La alta tecnología en sanidad no es (sólo) cosa de ricos

Por: | 17 de septiembre de 2013

Conchita Galdón Sanz-Pastor - Profesora de IE Business School y co-fundadora y CEO de Social Venture Puentes Global

Conchita GaldónLa brecha tecnológica entre ricos y pobres tiene uno de los impactos más graves e inhumanos en el ámbito de la sanidad. Millones de personas con menos recursos sufren serias dificultades en el acceso a la tecnología de diagnóstico y tratamietno, lo que supone muchas veces la diferencia en la vida y la muerte. Para muestra, un botón: mientras en Japón en 2010 había más de 7 unidades de radioterapia por cada millón de habitantes, según la Organización Mundial de la Salud, en Argelia la cifra era de 0,5. Así no es sorprendente que el 80% de mujeres que padecieron un cáncer de mama en Japón sobreviviera mientras que en Argelia, sólo el 38% seguían vivas a los 5 años (Concord 2008). Misma enfermedad, muy distintas perspectivas.

Sería comprensible que, a la vista de estos datos, muchos pensaran que la alta tecnología solo es aliada de los ricos que pueden pagarla. No es así. Son precisamente las personas y países que tienen menos oportunidades los que pueden aproverhcarla más. La tecnología permite reducir el coste de la atención médica y transformar la manera en que se ofrece, superando así las dificultades de acceso. Organizaciones, empresas sociales y personas individuales a quienes el sistema sanitario no ofrece una solución se empeñan en poner los avances tecnológicos al servicio de quienes los necesitan.

Vinay Chakravarthy y Sameer Bhatia son dos personas que han buscado una solución fuera del sistema tradicional. A estos dos amigos estadounidenses originarios de la India les diagnosticaron leucemia cuando tenían 28 y 30 años. La base de donantes de médula ósea en EE.UU. es una buena opción para los caucásicos, pero no para minorías étnicas, ya que no cuenta con suficientes personas de esa etnia para tener una buena probabilidad de compatibilidad. En India ni siquiera existe una base de donantes. Y decidieron lanzar su propia campaña en redes sociales. Tras once semanas de peticiones en Twitter, Facebook, Google, Youtube, etc., más de 24.000 personas se habían registrado y testado para confirmar compatibilidad. Ambos lograron el transplante y gracias a su esfuerzo, otras 266 personas de su misma etnia enfermas de leucemia también encontraron un donante compatible.

Otra herramienta de uso diario que se ha adaptado para mejorar el diagnóstico y tratamiento para personas con difícil acceso a atención sanitaria son los teléfonos móviles. Un ejemplo es el proyecto Mwana, en Zambia, patrocinado por UNICEF. Mwana consiste en dos aplicaciones que mejoran el tratamiento de los recién nacidos con VIH. El primero, "Results 160", informa a las madres por SMS de los resultados del test de VIH de sus bebés. El segundo, "RemindMi", recuerda a las madres los momentos clave de tratamiento de VIH de sus hijos. Juntos permiten iniciar el tratamiento semanas antes y mejoran la fidelidad al mismo.

Estos ejemplos no constituyen ayudas ocasionales, si no una nueva forma de entender la provisión de servicios sanitarios. La inversión en tecnologías adaptadas a contextos de pocos recursos puede generar un verdadero cambio sistémico. Es la hora de hacer I+D con una nueva estrategia. Muchos ya están en ello.

 

Conchita Galdón es directora general de Puentes Global y Coordinadora de Área 31, el espacio de innovación y emprendimiento de IE Business School. También es profesora de emprendimiento e innovación.

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Artículo publicado en el American Journal of Public Health, utilizando datos de Estados Unidos en el período 1996-2002 "Giving everyone the health of the educated: an examination of whether social change would save more lives than medical advances?"
“Los avances médicos evitaron un máximo de 178.193 muertes durante el período de estudio. Corregir las tasas de mortalidad asociadas a a las desigualdades en educación habrían podido salvar 1.369.335 vidas durante el mismo período, la proporción de 8:1”

“Las tasas de mortalidad más altas entre las personas con educación inadecuada reflejan un mecanismo causal complejo y la influencia de las variables de confusión. Serían necesarios grandes esfuerzos en cambios sociales para eliminar las desigualdades, pero estos cambios salvarían más vidas que los que producirían los actuales inversiones excesivas (“heavy investment”) en avances médicos. El gasto de grandes sumas de dinero en estos avances, a expensas de los cambios sociales, puede poner en riesgo la salud pública”

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Vía @IEBusiness

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