En 'Pompeya' nada es lo que parece

Por: | 02 de mayo de 2014

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Parafreseando a Ernst Lubitsch, podemos decir que Pompeya, la película de Paul WS Anderson que se estrenó este fin de semana, le hace al cine de romanos lo que el Vesubio le hizo a la ciudad del sur de Italia: es un completo desastre. No solo es una película mala, sino que además es históricamente desastrosa. O, mejor dicho, pretende ser precisa cuando en realidad ofrece muy poca información veraz sobre lo que ocurrió en el 79. Es una mezcla entre Gladiator y Espartaco pero sin el encanto del peplum clásico. Pompeya es el yacimiento arqueológico más importante del mundo, la mayor fuente de información sobre el mundo romano que existe. Tanto que, como dijo la gran latinista Mary Beard, ha moldeado nuestra forma de ver la Roma clásica. Sin embargo, la película refleja la fascinación que la ciudad destruida por el Vesubio despierta desde la publicación de la novela clásica del escritor victoriano Edward Bulwer-Lytton.

La película se inspira en uno de los muchos misterios que encierra Pompeya: en la barraca de los gladiadores, junto los esclavos que se jugaban la vida en la arena, aparecieron los restos de una mujer enjoyada. ¿Se trataba de una rica patricia visitando a su amante gladiador como cuenta la tradición que hacían algunas mujeres romanas? o, como creen muchos más especialistas dado que aparecieron otros 18 cadáveres en el mismo lugar, ¿se trataba sencillamente de ciudadanos que trataban de huir de la explosión de Vesubio y se refugiaron donde pudieron? Lo curioso de Pompeya es que siempre funciona así: ofrece respuestas y, a la vez, preguntas. 

Algunos detalles están muy cuidados –en un momento aparecen panes, exactamente iguales que los que se han conservado petrificados–, incluso el relato del enfrentamiento entre Pompeya y Roma se acerca bastante a la realidad –Pompeya no era una ciudad totalmente romanizada–. Sin embargo, ni la erupción se produjo como se cuenta en la película, ni el anfiteatro está en ese lugar ni, lo que es mucho más grave, nada parece real ni verosímil. Pero, aún así, demuestra la fascinación que la ciudad romana sigue despertando. "Pompeya ocupa un lugar único en nuestra conciencia histórica. La espectacular destrucción de la ciudad por el Vesubio en el año 79 de nuestra era se ha convertido para nosotros en el arquetipo de la catástrofe, la primera referencia en nuestra iconografía del desastre", escriben los comisarios de una exposición que pudo verse en 2012 en los museos Getty de Los Ángeles y Bellas Artes de Cleveland sobre la huella de Pompeya en el arte. La muestra ofrecía obras de Rothko, Piranesi, Dalí o Warhol.

Sobre Pompeya han escrito Pascal Quignard, Primo Levi y hasta Sigmund Freud. El superviviente de Auschwitz es autor de un bellísimo poema, La niña de Pompeya, a partir de la imagen más impresionante que ha producido la ciudad: los cuerpos rescatados desde el pasado en yeso, gracias al ingenio del arqueólogo Giuseppe Fiorelli, que tuvo la idea de utilizar como molde el hueco que habían dejado los cadáveres al descomponerse atrapados entre las cenizas (el primer cuerpo se extrajo el 3 de febrero de 1863). Levi se sirvió de Pompeya para escribir sobre la destrucción masiva y el horror provocados por el hombre, el Holocausto e Hiroshima. El creador del psiconálisis escribió sobre una novela de principios de siglo, Gradiva, en la que un arqueólogo se enamora de una mujer de Pompeya que aparece en sus sueños y con la que luego cree encontrarse al visitar la ciudad. Fue uno de los modelos que utilizó para su interpretación de los sueños.

Los cuerpos Pompeya están en el corazón de una de las secuencias más bellas del cine europeo: cuando Ingrid Bergman y George Sanders, que encarnan a un matrimonio en crisis en Te querré siempre, de Roberto Rossellini, contemplan como los cadáveres vacíos de dos esposos son rescatados por el sistema de yeso después de haber muerto juntos durante la erupción. Como señalaba Jordi Costa en la crítica de la película en este diario, el filme de Paul WS Anderson juega a ofrecer el origen de esa escena mítica.

Una de las ideas que parecen más verosímiles de la película es la relación imposible entre una dama romana y un formido gladiador, Kit Harington, que además tiene en su currículum combatir contra zombis en Juego de tronos. Aparte de en el burdel, las pintadas más famosas de Pompeya se encuentran en la barraca de los gladiadores. En una de ellas puede leerse: "Celadus, el tracio, hace suspirar a las chicas" ("Suspirium puellarum Celadus thraex"). Sin embargo, Mary Beard en su extraordinario ensayo Pompeya. Historia y leyenda de una ciudad romana (Barcelona, Crítica, 2012) intuye que la realidad es engañosa: "Estos grafitis fueron encontrados en los viejos cuarteles de los gladiadores. No son la fantasía de muchachas. Están escritas por los propios gladiadores, son la fantasía de una pareja de jóvenes luchadores que se enfrentan a una corta vida y que quizás nunca han estado con una mujer o, desde luego, no por mucho tiempo". En Pompeya, nada es lo que parece y, desde luego, no en esta película.

Fotografía. Kit Harington, en Pompeya.

Hay 7 Comentarios

Seguir insistiendo en que el cine debe respetar la historia para mí es una conversación vana puesto que hemos visto miles de películas que no lo han hecho y no por ello han sido malas. Para mí las películas - salvo que sean comedias, burlas, etc - al menos deben tener sentido común y eso a los americanos les cuesta y no consiguen entender que los europeos nos conocemos nuestra historia, más o menos, y nos espanta ver los errores de bulto de muchas de esas películas americanas ( y no americanas). Quizás lo malo es que a los europeos nos cuesta hacer películas sobre nuestra historia porque representa cierta inversión y porque un error de bulto no sería nunca perdonado como si hacemos con los americanos. En fin!!!

Pues Fran tiene razón. La peli puede ser mala, un bodrio a todos los efectos, pero aparte de documentarse lo necesario para no sacar a Silvia Koscina con sandalias de tacón mientras liga con Steve Reeves, el resto debe ser sólo plausible. Anda que si quien hiciese una peli sobre la explosión del Krakatoa se tuviera que leer entera la obra Tazieff, de los Krafft y de paso, para sacar a dos indígenas verosimiles, todos los trabajos antropológicos de Margaret Mead (porsi...) pues apaguemos. Miren "Titanic", de Cameron: El barco, los decorados, los vestuarios, los tiempos del hundimiento, todo ello hecho con encaje de bolillos... y luego resulta que (ouch!) en el mar no hay eco, qué puñeta verdad ? Se ha demolido el filme por eso? Lo siento, pero aquí hay que criticar exclusivamente la factura de la peli, no dar (entre comillas) una "clase magistral" de tópicos históricos sobre Pompeya leídos en wiki o con un solo libro de referencia, como si uno fuese un experto historiador que corrige a unos alumnos díscolos. Seguro que Guillermo Altares defendió summa cum laude una tesis doctoral sobre "usos, costumbres y estética en la Pompeya de Tito." NTJ !

Es cierto que el cine no es, al menos en su concepción, una herramienta educativa. Pero lo que tampoco debería hacer es engañar. Si quieres hacer una película de acción con personajes estereotipados, hazlo, pero no lo llames Pompeya, no lo llames Roma. Llámalo juego de tronos o la guerra de las galaxias. Si no, lo que consigues es crear confusión el público, pues estas utilizando sucesos reales para contar hechos irreales.

Y no, no todo el mundo tiene esa capacidad de discernir y saber que lo que cuentan no es real. En mi experiencia como arqueólogo, he encontrado a muchas personas que creen a pies juntillas lo que cuentan películas o series de TV.

A estas alturas, atacar a una película por su verosimilitud histórica apelando a lo cultural es un ejemplo de todo lo contrario, de falta de criterio... una manera fácil de parecer culto, como el boticario del chorrito en Bienvenido Mr. Marshall.

Pregunta, ¿que busca el cine? ¿enseñar? o ¿ganar dinero?. Con esto, creo que se responden las preguntas del artículo.
Por aquí se habla de la inexactitud de Gladiator, vale, si se hubiera oído al director y guionistas decir, "es una adapatación histórica", pues perfecto, pero como no es el caso, pues no tiene sentido exigirle un rigor más allá de lo tolerable, yo no lo hago.
Lo mismo pasa con multitud de libros, y nadie se lleva las manos a la cabeza, o por lo menos, no demasiada gente.

He estado un rato pensando antes de escribir algo, para no decir algo inconveniente, y creo que por fin lo he pillado: este artículo no es una crítica cinematográfica ¿no? Es que el título y el tema confunden bastante. Lo digo porque si fuera una crítica, creo que has hecho muy poca sangre con el bodrio, que por lo menos podría haber servido para echarnos unas risas. Si uno entra a ver una crítica cinematográfica sobre esta película es para reírse, que es un frankenstein hollywoodiense de cartón piedra, con chico musculado y chica de after disfrazada de romana, lo sabemos todos.

...pero eso, la falta de rigor histórico, es lo que suele ocurrir con el cine, ¿no? Baste recordar Gladiator, por aprovechar una cita del propio artículo. Es la pellícula con más tergiversaciones históricas que conozco.

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