12 ago 2015

¿Llevarse el albornoz de los hoteles es robar?

Por: Isidoro Merino

Bathrobesclouseau 
 

 A unos les gusta llevarse cosas, y a otros, olvidarse de ellas. Se llevaron un piano de cola, varios relojes antiguos, una nutria disecada, un cerdo de piedra, una pesada chimenea de mármol y hasta una langosta viva.  Dejaron una cabra muerta, un hámster asustado, una urna cineraria, varias dentaduras postizas, pelucas de diversos colores, un loro, periquitos, piernas ortopédicas,  un ojo de cristal, pijamas y ropa interior de ambos sexos, además del kit de bondage, fusta incluida, que olvidó en un hotel de Londres algún huésped amante de la disciplina inglesa.

Con los objetos y la quincalla abandonados en los hoteles se podrían crear varios museos de lo bizarro. Aunque no todo lo que se encuentra es así: algunos hoteles españoles  han montado  bibliotecas con los libros olvidados  por sus huéspedes; y en La Montaña Mágica , un hotel rural de Llanes (Asturias), Carlos Bueno, el propietario, invita a pasar la noche a todo aquel que se presente con una rara edición del célebre libro de Thomas Mann que da nombre su alojamiento.
    La balanza se inclina del lado de los que se llevan a casa un recuerdo sin importancia de su paso por el establecimiento.  La mayoría elige alguna de las amenities que pone a su disposición el hotel. Hotel-Amenity-Amenities-Holder
¿Quién no ha echado alguna vez en la maleta, al dejar la habitación, el frasco de champú, el kit de costura, el peine, el cepillo de dientes, la caja de cerillas, el lápiz, el bolígrafo o uno de esos indescriptibles gorros de ducha con agujeritos que jamás usará? O ese bonito cenicero que tienes ahora mismo delante. No  te sientas culpable, tu  cleptomanía es moderada. Los  hoteles dejan allí esas amenities para que los clientes se las  lleven. No, el secador de pelo no es una amenity. Ni el albornoz.

    Los gadgets electrónicos y las pilas de los mandos a distancia son auténticos hits.  En las piezas de algunas vajillas domésticas y juegos de cubertería bastante completos brillan los anagramas de hoteles de medio mundo. Conozco a un respetable cirujano que, además de un manitas en el quirófano, es un artista escamoteando vasos y jarras de cerveza (no Luis, no eres tú). Su ya ingente colección se surte de hoteles, bares y  restaurantes de los cinco continentes. Hasta la pizpireta y sinuosa Katy Perry reconoce haber hecho travesuras: “Me llevo las almohadas, soy como la princesa del guisante, me gusta dormir blandito” declaró en una ocasión. 

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     La picaresca también pasa por rellenar con agua o té las botellitas del minibar, cambiar ajados edredones traídos de casa por otros nuevos (solo hay que cambiar la funda, y que conste que yo no lo hago), y hay quien, pertrechado con un destornillador, se ha llevado los picaportes, los toalleros, el secador de pelo, el portarrollos del papel higiénico, lámparas y bombillas, el equipo de música y el televisor. De las mesillas vuelan hasta las biblias de los Gedeones, y eso que en alguna de sus páginas tiene que venir aquello de "No robarás".

Los espacios comunes no se libran. Según el diario británico The Daily Telegraph, los hoteles londinenses gastan una fortuna en adornos florales, convertidos en improvisados regalos de cumpleaños o de aniversario por maridos olvidadizos. Los cuadros que adornan, o simplemente cuelgan de las paredes,  tampoco.  Ningún reino de la naturaleza escapa a esta peculiar forma de coleccionismo: durante la celebración de una boda en un cinco estrellas madrileño se esfumó del hall y ante las mismas narices del recepcionista un ficus de más de dos metros de altura, y eso que el macetero debía de pesar lo suyo. 
    ¿Dónde acaba el souvenir y empieza el cuerpo del delito? La toalla, ese oscuro objeto de deseo (aunque casi siempre son blancas), marca la frontera entre lo que la dirección del hotel considera normal que el cliente se lleve como recuerdo y lo que ya no le hace tanta gracia. Cientos de miles desaparecen cada año de los hoteles del mundo, lo que supone un enorme coste para las grandes cadenas, sobre todo desde que subió el precio del algodón con el que se fabrican. 
    Las medidas para evitarlo son variopintas. Desde minibares electrónicos que registran los artículos que se sacan del mueble y los cargan automáticamente en la cuenta, a microchips cosidos a las toallas, sábanas y albornoces. En el Reino Unido  han creado la Guest Scan,  una lista negra de los clientes que tienen por costumbre arramblar con el contenido de las habitaciones, y también de los alborotadores. Los datos se guardan entre dos y cuatro años.  
     En un  hotel de Tokio se podía  leer este aviso: "Se ruega a los señores clientes que no roben las toallas. Si éste no es su caso, por favor, no lea esta nota". Otros establecimientos son más sutiles y anuncian en el baño: "Si está interesado en nuestros albornoces, puede adquirir uno nuevo en recepción por 50 euros. Si prefiere llevarse el que ha usado, tendremos que cargárselo en la cuenta". Los más imaginativos llegan a estampar en sus toallas y ceniceros etiquetas como esta:  “Robada por cortesía del hotel”Hotel-fusion 
 Algunos hoteles han tirado la toalla, valga la redundancia. La cadena estadounidense Holiday Inn, que pierde más de medio millón de unidades cada año, declaró en 2008 el Towel Amnesty Day, en el que concedía un indulto simbólico a quienes, a lo largo del más de medio siglo de historia de la cadena,  decidieron secarse en casa con alguna de sus toallas. Otros, visto el éxito que tienen sus muebles y complementos, los han puesto a la venta por catálogo. Es el caso de marcas como Ritz-Carlton , Waldorf Astoria Westin , donde te puedes llevar a casa hasta la cama (pagando, claro).

Y tú, ¿qué te llevas de los hoteles?

 La_pantera_rosa

Hay 60 Comentarios

jabones, champús, cremas, peines, costureros, ceniceros, lápices, bolígrafos, alguna toalla (me la olvidé en casa), lo normal y que te cobran con la habitación...

He tenido la suerte de viajar mucho por trabajo y creo que no hay que llevarse nada de valor, ya que de una manera u otra lo pagamos. Lo más chocante que he vivido respecto el tema de olvidos en las habitaciones, han sido dos "encuentros". En Helsinki encontré en el suelo de la habitación un camarero completamente borracho -al principio lo creí muerto-; y cerca de Boston, un cajón con un montón de revistas pornográficas. El camarero, lo devolví, las revistas...

Hace años me llevé un kimono de un hotel de Japón (barato, de tela barata). Pero, por si acaso, me lo llevé de la habitación de al lado, que tenía la puerta abierta.

Bizarro no es exactamente lo que crees que significa:
http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=bizarro

Un saludo y gracias

Lo unico las chanclas que van a juego con el albornoz, el albornoz nunca. Las chanclas si porque considero que una vez usadas no las vuelven a lavar ya que pierden la forma enseguida y es obvio que no estan nuevas. Y en un buen hotel ingles todos los tipos de tes que habia en la habitacion, puagh, estaban asquerosos, acabe regalandoselos a una amiga...

Pero mira que sois chorizos... :o) (just kidding)

Yo hace mas de 10 años robé la alfombra de baño del Doral Inn de Nueva York. Todavia la uso cada mañana. Es muy buena, muy bonita y me ha servido para acordarme del nombre del Hotel y recomendarlo.

Me llevé a la simpática señorita de recepción. A día de hoy todavía no me he arrepentido.


En mi caso, me llevé un secador de pelo muy moderno que venía en una bolsita de plástico. Me pudo la emoción de no verlo pegado a la pared.

Hace semanas que no duermo.

Yo siempre me llevaba las zapatillas que te daban con el albornoz. Ahora bien, en el último hotel que estuve daban albornoz y no zapatillas!
http://www.ingenioconsaboralaca.com/2011/03/entrevista-sincera-e-intima-con-alba-de.html

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Isidoro Merino

Isidoro Merino es el especialista de El Viajero para ofertas y temas prácticos. Ha nadado con leones marinos en las islas Galápagos y desayunado con Mickey Mouse en Disneyland París. Trotamundos, fotógrafo y periodista, colabora con el suplemento desde su lanzamiento en 1998.

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