Juan Arias

Las manos

Por: | 10 de mayo de 2013

Perro amarado a los carriles del tren
Observen esa foto.
La mano de una mujer sujeta con delicadeza la cabeza de una perrita a la que se le nota en su mirada el temblor del miedo.

La mano que se ve, acababa de salvar a esa perra callejera de una muerte atroz y segura.

Otras manos, estas invisibles en la foto, habían urdido una muerte atroz del animal amarrándolo con una cuerda gruesa a los railes del ferrocarril en la pequeña localidad de Lorena, en el Estado de São Paulo.

Las tres personas que deseaban divertirse viendo al animal ser aplastado por las ruedas del tren, huyeron al observar la llegada de la joven de 29 años, Fernanda Milet, que llevaba a pasear casualmente por aquel lugar a su perro, Y que salvó al animal.

El veterinario Daniel Fukuoca, que atiende ahora a la perrita rescatada, ha confirmado que, antes de ser atada a los raíles del tren, el animal, había sido “bárbaramente violentado sexualmente”.

En la misma localidad en menos de un año, otros cuatro perros acabaron muertos bajo las ruedas de los trenes. Todos violentados antes. Una nueva moda de diversión cruel e inhumana.

Esta vez, lo que quería subrayar, sin embargo, a mis amigos lectores, no es tanto la atrocidad concreta contra esa perrita indefensa, torturada y ultrajada, que ello habla por sí solo.

Manos unidas
Quería hablarles de las manos
, esas que hacen parte esencial de nuestra cuerpo y de nuestra vida. Que sirven para salvar o para matar; para acariciar o para abofetear; para curar heridas o para torturar. Y que en este caso salvaron a la perrita de la muerte.

Tenemos una mano derecha y una izquierda. Las dos son esenciales para abrazar. Necesitamos ambas para sostener en el hueco de nuestros brazos al hijo recién nacido. Y las necesitamos para amortajar a la persona amada que nos dejó para descansar definitivamente.

Sólo para disparar un arma homicida nos basta una mano.

Las manos nos sirven para bendecir o maldecir. Abiertas son acogedoras, cerradas pueden indicar rabia o venganza.

Con las manos amasamos el pan que nos alimenta y ofrecemos el veneno que mata.

Manos negras y blancas
Las manos o son salvadoras, instrumento de esperanza, o lo son de muerte.

Las manos sirven para labrar la tierra con sudor y para escribir poesía; para escribir cartas de amor o firmar declaraciones de guerra.

Son las manos el mejor emblema de nuestra existencia que se balancea al ritmo de la parte de dios que late en ellas y de la del demonio que las tienta cada instante.

Las mismas manos pueden distribuir bondades y aliviar penas, o robar millones, dejando al prójimo tirado en la cuneta de la pobreza.

No se si en las manos quedará escrito, invisible, todo lo bueno y lo malo que con ellas hicimos en nuestra vida. No importa. Queda esculpido en nuestra conciencia.

Es difícil saber si en la balanza de la Humanidad, los miles de millones de manos de los vivos salvan más que matan. Mi esperanza es que las que salvan, sean más que las asesinas.

Sólo así se entiende que aún no hayamos desaparecido todos para siempre.

Un buen ejercicio terapéutico de humanidad y de ética, sería, cada noche, al ir a descansar, preguntar a nuestras manos si han amado más que odiado; si han perdonado más que condenado; si han dado más de lo que han substraído, si han acariciado más que ofendido.

Si las hemos usado como instrumentos para liberar a los encadenados, como la joven que salvó a la perrita, o para ayudar a atarlos a los railes de la muerte como sus verdugos.

Y un cariño final para esa perrita color negro azabache salvada por las manos amorosas de Fernanda.

Ella aún no tiene nombre. Vamos a bautizarla como "Esperanza", como esperanza de un mundo menos cruel con todos los seres de la creación, pues todos estamos amasados del mismo barro de la tierra.

¡Ah, si el animal pudiese hablar!

Tendríamos, seguro, que taparnos, avergonzados, nuestros oídos de humanos  orgullosos e inteligentes.

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Hay 9 Comentarios

Excelente trabajo ha realizado Ud.
Esto es, a mi juicio, buen periodismo.
Sería bueno que se tome de ejemplo

Querido Juan, gracias por estar y SER, gracias por tus reflexiones que esta vez recuerdan la preciosa oda de Ernesto Cardenal.

Hola, soy estudiante de periodismo en la Universidad Católica de Buenos Aires. Estamos realizando un informe sobre Brasil y nos gustaria entrevistarlo via mail. Saludos y gracias

"Elogio sentimental del acordeón".una paradoja (de Paradox de P. Baroja) del elogio de las manos, del elogio sentimental de las manos, que se diria es este pielago de inhumanidad que nuestro antropologo don Juan recoge hoy sobre el acordeon de las manos. Gracias y salud por muchos años.

Meditar así, sin duda, es el camino que todos debemos seguir para estrechar las manos del Padre. Gracias, siempre es "refrescante" leer líneas así luego de un día cargado de mucho trajín.

Bravo Juan! Es verdad, Saludos de Escocia!

Gracias, Juan, por tu abrazo animal celestial. Por el don de tus poéticos blogs , artículos y libros tus manos proclaman que ellas son más benéficas que lo obtuso.
Pienso junto a muchos hermanos que las manos abiertas abundan más que las cerradas.
All ver las manitas que contempla curiosa mi nietecita de cuatro meses mi espíritu exalta de gozo, porque nuevas manos se abren para acariciar y cuidar de la madre naturaleza, manifestada en todas sus formosas obras.

Que maravillosa, Juan Arias, tu oda a las manos. Gracias por tu sensibilidad!

Lindo texto, Parabens!

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Sobre el autor

es periodista y escritor traducido en diez idiomas. Fue corresponsal de EL PAIS 18 años en Italia y en el Vaticano, director de BABELIA y Ombudsman del diario. Recibió en Italia el premio a la Cultura del Gobierno. En España fue condecorado con la Cruz al Mérito Civil por el rey Juan Carlos por el conjunto de su obra. Desde hace 12 años informa desde Brasil para este diario donde colabora tambien en la sección de Opinión.

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