Juan Arias

Todo cambia en el mundo menos la política

Por: | 11 de octubre de 2012

Un lector escribe que estamos necesitando políticos nuevos. Nada más real. Vivimos en un mundo vertiginoso, en el que no nos da tiempo a estar al paso de las novedades, desde la ciencia, a la psicología. Todo cambia con la velocidad de la luz. Menos la política.

SavaterEn mi libro de conversaciones con Fernando Savater “El arte de vivir” (Planeta,1998), el agudo filósofo, me hacía ver que si alguien de hace cuatro siglos resucitara de repente en nuestra sociedad, se sentiría desconcertado. No sabría moverse: ni abrir un grifo, ni encender una luz, ni subirse a un autobús y menos abrir un computador o entender un teléfono.

Y sin embargo, decía Savater, si lo pusiésemos a ver una telenovela, la entendería perfectamente porque desde hace siglos, los sentimientos más primitivos de odio, envidias, rencores, traiciones amorosas etc, siguen siendo las mismas. Seguimos siendo primitivos en nuestros instintos básicos. Un campo en el que nada ha cambiado.

Algo parecido ocurre con la política. Desde los romanos a nosotros poco o nada ha cambiado. Ante la corrupción de los políticos de hoy siguen vivos y actuales los siete textos de Cicerón contra Caio Verres, gobernador de Sicilia que en los estertores de la República Romana, era un famoso corrupto.

La política, necesaria para la democracia y la organización de la sociedad, se ha quedado sin embargo anclada en el tiempo. Los políticos se perpetuán en el poder que acaba siempre corrompiéndose cuando no existe alternativa y cierran el camino a la sangre nueva.

Necesitamos, sí, como dice el lector de este blog, políticos nuevos, pero necesitamos sobretodo una política nueva, reinventada, modernizada, hija de nuestro tiempo y no pieza de museo.

Si hoy no nos escandalizamos ante las invenciones más espectaculares ni nos conmovemos con las imágenes llegadas desde Marte, porque nada nos parece ya imposible, me pregunto por qué no somos capaces de reinventar la política.

Existe, es cierto, una comezón general en el mundo, un desencanto difuso, casi una apostasía de la política y sin duda, un rechazo de buena parte de los políticos. Y eso en todo el mundo.

¿Por qué esa incapacidad de encontrar nuevas formas de gestionar lo público, de organizar nuestra vida social, de libertar a nuestra democracia de las cadenas del conformismo y de la corrupción de las más diversas especies?

Estamos viendo como ni las llamadas “primaveras”, ni las “olas de indignados”, por preciosas que sean, son aún capaces de ofrecer una alternativa a nuestras frustraciones frente a la política.

Sabemos que no existen alternativas a la democracia, a la defensa de las libertades individuales y colectivas, a la justicia social, a la fuerza del voto individual.

Y sin embargo sabemos que todo eso, se nos queda viejo y corto. No nos ilusiona más.

Necesitamos un salto cuántico en el mundo de la política. El Planeta está huérfano de estadistas, de creadores. No digo de líderes ni de mesías, que esos nos sobran. Necesitamos de genios que sean capaces de dar un revolcón a esta forma cansina y fosilizada de hacer política.

Michel OnfreyNecesitamos filósofos capaces de repensarnos. Necesitamos, como acaba de afirmar aquí en Brasil, el filósofo francés, Michel Onfray, gente que sea capaz de sorprendernos.

A algunos les ha sorprendido, en efecto, su afirmación de que es posible “tomar el mundo sin tomar el poder”. Según él bastaría con no arrodillarnos ante el poder para que el poder no pueda nada contra nosotros.

Según su teoría de aplicar el principio de Gulliver a la política a través de la multiplicación de pequeños lazos, por la suma de “reyecciones asociadas, sería posible “inmovilizar al gigante Gulliver”.

Según Onfray, el poder, por ejemplo del consumidor posee una fuerza irresistible. Un rechazo masivo de un producto puede hacer quebrar en 24 horas la mayor multinacional.

Propugna el filósofo el “poder de la razón” contra el poder de “la religión y de la superstición”. Un poder que será siempre de pocos porque la razón, es más rara que la obediencia, ya que las personas “prefieren una ficción que las tranquilice que una verdad que las inquiete”.

No sé si las ideas del filósofo son o no utilizables para transformar la política. De lo que no cabe duda es que necesitamos de pensadores capaces de despertarnos y de hacernos ver que es posible por lo menos imaginar otros caminos nuevos en el campo de la política, aunque puedan asombrarnos o asustarnos, que no los trillados que acaban adormeciéndonos con su falsa seguridad.

Hay 16 Comentarios

Con el mayor respeto para todas las opciones políticas y sus seguidores, me han hecho llegar y he leído, con tranquilidad y sentido crítico, unas bellas consideraciones expuestas por el profesor Wanderley Guilherme dos Santos que constituyen, a mi juicio, un agudo y brillante alegato contra el pensamiento y su exteriorización, en sede judicial, de un presidente magistrado del Tribunal Supremo de un país emergente muy querido y admirado por los españoles que, por avatares del destino, coincide, en gran medida, con mi parecer expuesto en el segundo de mis comentarios de este artículo y que sugiero su lectura -la del profesor, claro está- dada la categoría intelectual del autor.

Victor:
Procuro buscar tiempo para leer todos los comentarios. No menosprecio a nadie. Afortunadamente, contemplo la vida con relativa tranquilidad propia de la edad. Pero también con la incertidumbre que, a veces, los hechos humanos me producen. Felizmente, no tengo -ni padezco-, ninguna predisposición en contra de nadie. Solo que, en virtud de la inembargable libertad de pensamiento que dispongo yo y todos los humanos, cuando se brinda la oportunidad de expresar lo que pienso lo hago sin demonizar a quien no piense como yo lo manifiesto. Con Arias me ocurre lo mismo. Él ha abierto la ventana a través de la comunicación y de que comentemos o no lo que él publica. Por sentido común -que, dicho sea de paso, desafortunadamente, es el menos común de los sentidos- unos disienten y otros concuerdan. Siempre he estado contra quienes tratan de sesgar noticias. Forma parte de mi visión de la vida sea esta o no política. Cuando efectúo un comentario intento no dañar a nadie, pero con la misma consideración y respeto exijo reciprocidad. Hay que tener presente que quien lo lee puede malinterpretarme. Es humano que ocurra. Pero eso no depende de mi. Lo expongo como lo pienso. Y soy consciente de que su lectura es totalmente voluntaria. No doy lecciones a nadie de cómo pienso y de cómo lo hago. Sería una insensatez y un imperdonable acto de soberbia. Confío haber dejado claro mis intervenciones en este blog. Me agrada y lo sigo con asiduidad. Ciertamente, no siempre. A veces estoy de acuerdo con la visión del periodista y otras en total descacuerdo, pero este el juego normal de la vida.

Totlmente de auerdo, querida Belén. El abandono es la negación de la esperanza sin la que nos hundimos en las sombras.
Un abrazo

To: juanjosearias@hotmail.com

Bueno, yo estoy de acuerdo con lo que comenta el filósofo. Está demostrado. No me sorprende. Lo sorprendente es que lo aplique a las ciencias políticas.
Preguntas el por qué de esa incapacidad. Y mi respuesta es que la incapacidad no es de ideas, sino de organización. Pero esa incapacidad no es natural sino procurada. Se evidenció que era posible. Pero la organización requiere de renuncias, de ilusión, de voluntad de servicio, de cierta capacidad altruista y valiente (la antipereza). Es cierto que no todos están dispuestos. Dentro de algunas organizaciones, se cuece también el no. Se evidenció en DRY. No queremos ser una asociación ni una organización; sino un movimiento. No se trata de sabiduría, no es una rendición ante la evidencia. La evidencia es que millones de españoles no trabajan y que muchos no saben qué comerán el año que viene. No se trata de una moral. Porque es la desmoralización la que hace perder el valor o la decisión. Entiendo que la innovación es necesaria y motiva, pero creo que actuar es más importante. Son urgentes las alternativas a todos los niveles: en consumo, en trabajo, en ideas, en empresas, en relaciones. Hay que actuar con mejor o peor organización. No hay peor defecto que el abandono.

Ciudadano, si sus comentarios son del tipo que hoy ha escrito, no me importa que sean largos. En ellos expone reflexiones interesantes, sin verter descalificaciones ni improperios ni hacia el blogista ni hacia nadie. En este tono, es un placer leerlo, estando o no de acuerdo con sus tesis.

Me temo que le importará poco mi opinión al respecto, pero si mantiene este tono, no solo se lo agradeceré, si no que incluso me atreveré a discordar educadamente o a concordar, si es el caso.

Gracias

Gracias Juan,
Estoy de acuerdo con usted. Bueno, soy de Río de Janeiro y tampoco puedo votar por Haddad. Pero pienso que él es bastante distinto de los políticos "tradicionales" y su entrevista (pienso que sí él va a ganar en SP) podría ser distinta, más sobre filosofía, história, visión de mundo y de Brasil y menos de política solamente... Un abrazo!

Arias: En parte, estoy de acuerdo con usted en lo que se refiere a la reducción de honorarios de los elegidos por el pueblo soberano -la política es una profesión tan digna y necesaria como cualquier otra (conste que jamás he desempeñado cargo público de tal naturaleza)-, pero al propio tiempo sería interesante intercambiar opiniones o debatirlas, al menos, sobre si la indicada disminución - de estar comprobado lo que dice que ocurre en Brasil acerca de lo que reciben los políticos, no me cabe duda que ninguna hacienda de país alguno del mundo resistirá a medio plazo tamaña carga-, digo, si la indicada reducción llevará a que solo los adinerados puedan acceder a la dirección y gestión de la cosa pública. El ejemplo de la Cámara de los Lores en Inglaterra es el más clarividente ejemplo de lo dicho. Todo tiene dos caras: ventajas y desventajas. Imaginemos por un momento que solo los ricos -de hecho, así lo hicieron durante muchas décadas- administraran los intereses colectivos de Brasil. Qué acontecería?

Roberto, la entrevista a Haddad podré hacerla cuando gane las elecciones. Ahora podría parecer propaganda política pues es aún candidato como Serra.
Un gran abrazo y ya me gustaría escribir portugués como usted escribe español.

To: juanjosearias@hotmail.com

Hoy, al hilo de la reflexión de Arias sobre el cambio y la política, con la tranquilidad y distancia que proporciona la lectura analizo, con alarma no disimulada, la politización de la justicia que ayer protagonizaron dos de los magistrados que componen el Tribunal Supremo de un país emergente muy querido por los españoles. Uno de ellos se enzarzó, y complicó desfavorablemente su alegato, en el asunto de las alianzas argumentando que el partido que se alía al que lo solicita traiciona a sus votantes. Me causó justificada zozobra leer lo que dijo dicho magistrado en una sesión trascendente de enjuiciamiento y condena de unos imputados de origen político. Por qué? Porque leer a estas alturas de la vida que se ponga en duda las alianzas o coaliciones que inevitablemente tienen que producirse en el dificil arte del juego político es tanto como negar la bondad del ejercicio físico para activar y mejorar las condiciones de vida del ser humano. Ya de por sí, comenzar su introducción jurídica recurriendo a símiles políticos es una injerencia inasumible del poder judicial en las tareas del ejecutivo y considerar traición a la coalición o alianza temporal, o por el periodo de gobierno, con el partido que ha obtenido la mayoría relativa no solo, como ya he dicho, es impropio de un magistrado sino que resulta inaceptable porque muestra un desconocimiento total de la vida política de un país. Si no fueran posibles las alianzas después de celebradas unas elecciones muy pocos gobiernos podrían gobernar cualquier país, salvo el caso de España, Francia e Inglaterra donde en el primero y último los conservadores consiguieron mayoría absoluta y en el segundo lo hicieron los socialistas.
Por si fuera poco lo leído, el mismo magistrado hizo uso de los métodos inductivos y deductivos para, rizando el rizo, justificar que mediante tales sistemas se puede condenar a un semejante sin que sea preciso la prueba de hecho.
La justicia, en algunos países, en España ya ha ocurrido, cuando conviene, unos hechos, en función de quién o quiénes lo comentan son constitutivos de delito -generalmente si sus autores son de centro- y los mismos hechos merecen la absolución si sus autores están a la derecha del espectro político del país.
Tuve la impresión que dichos magistrados -y los restantes, salvo un par de excepciones- era/n rehén/es de la opinión pública de los medios de comunicación, escrito, digital y televisiva del indicado país.
Por eso me ha agradado el artículo de Arias que viene a demostrarnos que todo cambia para que todo siga igual. Los intereses creados que el genial premio Nobel de literatura español, Jacinto Benavente, trasladó a sus lectores con singular maestría y que, como ya anoté en mi anterior comentario, son los que dominan el mundo que nos ha tocado vivir y que creo, no sé si con razón o sin ella, han sido los "artífices" que han configurado nuestra convivencia a lo largo de los siglos. Con el viaje a Marte y, antes, a la Luna qué hemos obtenido los humanos? Cuánto han costado? Con su importe, cuántas desgracias y miserias pudieran haberse evitado en la tierra?

Es cierto, Betito, lo que dice de Inglaterra. Yo siempre he pensado que si los políticos recibieran sólo un sueldo digno, como el de un profesor, por ejemplo, más del 50% de los que entran para enriquecerse quedarían automáticamente eliminados. Es que es muy tentador, por ejemplo, para un brasileño, ser diputado para ganar hasta 40.000 euros mensuales entre pitos y flautas. Y jubilarse con el sueldo íntegro. Sin contar lo que llegan muchos a conseguir con sus corruptelas y favores a empresarios y demás.
Un abrazo

To: juanjosearias@hotmail.com


Gaudium et Spes:
El molino de Sans-Souci aun permanece erguido.
Hay jueces en Brasillia.

Juan,
Podría usted hacer una entrevista con Fernando Haddad? Mira el curriculum de él, leyendo su post de hoy yo piensé en Haddad. Perdón por mis errorres en español pero soy brasileño... Muy bueno post! Saludos.

La buena politica es el arte de gobernar o manejar los asuntos que interesan al estado y a su comunidad, no importa se es en nivel local o nacional, y como arte, deberia ser destinada a los más aptos para que ellos, cargados de responsabilidad, busquen al bien comun.
Pero lo que se observa es el politequeo y la politequeria, envilecendo o bastardeando los fines de esta.
Asi es la cosa en Brasil, America Latina, España o lo que sea.
No puedo afirmar, tal vez esté equivocado, pero cuando era un jóven, oía decir que en Inglaterra los politicos de la "Camara de los Lordes" recebian un sueldo muy modesto, pues el interes de los que allá se ocupaban de los asuntos publicos era hacer el bien co.mun.
Con bajos sueldos, solamente los que almejan el bien del pueblo van a hacer politica.
En los EE.UU. el gobierno busca traer las mejores mientes de todo el mundo, luego, ellos siempre serán el farol del mundo.
En Latinoamerica, por su vez, hay mucha gente buena, gente honesta, pero los que gobiernan sus países, son muchas veces los piores tipos.
Saludos

Nada cambia, todo se transforma, decían, para que todo continúe igual. Albert Einstein dijo que sentía un gran temor ante la posibilidad de que la tecnología superara a los humanos. Hoy, vemos, por doquiera nos movemos como el móvil/celular ha idiotizado e idiotiza a la humanidad. Actualmente,oímos y leemos, quienes no hayamos podido presenciarlo, cómo un magistrado de un Tribunal Supremo -rizando el rizo de lo injustificable- utiliza, emplea y aplica el método inductivo y llegado a su cima desciende deductivamente para condenar a un semejante sin pruebas porque así lo exige la opinión pública de los medios de comunicación de un país emergente. Y así podríamos continuar hilando la madeja de la sinrazón humana de los intereses creados que son los que verdaderamente nos gobiernan. Mucho divagarán los filósofos, antropólogos y sociólogos porque su vocación se lo demanda que, iguamente, en variadas formas y casos, no está exenta de matices de taimada frivolidad.

Propongo a Alain Finkielkraut y sus:
-La derrota del pensamiento.
-Nosotros, los modernos.
-En el nombre del otro.
*Ademas de mayor control por la sociedad civil de los políticos, hace falta más responsabilidad de los afiliados a un partido político a la hora de votar por lideres, para evitar la "selección negativa", no se puede poner al frente al más listillo, al que habla sin decir nada, al que siempre nos agrada... El egoismo hace rebaño. Por qué los ciudadanos consienten pagar las deudas a los que han estafado y mal llevado sus negocios, es decir, los bancos??

Estimado Arias,

La política poco cambió y poco cambiará. Como dice la famosa frase, el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Tanto hoy, como en la época romana, la única solución viable es que el poder tenga un ámbito limitado, y la sociedad civil un control estricto. Recuerda la lucha de la República Romana contra el poder del Emperador? Ya en esa época las mentes esclarecidas comprendían la necesidad de limitar el poder...

Lo único que cambio en estos milenios es que la recompensa a la corrupción es mucho mayor...

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Sobre el autor

es periodista y escritor traducido en diez idiomas. Fue corresponsal de EL PAIS 18 años en Italia y en el Vaticano, director de BABELIA y Ombudsman del diario. Recibió en Italia el premio a la Cultura del Gobierno. En España fue condecorado con la Cruz al Mérito Civil por el rey Juan Carlos por el conjunto de su obra. Desde hace 12 años informa desde Brasil para este diario donde colabora tambien en la sección de Opinión.

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