de 2012

por OMAR KHAN

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¿De dónde salen las películas? La lógica dice que de la cabeza de los guionistas. La práctica, no obstante, demuestra que salen principalmente de la literatura. Las historias de películas, en una mayoría apabullante, siguen emergiendo de la creatividad de escritores y dramaturgos y no de guionistas. Una mirada sesgada a las candidaturas de los Oscar este año lo corrobora.

Cabecera-600x450El rastreo por los títulos en todas las categorías va dejando una larga lista de inspiraciones que podrían llenar una biblioteca, aun cuando existe una categoría específica para el mejor guion adaptado, que este año se lo disputan cuatro adaptaciones de novelas y una de teatro. Son ellas Los descendientes, del realizador Alexander Payne, a partir del libro del hawaiano Kaui Hart Hemmings; La invención de Hugo (con otras diez selecciones más), dirigida por Martin Scorsese a partir del libro escrito e ilustrado por Brian Selznik, en 2007; Moneyball: rompiendo las reglas, una historia del mundo del béisbol dirigida por Bennett Miller y protagonizada por Brad Pitt, que se inspira en el éxito literario de Michael Lewis, publicado en 2003, y El topo, de Tomas Alfredson, que recrea la compleja novela de John Le Carré, escritor de historias de espionaje que atesora una larga lista de libros convertidos en película. Finalmente, se cuela Los idus de marzo (en la imagen), de Georges Clooney, basada en un fenómeno teatral estadounidense de hace cuatro años. Cabría preguntarse también si el mejor guion adaptado no debería premiar más bien a un filme que sea capaz de superar al original literario pero, desde luego, tendría serias limitaciones, porque son contados los casos en que eso sucede. No obstante, este año tenemos Drive, de Nicolas Winding Refn, que convierte una pequeña y rutinaria novela negra de James Sallis en un intenso y desconcertante filme que, todo hay que decir, se toma numerosas licencias que le alejan del original. Contradictoriamente, el filme tiene una única y absurda nominación a la mejor edición de sonido.

 

Superventas, supertaquillas, superOscar

4185163038_ba1e714ef8No es aventurada la tendencia a pensar que los best sellers van a ser películas. Es una lógica de mercado y marketing más que de valores literarios. Cuando la novela Criadas y señoras, un drama sobre mujeres y racismo escrito por la rubia Kathryn Stockett, consiguió vender 250.000 ejemplares en dos meses, era previsible que pronto saltaría a la pantalla aunque al momento de su salida al mercado, a priori, no pareciera que esta pequeña historia de mujeres en Misisipi pudiera ser una película de éxito, que ha terminado siendo dirigida por Tate Taylor y ostenta cuatro relevantes selecciones, incluyendo mejor Película y tres postulaciones para sus actrices (Viola Davis como mejor protagonista y las otras dos, Jessica Chastian y Octavia Spencer, compitiendo en la misma categoría, la de mejor actriz de reparto).

El caso de Los hombres que no amaban a las mujeres, primera entrega de la trilogía Millenium del sueco Stieg Larsson, es ilustrativa de las prácticas de la industria americana frente a los best seller de gran impacto. Cuando el libro se convirtió en fenómeno planetario de masas ya se sabía que habría película. Después de todo, es un libro con un innegable ritmo cinematográfico.

Los suecos se adelantaron y la rodaron a las órdenes Niels Arden Oplev, en 2009, con una aceptable fidelidad al original literario, pero Hollywood sintió que era una historia más suya que sueca, y la ha vuelto a rodar, colocando tras la cámara a David Fincher, uno de sus pesos pesados, y al frente a Daniel Craig y a la semidesconocida Rooney Mara, que se ha hecho con una selección a mejor actriz, aunque no lo hace ni mejor ni peor que la sueca Noomi Rapace. La superproducción ostenta otras cuatro candidaturas pero en apartados técnicos y no opta al mejor guion adaptado, quizá porque históricamente es una categoría que intenta conservar un cierto halo de prestigio y generalmente, no nomina blockbusters, salvo excepciones, como El señor de los anillos. El retorno del Rey, que fue coronado con un oscar recibido por Peter Jackson en nombre del ingenio de J. R. Tolkien, en 2003. Le ocurre lo mismo a la larguísima saga de Harry Potter, que desde hace una década ha venido alternando éxitos literarios y triunfos cinematográficos con ocho películas basadas en los siete libros de J. K. Rowlings. Los filmes de la saga han entrado siempre en los Oscar pero, con frecuencia, en apartados técnicos y este año, con Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte II, de David Yates, la última entrega de la saga, es algo que no ha variado, haciéndose con tres postulaciones técnicas. En cambio, se cuela en el renglón de guión adaptado una de las joyas del año, Los idus de marzo, de George Clooney, que ha conseguido esa única candidatura, gracias a un guion inteligente que viene de la pieza teatral Farragut North, de Bau Willimon, un drama político que se estrenó con un éxito impresionante en las salas estadounidenses en 2008, y trae consigo claras resonancias literarias de altura como el Julio César, de Shakespeare y la novela epistolar de Thornton Wilder, a la que presta su título.

 

Viñetas robadas

War_horse_onstageCierto es que la inspiración original de War horse, de Steven Spielberg, que opta a seis Oscar en apartados técnicos, está en una muy bien vendida novela infantil de Michael Morpurgo publicada en 1982. Sin embargo, el filme no ha ignorado el descomunal éxito en el West End londinense de una espectacular adaptación teatral de 2007, que usa marionetas gigantes de caballos diseñadas y conducidas por el Handspring Puppet Company (en la fotografía) y que, aprovechando el tirón de la película, se ha instalado en Nueva York, corroborando una vez más las sinergías y alianzas taquilleras entre Hollywood y Broadway, las dos grandes maquinarias del entretenimiento en Norteamérica. Spielberg opta también con una selección a mejor música para el veterano compositor John Williams, por Las aventuras de Tintín, un filme que corrobora la dimensión que puede tomar en el cine la palabra adaptación, proporcionando no solamente una historia, en este caso la del libro gráfico de Hervé El secreto de Unicornio. Aterrizaje en la Luna (1959), sino la estética visual del filme, que copia con precisión el estilo de las célebres viñetas belgas. En la misma línea, la película de Scorsese no solamente coge la historia de La invención de Hugo Cabret, el libro de Brian Selznick, sino que se sirve de las 284 ilustraciones del mismo autor para configurar la estética visual de su nueva película, que por primera vez se sale de las calles sórdidas de las urbes para internarse, a golpe de 3D, en el interior de un reloj en la estación Montparnasse, de París.

De la literatura infantil viene también El gato con botas, un cuento popular recogido por Perrault en su libro Cuentos de Mamá Ganso, publicado nada menos que en 1697, y que aparece transmutado con la voz de Antonio Banderas, en una descomunalmente libre y modernizada adaptación de los creadores de Shrek, que opta al Óscar a mejor película de animación.

Hay 4 Comentarios

Claaaaaaro, porque tú metes la novela entera en un programa de guión, le das a un botón y, voila, se adapta solita, nada de necesitar a Steve Zaillian (Oscar a mejor guión por La Lista de Schindler) y Aaron Sorkin (Oscar a mejor guión por La Red Social) para que adapten Moneyball, un libro de estadísticas. No, hombre, no, las películas las hacen los novelistas y sanseacabó!

Un poquito de por favor.

¿Es usted el mismo Omar Khan que escribía de cine en El Universal (o sería en El Nacional) por allá por los años ochenta?
Simple curiosidad...

Aunque en parte de acuerdo con Sandoval, aún así, no deja de sorprenderme que tantas buenas historias de libros no hayan sido llevadas al cine. La eterna dicotomía si el cine debe ser entretenimiento o cultura es absurda. Es ambas, y si logra ser cultural entreteniendo, mejor.

No es que la creatividad esté en la literatura, amigo Omar, es que el miedo está en los grandes estudios. Se adaptan libros por la misma razón que se adaptan comics, se adaptan series míticas o se hacen remakes de antiguas películas de éxito: Hollywood quiere jugar sobre seguro, elaborando sobre materiales preexistentes, que han probado ya su éxito o al menos su eficacia. Conservadurismo e incapacidad para asumir riesgos.

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