Juan Arias

La gratitud de Titã nos interroga a los humanos - Mi "gracias" a los lectores

Por: | 04 de febrero de 2012

MI "GRACIAS" A LOS LECTORES POR EL DEBATE SOBRE LA  HISTORIA DE GRATITUD DE TITÃ

Mi blog se convirtió ayer en foro de debate a favor y en contra de los animales y de su capacidad o menos de demostrar gratitud. Tengo como costumbre, cuando el tiempo me lo permite responder a la mayoría de los comentarios de mi blog. Ayer, dado el volumen de los mismos no me fue posible.
Quiero hoy responder con un GRACIAS a todos y cada uno. No voy a nombrar a nadie para no ofender a ninguno de los que han participado. Mi gracias va a todos: a los que se han emocionado con mi texto sobre el tema de la gratitud humana y animal, y a los que se han burlado del tema. Hago un esfuerzo por entender lo que algunos temas, que parecen menores, pueden provocar en ese complejo mundo de las emociones, sobre el que algunos lectores han dejado en el blog verdaderos tratados científicos.
Cuando algo nos revuelve demasiado el alma y las tripas es porque no nos es indiferente, nos emocione o nos irrite. Por ello, agradezco a todos el trabajo que se han dado en participar al debate. No comparto, porque creo que ofenden a la dignidad humana, insultos gratuitos y a veces hasta groseros. Descalifican solo a quienes los hacen. La crítica, la polémica, los puntos de vista diferentes, presentados con respeto, son siempre productivas y nos ayudan a todos a reflexionar. A mi me han ayudado.
Sobre el tema de fondo, les agradecería a algunos lectores que releyeran mi texto. La tesis es muy simple: los humanos tenemos a veces, en general, claro que no siempre, una cierta dificultad a la hora de “saber ser agradecidos”, al igual que nos cuesta manifestar la compasión o el perdón.
Ante esa dificultad, la historia de Titã, que es solo un símbolo, me sirvió para subrayar como a veces, los animales, a los que consideramos inferiores al no tener nuestra inteligencia, pueden ser capaces de darnos una lección de gratitud.
No era mi intención discutir si los que tienen animales son mejores o peores que los que no los tienen, o al revés. O como decía un lector o lectora si el amor entre humanos tiene que ser excluyente de otros amores. Claro que no lo debe ser. El amor escomo el sol que calienta y abarca a todo lo que se pone bajo su luz.
Conozco bien los mecanismos de la psique humana por mis estudios de Psicología en la Universidad de Roma. Conozco bastante el punto al que ha llegado la ciencia en el estudio del comportamiento animal y estoy convencido que en ese campo, tenemos aún muchas cosas por descubrir. Sabemos mucho ya, aunque no todo, del comportamiento del Homo Sapiens, pero muy poco todavía de los seres que llamamos animales. Existen, por ejemplo teorías muy interesantes sobre la posibilidad de que los animales comprendan el lenguaje humano. Muchos menos sabemos del mundo afectivo de ellos, sobretodo de los mamíferos, que no puede ser muy diferente del nuestro en cuanto a los sentimientos básicos, de dolor, de afecto, de celos, de soledad y de abandono. Un día los científicos nos lo descubrirán.
Agradezco el que una idea tan simple como una discusión sobre la gratitud, haya tenido tanta repercusión en un simple blog periodístico recogido por más de dos mil Facebook. Es un síntoma positivo de que al final los humanos, quizás seamos menos insensibles y desagradecidos de lo que a veces aparecemos.

QUE PASEN UN FELIZ DOMINGO

¿Se acuerdan del caso de Titã, el perro de cuatro meses enterrado vivo, salvado por el amor y la competencia profesional de la joven veterinaria Viviane? Tras haberse convertido en Brasil en el emblema de la crueldad contra los animales, los mejores amigos del hombre, ahora Titã aparece como “ejemplo de gratitud” capaz de interrogarnos a los humanos.

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Si el horror de ver a un perro de cuatro meses, enterrado vivo, había removido los sentimientos no sólo de condena sino hasta de odio y venganza de millones de personas hacia el verdugo, dentro y fuera de Brasil (en mi blog lo recomendaron en 31.000 Facebook con más de 400 comentarios), hoy el ejemplo que Titã está dando de agradecimiento a quién no sólo le salvó la vida sino que lo rodeó de afecto, ha despertado una ola de sentimientos opuestos: de admiración y emoción.


Ha sido en uno de los programas de la red Globo con mayor audiencia en todo el país, que ocupa toda la mañana, dirigido por Ana María Braga, muy querida por los brasileños, en el que la veterinaria Viviane, ha contado esta nueva historia, esta vez, feliz, de Titã.


Según la veterinaria, el perro salvado en extremis, aunque no ha sido posible recuperarle uno de sus ojos, ha desarrollado un sentimiento tan fuerte de agradecimiento hacia ella, que no es posible separarlo un minuto de su presencia. “Ni un humano hubiese sido tan consciente de haber sido salvado de la muerte ni de demostrar un grado tan alto de gratitud”, contó en la televisión. Y ha explicado que tiene que llevarlo todos los días a su trabajo, pues según su experiencia profesional, moriría si se separase de ella. Mientras ella trabaja en la clínica veterinaria, Titã, juega solito, sin crear el menor problema. Le basta sentir cerca la presencia de su salvadora que se ha convertido en su razón de vivir.

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Titã acompaña  a Viviane a la clínica


Generalmente, acostumbro a pensar la materia de mis posts para este blog cuando cada mañana camino dos horas por recomendación médica, pero que hoy se ha convertido en un verdadero placer. Antes de haber visto el programa de televisión había decidido escribir hoy precisamente sobre la enorme dificultad que los humanos tenemos de ser agradecidos y de serlo desinteresadamente, sólo por ese sentimiento caliente de palpar la amistad que alguien nos ofrece gratuitamente. Ese “gracias, amigo” sin que siga petición alguna de favores.


Se me había ocurrido, porque hace dos días, mientras paseaba, se me acercó un perro callejero, grande, con mordidas antiguas, seguramente de haber peleado en la disputa de alguna hembra. Como no tengo miedo a los perros, cuando lo miré debió entender que tampoco él debía tener miedo de mi y desde ese momento me acompañó durante las dos horas del paseo hasta casa.


Hacía calor, aquí es pleno verano y yo llevaba una botella de agua mineral. Mi médico me dice que a una cierta edad es muy fácil deshidratarse. Vi después de una hora de paseo, que mi perro callejero también tenía sed. No tenía donde ponerle un poco de agua y se la di a beber en el cuenco de mis manos. Bebió varias veces hasta saciarse. Después, de repente, casi en movimiento de danza, se acercó más a mi y empezó a lamerme la parte superior de mis manos. Era un gesto inequívoco de gratitud, que me ayudó a reflexionar.


Me pregunté a mi mismo: si hasta un perro callejero es capaz de sentir espontáneamente ese sentimiento, uno de los más nobles que existen, como lo es el del agradecimiento, por qué nos cuesta tanto a los supuestamente desarrollados en la escala animal, orgullosos tantas veces de nuestra inteligencia racional, ese sentimiento de gratitud, cada vez más raro en nuestro mundo, quizás porque nos parezca poco humano, demasiado primitivo, más fácil de encontrar entre los animales que entre las personas.


Entre los animales racionales predominan y visten más otros sentimientos, como los de superar al otro, a costo de lo que sea, aunque sea a costa de pisar sobre su cuello. Ser agradecido, es debilidad para algunos. Lo que nos hace respetables, se piensa, son otros sentimientos, como los de venganza, de arribismo, de envidia o de capacidad para poner zancadillas o de olvido de lo que un día recibimos


Hablamos cada día de la crisis económica y de valores que zarandean a nuestra civilización. Si preguntáramos a los expertos políticos si la crisis tendrá a qué ver con la falta de ese sentimiento de gratitud tan escaso hoy en el mundo, se nos echarían a reír .


En este blog no nos reímos de ello y hasta pensamos que la gratitud incontenible de Titã podría ajudarnos a interrogarnos sobre la aridez de nuestra vida que abordamos cada día con mayores miedos y temblores porque no sabemos hacia donde vamos y a donde llegaremos. “Gracias a la vida, que me ha dado tanto”, cantaba la inmortal Violeta Parra. Aún bajo las cenizas que queman de la crisis, podemos encontrar siempre un motivo para repetir ese “gracias a la vida”, o a quien amamos, o a nuestro perro. Sí, también a nuestro perro, que los animales nos dan mucho y nos ayudan a recordarnos lo que es el afecto y el agradecimiento.

Basta que yo pase  un solo día fuera de casa, para que mi gata Nana, que había sido abandonada con días en una calle lleno de tráfico, en Rio, con asma y muerta de hambre, me reciba con tales gestos de felicidad y agradecimiento que no sabe como expresar: salta por los muebles, me provoca, me llama, hace piruetas y no se calma hasta que lo tomo en brazos y más que abrazarla la estrujo con todas mis fuerzas. Mi mujer me dice: "Juan, ya puedes sentirse feliz con ese amor desbordante de Nana por ti. Ni las personas son capaces de amar tanto.

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Agradecimiento

Porque la vida es una fiesta
trágica, alegre, triste,
porque la vida es un regalo,
no importa de qué esté hecha,
porque el tiempo es caudaloso,
y apaga el propio tiempo,
porque siempre hay alguien a quien se ama,
porque el universo es inmenso,
y somos apenas una leve pisada,
porque estamos hechos de sangre
huesos, lágrimas y poesía,
porque cada día es absurdamente único,
porque en todo lo que tocamos,
piel, objeto, corazón,
dejamos nuestro tatuaje,
tenemos que agradecer.

(Poema de Roseana Murray, premio de la Academia Brasileña de las Letras, en el libro Diario de la Montaña en curso de publicación en la editorial Manati-Rio de Janeiro)

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Hay 160 Comentarios

Desde Lima, Perú, le deseo transmitir mi agrado con el artículo. Los animales, parecería ser, son más sensibles que las personas y son capaces de hacer notar la gratitud y afecto por pequeñeces que hacemos por ellos. Nos llenan el alma de cariño sin ningún interés.

Noticias como esta le hacen salir a uno a la calle y enfrentarse a la vida con algo de positividad.

Desgraciadamente, conociendo en su día la noticia y ahora tras la lectura de este artículo, no puedo dejar de recordar la práctica habitual aún hoy en día de arrojar metidas en sacos las camadas de gatos y perros recién nacidos a cunetas o ríos donde les aguarda una horrible muerte llena de sufrimiento. Lo aterrador es que quienes actúan de este modo hablan de su comportamiento casi como algo "cultural", que siempre se hizo. Peligroso barniz el de la Cultura, con el que se pretende eludir en demasiadas ocasiones el llamar a las cosas por su nombre.

Pois é, os "humanos" cada vez mais estão esquecendo palavras como "por favor", "obrigado". Ninguém mais agradece um gesto, uma informação, uma atitude, uma ajuda. E com os animais, estes que sabem o verdadeiro significado destas palavras, os "humanos" maltratam, espancam, abandonam, matam....

Gracias por este articulo y recordarnos el valor de la GRATITUD.

Gracias por tu artículo Juan! Emigré de España y lo hice con familia y gatos y perro, algunos ya no están, otros gatos locales se añadieron a la familia, de entre ellos una gata de refugio que estaba condenada ya a ser sacrificada al no encontrar dueño. No sé si es agradecimiento por sacarla de un sitio frío y falto de contacto y amor (aunque los voluntarios hacen un buen trabajo, desde luego, pero tienen que repartirse entre tantos animales abandonados), el caso es que cada vez que llego a casa, me viene a ver, me maúlla, me sigue, me llama...

Juan, leí con mucho placer tu blog, es muy emotivo. Yo también adopté una gata (o habrá sido ella a mí?? No lo sé), hace ya 13 años, se llama Hospy (porque la encontré en los jardines de un hospital) Mientras te escribo, ella descansa a mi lado, y si, los bichos son enormemente agradecidos, algo que los humanos no tenemos e ignoro si algún día podremos incorporar. Hay que felicitar a la joven veterinaria, de todas maneras el premio mayor ya lo tiene, Titã, una fuente de amor eterno hacia ella. Gracias Viviane!! Gracias a ti también Juan y por supuesto mi admiración para y cariño a la distancia para Titã, un campeon de la vida

enternecedor,se me caen las lagrimas,yo adopte a una gata y cuando me falte no se que hare,jamasse porta mal,no es violente y es tan cariñosa y lista que me sorprende dia a dia,mucha gente deberia aprender de los animales,son unicos.
Precioso articula aesa chica deberian premiarla por su bondd y humanidad en un oais donde no abunda mucho.

lei con mucho afecto tu blog.... quizas la unica buena noticia de todo el periodico... enhorabuena.

:____ sin palabras.

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Sobre el autor

es periodista y escritor traducido en diez idiomas. Fue corresponsal de EL PAIS 18 años en Italia y en el Vaticano, director de BABELIA y Ombudsman del diario. Recibió en Italia el premio a la Cultura del Gobierno. En España fue condecorado con la Cruz al Mérito Civil por el rey Juan Carlos por el conjunto de su obra. Desde hace 12 años informa desde Brasil para este diario donde colabora tambien en la sección de Opinión.

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