El Capitán América no cambia, el mundo sí

Por: | 28 de marzo de 2014

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Por CLARA MORALES

“Que yo recuerde siempre he querido servir y hacer el bien. Ahora no sabría decir en qué consiste eso”. El Capitán América está confundido. La secuela de El primer vengador y Los Vengadores pone al héroe estadounidense fuera de juego. El guardián de la libertad y la democracia cuestiona su propia valía y su capacidad para adaptarse a un mundo nuevo. Ya no es ese héroe sin fallas ni sombras. El Capitán América de El soldado de invierno (dirigida por los hermanos Russo y protagonizada por Chris Evans y Scarlett Johansson), que se estrena hoy en España, es un hombre que se enfrenta a sus fantasmas, un héroe perdido.

Pero no porque él haya cambiado. El que se ha transformado es el mundo. El Capitán América lleva siendo anacrónico desde que fue resucitado en los cómics de los años 60 al estilo palito de merluza: el Capi se congeló por accidente en 1945 y renace de entre los hielos, como pasado por el microondas, en la era jipi (en la saga fílmica, despierta en nuestros días). Como indica Alejandro Martínez, director editorial de Cómics Panini (editora de Marvel en España), gran conocedor del Capitán, las diferencias entre su mundo y ese en el que aterriza le suponen continuas bofetadas en la cara.

Pero hay que entenderle. El origen del Capitán América remite a un pasado de guerra y patriotismo que hoy, y aún más fuera de los Estados Unidos, resulta extraño. Si Steve Rogers tiene poderes es por su deseo de entrar en el ejército: cuando le rechazan por ser demasiado delgaducho, ingiere un suero que le convierte en el espécimen perfecto de ser humano, un supersoldado. “Sí que es un personaje político. Alguien que lleva una bandera en el pecho está tomando partido. Pero defiende algo que está por encima del Gobierno de América”, asegura Martínez.

 

Eso sí, si se suelta al director editorial de Panini que el Capi es un héroe propagandístico, se puede recibir un rapapolvo: “Ese es un lugar común, casi todo el mundo que ha llegado a esa conclusión lo ha hecho sin leer sus tebeos”. Admite que quizá ese fuera su misión en los orígenes, en 1941, en mitad de la II Guerra Mundial, pero incluso entonces, asegura “no simbolizaba nada más que no fuera la lucha contra el fascismo”. Su relación con Estados Unidos es ahora más compleja. En El soldado de invierno deberá enfrentarse a intrincadas conspiraciones dentro del Gobierno y fuera de él, traiciones en su propio entorno. Algo que, recuerda Martínez, no es nuevo en el personaje: en la saga de tebeo Civil War (2006), Capitán América se desliga del Estado, negándose a aceptar el “Acta de registro de superhumanos”, que recuerda levemente a los comienzos de la persecución judía por los nazis... o el Acta Patriótica de Bush.

Este carácter de defensor de la libertad y la justicia le ha convertido en uno de los personajes más blancos del mundo de los superhéroes. Sus fans alaban su pureza mientras sus detractores le acusan de simplón. Martínez pone orden: “En el universo Marvel los personajes tienen mucho genio, se enfadan, cometen errores… El Capitán América no tanto, porque los guionistas quieren simbolizar en él el espíritu del pasado, un poquito idealizado. Le quieren dar un liderazgo no por sus superpoderes, sino por su talla moral”.

¿Y no se alejará el espectador actual, con su gama de grises ante ciertos dilemas, de este hombre de ética perfecta? Según Martínez, en absoluto: “En última instancia, creo que muchos de nosotros sabemos que el relativismo es falso. Que hay momentos en que alguien tiene que tomar decisiones. Ver personajes que son capaces de hacerlo es un tema de hoy”. Un tema de hoy, incluyendo su traje remozado, sin una bandera tan ostentosamente visible en el pecho y sin alitas en la cabeza. Un tema de hoy, con reminiscencias de nazis y rusos y olor a Guerra Fría, pero de hoy.

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Coincido con lo que dice Martínez, en especial en lo que respecta al espectador. Aunque héroes con espacios grises y cargados de matices (como el último Batman) han triunfado, no es menos cierto que también hay espacio para los héroes de ideales firmes.

No sé, quizás aunque estemos en un mundo gris, la gente quiera tomar partido

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