10 may 2016

Rincones mágicos de Portugal

Por: Isidoro Merino

Molino de viento en la comarca esencialmente agrícola de las Beiras, situada en el centro de Portugal y entre los ríos Duero y Tajo. PAULO MAGALHAES

Molino de viento en la comarca esencialmente agrícola de las Beiras, situada en el centro de Portugal y entre los ríos Duero y Tajo. / PAULO MAGALHAES

Fortalezas templarias en Monsanto y toros prehistóricos grabados en las rocas de Foz Côa. Rutas a pie por el verde archipiélago de las Azores y visita a la judería de Belmonte. Veinte paradas para descubrir algunos de los secretos del país vecino.


1 Jugando con el tiempo
Uno de los placeres más gratos que ofrece Lisboa es el de perderse por las empinadas travessas (callejuelas) de Alfama como Paul, el protagonista de En la ciudad blanca (1982), de Alain Tanner, un marinero varado interpretado por Bruno Ganz. En la película, Ganz frecuenta el British Bar (Rua Bernardino da Costa, 52, cerca de la estación Cais do Sodré), donde hay un reloj de punteros que giran al revés, como si el tiempo pudiera dar marcha atrás. Un símbolo lisboeta que también filmó Wim Wenders en El estado de las cosas (1982), donde mostraba a un equipo de rodaje perdido en las calles de la capital.

2 Gastronomía 'kosher'
En 1980 se supo que en Belmonte, uno de los 11 pueblos fronterizos integrados en el proyecto de desarrollo rural Aldeas Históricas, existía una comunidad criptojudía que había conseguido preservar en secreto, y durante más de 500 años, sus oraciones, tradiciones y costumbres tras la llegada de la Inquisición a Portugal. Tras salir de la clandestinidad, retomaron sus ritos en una nueva sinagoga, la de Bet Eliahu. También se creó un museo judaico con algunas pertenencias donadas por estas familias. Los judíos de Belmonte elaboran hoy productos kosher como los vinos Terras de Belmonte y Sepharad y el aceite Ribeiro Sanches.

3 El tren del Duero
Veintiséis túneles y 30 puentes acompañan la Linha do Douro, un trazado ferroviario de 203 kilómetros, entre Oporto y Barca d'Alva, construido a finales del siglo XIX. Trenes a vapor restaurados recorren parte de la ruta, entre las estaciones de Régua y Tua. El viaje discurre junto a la orilla del río hasta la estación de Pinhao, decorada con paneles de azulejos. Desde Tua se puede continuar el viaje hasta Mirandela, esta vez en un tren convencional, por la Linha do Tua, que corre entre los bosques de ribera y los escarpados desfiladeros de la comarca del Alto Duero.

4 Sierra de San Mamede
Blancos y ocres iluminan las calles de Portalegre, la capital del Alto Alentejo. Su pasado industrial aún se percibe en las fábricas de corcho y tapices, en sus desvaídas mansiones barrocas. Portalegre marca el comienzo de una ruta tranquila por la sierra de São Mamede. Las oficinas de turismo de la zona tienen mapas y folletos gratuitos de la red de senderos señalizados que recorren este parque natural fronterizo con Cáceres; algunos de ellos fueron utilizados para el contrabando, un medio de vida del pasado reemplazado ahora en cierta medida por el comercio legal de toallas y mantelerías. São Mamede guarda pueblos tan hermosos como Marvão, un nido amurallado de casas blancas desde el que se alcanza a divisar toda la comarca.

5 El valle de los uros
Cabras bicéfalas, caballos salvajes, uros (los antepasados de los toros) y estilizados guerreros con lanzas dan fe de más de 25.000 años de presencia humana en el valle del río Côa, un afluente del Duero que corre a unos 120 kilómetros de Ciudad Rodrigo (Salamanca). El valle alberga uno de los mayores conjuntos de arte rupestre al aire libre que se conocen: 265 rocas grabadas en un periodo que abarca desde el paleolítico superior hasta la edad del hierro, en una extensión de 17 kilómetros a lo largo del río.

6 Escalera al cielo
Setecientos escalones acercan Lamego al cielo, o al menos, a una de sus sucursales: el santuario barroco de Nuestra Señora de los Remedios, uno de los más bellos ejemplos del rococó en Portugal, además de importante centro de peregrinación. La monumental escalinata serpentea entre descansillos decorados con azulejos y fuentes coronadas de obeliscos hasta la terraza del patio de los Reyes. Más sobria es la pequeña iglesia románica de Santa María de Almacave, del siglo XII, donde la tradición sitúa la asamblea de nobles y clérigos que hacia 1144 se reunieron aquí para confirmar a Afonso Henriques como primer rey de Portugal. Además de por sus monumentos -entre los que no puede quedar fuera el Castelo-, Lamelo es conocida por su presunto (jamón curado) y sus blancos espumosos, en especial los de las bodegas Caves da Raposeira.

7 Dólmenes y menhires
En los alrededores de Évora, Castelo de Vide y otros lugares del alto Alentejo, existe un gran número de monumentos megalíticos, con una antigüedad de entre 5.000 y 6.000 años, que dibujan una interesante ruta arqueológica salpicada de antas (dólmentes en portugués) y menhires y cromeleques (círculos de piedras). Las oficinas locales de turismo facilitan el folleto gratuito Paisagens megalíticas do Norte Alentejano, con fotografías y mapas de ubicación, que permite al visitante orientarse por este parque de la prehistoria.

8 El jardín del Papa
Desde el siglo XVII, una bula papal protege, bajo amenaza de excomunión, el bosque de Buçaco, un recinto amurallado de 105 hectáreas, a unos tres kilómetros de la ciudad de Luso. En él crecen más de 700 especies de árboles y plantas traídas por los navegantes portugueses desde lugares tan remotos como Brasil o la India. Fuentes, lagos, merenderos, cruceiros, miradores y capillas se reparten por este paraíso botánico fundado en el siglo XVI por el vicario general de los carmelitas descalzos, que consideró este lugar ideal para que los frailes pudieran dedicarse a la vida contemplativa. Del convento original, hoy convertido en hotel de estilo neomanuelino, sólo se pueden visitar los claustros, la capilla y algunas celdas.

9 Nueve islas verdes 
Corvo, Faial, Flores, Graciosa, Pico, Santa María, San Jorge, San Miguel y Terceira. Nueve islas -las Azores-, a mitad de camino entre Europa y América, que invitan a descubrir sus atardeceres lentos desde lugares como el Peter's Bar de Horta, en la isla de Faial, un mítico punto de encuentro de balleneros y navegantes, o a empaparse de un paisaje verde de volcanes, lagunas, cascadas, hortensias y azaleas, o a pasear sin prisas por lugares como Angra do Heroísmo, la capital de Terceira, declarada patrimonio mundial por la Unesco. Turismo de las Azores ha diseñado más de 40 rutas senderistas por el archipiélago.

10 Naturaleza norteña
El Parque Nacional de Peneda-Gerês ocupa un área de 70.000 hectáreas entre el río Miño y la comarca de Tras os Montes, al norte de Portugal. Los ecosistemas mediterráneo y atlántico se dan la mano para acoger especies endémicas como el lirio silvestre de Gerês. Este enclave, uno de los más salvajes del país, sirve de refugio a los últimos lobos ibéricos lusitanos, y jabalíes, corzos, ginetas, nutrias y gatos monteses también medran por sus bosques de pinos, robles, tejos y abedules. En los altos de la Serra da Peneda y en las mesetas de Castro Laboreiro y Mourela se pueden ver monumentos megalíticos de hace 5.000 años; los espigueiros, graneros tradicionales construidos de granito, también forman parte del paisaje. La asociación Adere-PG gestiona las reservas de alojamiento y actividades en la zona. Las austeras Casas Abrigo y Casas Retiro, antiguos refugios forestales, son una interesante opción para sumergirse de lleno en la naturaleza del parque, que tiene su prolongación al otro lado de la frontera en el parque natural de Baixa Limia-Serra do Xurés, en la provincia de Ourense.

11 Casas solariegas
La marca hotelera Solares de Portugal agrupa un centenar de mansiones, casas rústicas, quintas y heredades que ofrecen alojamiento en edificios históricos y fincas rurales cuyos precios oscilan entre 50 y 110 euros la noche. Lugares como la Casa dos Pombais de Guimarães, una mansión del siglo XVI; la barroca Casa das Torres, en Ponte de Lima, o la Casa D'Óbidos, en la ciudad amurallada homónima, 90 kilómetros al norte de Lisboa. Solares de Portugal.

12 Museo Berardo (Lisboa)
Inaugurado en junio de 2007, el Museo Colección Berardo, en el Centro Cultural de Belém (CCB), alberga la colección más importante de Portugal de arte internacional del siglo XX. Incluye pintura, escultura, fotografía y videoarte, con obras de Duchamp, Mondrian, Picasso, Miró, Magritte, Dalí, Roy, Cornell, Ernst, Bacon, Balthus, Moore, Lichtenstein, Hamilton, Warhol, Ruscha y Raysse, entre otros. Además de todas estas obras, que integran la colección permanente, el museo tiene en cartel diversas exposiciones temporales.

13 La máscara del samurái
La presencia portuguesa en Asia queda reflejada a través de las obras de arte y los documentos reunidos en el Museo de Oriente. Al borde del Tajo, de camino hacia Belém, un gran edificio que albergó en su día una fábrica de transformación de pescado ha sido reconvertido en museo por el arquitecto Carrillo da Graça. Además de la exposición permanente, acoge exposiciones temáticas montadas con los fondos de la colección.

14 Geoparque Naturtejo
Una referencia del turismo de naturaleza en Portugal es el Geoparque Naturtejo, integrado en la red europea de geoparques, que agrupa aquellos enclaves que destacan por su riqueza geológica. Naturtejo ocupa un área de transición entre las montañas de Beiras y las planicies del Alentejo, en el centro de Portugal. Sus límites abarcan el Parque Natural del Tajo Internacional y varias áreas protegidas de la red Natura 2000, y engloban los municipios de Castelo Branco, Idanha-a-Nova, Nisa, Oleiros, Proença-a-Nova y Vila Velha de Ródão. Una densa red de senderos marcados permite explorarlo a pie, y también se puede participar en alguno de los itinerarios temáticos que coordina la asociación Naturtejo, como la ruta de los fósiles, en torno a la aldea de Penha Garcia; la de las minas, en Segura; la ruta del arte rupestre, en Vila Velha de Ródão, o la ruta de los Buitres, en torno a la aldea de Salvaterra do Extremo.

15 Caballos junto al Tajo
En el Ribatejo, la región portuguesa por la que el Tajo enfila sus últimos kilómetros en busca del estuario, entre Tomar y Lisboa, se extiende un paisaje rectilíneo de campiñas donde pastan toros y caballos lusitanos. Es también el corazón templario de Portugal, con fortalezas como Almourol, en una isla en medio del río; el convento de Cristo, en Tomar, o las Portas do Sol de Santarem.

16 Algarve interior
Más allá de las playas, el sur de Portugal invita a descubrir a pie los pueblos serranos del interior siguiendo el trazado de la Vía Algarviana, una ruta de peregrinación mozárabe, de 240 kilómetros, entre Alcoutim y el cabo de San Vicente.

17 Los viñedos de Dão
"Me gusta pensar en la vida del vino. En que es una cosa viva. Me gusta pensar en qué pasaba el año que crecían las uvas. En cómo brillaba el sol, o si llovía". Los viñedos de Dão, en la comarca portuguesa de la Beira Alta (en el centro de Portugal), invitan a dejarse seducir por los placeres y misterios de los que habla Virginia Madsen en la película Entre copas (Sideways), de Alexander Payne. Protegidos por las sierras de Estrella y Caramulo, sobre terrenos ácidos y graníticos, dan como fruto tintos elegantes y aterciopelados que se encuentran entre los mejores de Portugal. Una treintena de bodegas, reguladas por la Comissão Vitivinícola Regional do Dão (CVRD), organizan visitas guiadas y catas en rutas que parten de la monumental Visau y continúan hasta los perfiles boscosos de las sierras de Estrella y Caramulo.

18 Pousadas
Al norte de Portugal, entre los ríos Miño y Duero, se extiende una campiña punteada de bosques, aldeas perdidas, arroyos, huertas, viñedos y mansiones solariegas. Aquí se encuentra Braga, la capital espiritual del país, sede de un arzobispado que se remonta al siglo III; Guimarães, cuna de la monarquía portuguesa, con un casco histórico declarado patrimonio mundial por la Unesco, o Barcelos, donde, según la leyenda, cantó, después de asado, el famoso y ubicuo gallo rojo y negro que aparece en casi todos los recuerdos del país. En el centro histórico de Guimarães se alzan las pousadas de Santa Marinha, que ocupa un monasterio agustino del siglo XII restaurado por el arquitecto Fernando Távora, y Nossa Senhora de Oliveira; y un palacete decimonónico de Braga acoge la pousada de São Vicente.

19 Tres símbolos lisboetas
Un icono del paisaje de Lisboa es el elevador de Santa Justa, que une los barrios de la Baixa y el Chiado. Fue construido en 1902 por el ingeniero francés Raoul Mesnier de Ponsard, un discípulo de Eiffel que también diseñó los funiculares de Lavra, Glória y Bica. Aparece en películas como La piel suave (1964), de François Truffaut. Otro dos símbolos lisboetas: el histórico tranvía 28, que serpentea pintado de amarillo por las cuestas de Alfama, y la Cervejaría da Trindade, la más antigua de Lisboa, con sus azulejos masónicos.

20 Cruceros fluviales
El Duero entra en tierras portuguesas por la comarca de Tras os Montes, para deslizarse por la frontera hasta el Vale do Coa y seguir hacia el oeste entre bancales cubiertos de viñedos y altos desfiladeros. Una flota de cruceros y barcos rabelos (gabarras para tranportar vino) realizan travesías turísticas por el río en todo su tramo portugués, desde Miranda de Douro hasta la desembocadura en Oporto. La ruta permite detenerse en las numerosas bodegas que se encuentran en las riberas.

Hay 1 Comentarios

Está genial, muy elaborada la lista, yo soy muy fan de sitios como Oporto, Aveiro, Algarve o Lisboa etc.

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Sobre el autor

Isidoro Merino

Isidoro Merino es el especialista de El Viajero para ofertas y temas prácticos. Ha nadado con leones marinos en las islas Galápagos y desayunado con Mickey Mouse en Disneyland París. Trotamundos, fotógrafo y periodista, colabora con el suplemento desde su lanzamiento en 1998.

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