Juan Arias

¿Qué olemos y qué tocamos?

Por: | 15 de mayo de 2013

Sentidos (olfato)
He leído que el feto siente ya los olores en el vientre de la madre
y que desde muy pequeño es capaz de descubrir por el olfato a la madre en medio de la máxima oscuridad.

Los neurocientíficos nos explican que el olfato es fundamental para fijar la memoria. Y todos recordamos con viveza los olores de nuestra infancia: de la casa, de las comidas, de los vestidos.

Yo recuerdo muy vivos el olor del montón de patatas de la bodega cuando empezaban a germinar.

Hacía más de 40 años que no comía la fritá que me hacía mi tía Fabiana en Baza (Granada). Cuando hace unos meses vino aquí a Brasil mi sobrina María José salió a relucir el tema de la fritá y de repente el olor del tomate y los pimientos fritos me llegó como una oleada de perfume de lo profundo de la memoria, como si estuviera saboreándolos en Baza aquella misma mañana.

Los humanos hemos ido perdiendo la fuerza de los sentidos, de todos, del olfato y del tacto, de la vista, del gusto y del oído. En eso, los llamados animales nos dan aún mil vueltas. Gatos y perros poseen un alfato, por ejemplo, millones de veces más agudo que el nuestro.

Sobretodo los urbanos, vamos perdiendo los sentidos poco a poco.

Estamos perdiendo la vista y su agudeza para descubrir los matices de las cosas. Una indígena me explicó que mientras nosotros conseguimos, en un bosque, distinguir al máximo media docena de tonalidades de verde, ellos consiguen ver hasta 300 diferentes.

Perdemos el oído poco a poco golpeado diariamente por los ruidos altos en decibeles. He leído un estudio en que alerta sobre la grave pérdida auditiva de los jóvenes como consecuencia de las música alta de las discotecas o de la escuchada por ellos en solitario en los auriculares.

Sentidos (oido)
Estamos perdiendo el tacto, sobretodo los europeos, porque nos enseñaron en los viejos catecismos que acariciar, besar, abrazar, tocar era pecado. Aquí en Brasil, donde vivo, ese miedo al tacto aún no existe y las personas se abrazan y besan con la máxima naturalidad.

Hoy está en auge la gastronomía y con ese motivo se vuelve a valorizar el sentido del olfato que estábamos perdiendo. Pero esa gastronomía moderna, sofisticada, nuclear, hecha más para la vista que para el olfato se queda muy lejos de los olores que desprendían los viejos pucheros preparados en las cocinas de leña.

O aquel cabrito que me hicieron probar una vez unos campesinos en Turquía, asado al calor de las brasas de un fuego hecho en el fondo de un hoyo en la tierra. El cabrito era colgado sobre las brasas y el agujero era tapado con barro. Después de unas horas volvían a abrir el hoyo y el cabrito salía dorado y desparramando un perfume penetrante. Aquella carne ( que me perdonen los vegetarianos) se podía comer ya con el olfato.

Si el sentido del olfato es ya importante para el feto y para sus futuras relaciones con la madre, ¿por qué lo estamos perdiendo de adultos?

Quizás porque nos hemos vuelto doblemente asépticos, en el cuerpo y en el alma. El calor y el olor del prójimo nos interesan cada día menos. Preferimos el no olor de la soledad. Un presidente de la república de Brasil llegó a escandalizar al afirmar que "prefería el olor del estiércol de los caballos al olor de los pobres".

Las multinacionales de los perfumes nos han convencido que es mejor no oler a humanos. Mejor la química que nos ofrece y con la que se enriquecen.

Con la pérdida del olfato natural de la piel y de las cosas hemos castigado duramente a la sexualidad y a la sensualidad que se nutren también de los olores de la naturaleza.

Sentidos (olores)
Los niños nos dan ejemplo en este campo. Ellos han conservado la esencia y la fuerza de los olores naturales. Lo tocan todo; se embadurnan con todo; se divierten y gozan revolcándose en la naturaleza de las cosas. Huelen a vida, a tierra.  Nosotros olemos cada vez más a cosas artificiales, muertas.

Distinguimos mejor a la persona amada o al simple amigo por la marca de su colonia que por olor de su piel. Los niños descubren en la oscuridad a la madre no por el perfume de un frasco, sino por el olor que desprende no sólo su piel sino también su corazón, el amor de ella hacia el pequeño, por las vibraciones de su cuerpo real.

Hay un olor que se hace cada día más fuerte y presente en el mundo: el olor de la gasolina en las ciudades y en las carreteras; la de la pólvora de las armas; el de la corrupción política y económica; el olor de la impunidad de los poderosos; el olor de la indiferencia hacia el prójimo, que lo preferiríamos cada vez menos próximo, más lejano.

Sentidos (tacto 3)
Y lo peor de todo es que no sólo somos ya incapaces de captar y disfrutar el olor natural de las personas y de las cosas como el feto en el vientre de la madre, sino que ya no sabemos reconocer a los otros.

Al abstraernos de las preocupaciones por los demás, perdemos hasta nuestra identidad.
Nos cuesta cada vez más reconocernos.
?A qué olemos?
¿ Quizás a plástico, a gasolina?
¿O a nada?

Felices los niños que aún saben disfrutar, sin complejos, del olfato y del tacto. Y felices las madres que también gozan con ese olor inconfundible del bebé. Y con el tacto de los estrujones que les dan.

Felices sobretodo los animales no humanos, que ellos saben aún divertirse con los cuatro sentidos. Saben olerse y tocarse. Muchos, como los gatos, hasta ven en la oscuridad. Saben gozar de la vida sin necesitar plastificarla.

?A qué huele el plástico?

Sentidos (tacto)


 

Hay 10 Comentarios

Muy interesante tu modo de analizar el olor y el tacto. Yo, particularmente soy alèrgico a muchos olores artificiales. Lo que sucede, en la actualidad, es que le dan mucha importancia a la apariencia; lo demás es complementario; entonces, todo lo vinculamos al sentido de la vista, de tal manera que actualmente se dice que un tema musical es bonito, si las imágenes que se ven en el video son agradables; se podría decir que se escucha por los ojos.

Los olores y los sabores forman parte de nosotros mismos. Podemos vivir deprisa , comer como pavos y no apreciar como debiéramos las sensaciones que a diario pasan a través de nosotros. Nos empeñamos en sacar fotos de todo como si fuera la única manera de retener nuestros propios recuerdos. Los recuerdos mas bonitos, mas personales, mas inconfundibles aparecen en los sabores y en los olores. El olor a leche de la piel de nuestros bebes lactantes, el olor de una madre que te abraza , el olor de la comida haciéndose cuando vuelves de la escuela. el olor del pan recien horneado....un sinfín de recuerdos que nos sorprenden cada día y a lo largo de nuestra vida.
Juan nunca olvidaré tus ojos, tu expresión infantil y traviesa cuando probaste "la fritá" ..... ese sabor que nos volvió a nuestro pasado. Besos. MJ

La maldición de Bela Guttman revive en Ámsterdam http://500copa.blogspot.com.es/2013/05/maldicao-de-bela-guttman-revive-em.html

La maldición de Bela Guttman … parte II (Vidas paralelas desde Yokohama) http://500copa.blogspot.com.es/2013/05/maldicao-de-bela-guttman-parte-ii-vidas.html

Quero agradecer a Juan Arias pelo carinho, respeito e honestidade de suas palavras à respeito do Brasil. É para mim motivo de orgulho saber que estamos, finalmente, sendo respeitados pelo que somos, povo sofrido e trabalhador que merece esse amor. Obrigado Juan Arias.

Cheiros bons: de maresia, de orvalho, fumaça de fogueira em festa de São João, cheiro de incenso de igreja, cheiro da lua cheia, cheiro de carro novo, cheiro de livro de papel, de biblioteca, cheiro de pão saindo do forno, cheiro do quarto depois do banho do bebê, cheiro do bebê, cheiro de cocô de bebezinho novo, que só toma leite materno.
Cheiros ruins: cheiro de oleo diesel, cheiro de bêbado, cheiro de banheiro mal lavado, de bloco cirúrgico, de estádio de futebol em dia de decisão, de praia lotada de gente, cheiro da testoterona do macho alfa querendo mostrar poder e dinheiro.

Viejas contradicciones y una sola osadía es muy poco para el pentacampeón
http://500copa.blogspot.com.es/2013/05/uma-ousadia-e-velhas-contradicoes.html

Buenos dias
todo es muy complejo, con 6 billones de almas penadas en el mundo, la naturaleza se va hundiendo ante la ganancia de la gente los animales, los campesinos y todo un estilo de vida...
Las especies florestales que desaparecieron o están muy cerca de desaparecer.....mme recuerdo cuando niño habia una fruta campestre llamada "gabiroba" que crescia en el campo....hace más de 30 años que no veo una gabiroba (para los brasileños les digo que habia dos tipos de gabiroba, una que es un fruto de un árbol, esa todavia hay en mi región, y otra que era un arbusto en el campo, a que pertenecia al campo desapareció....),
Cuanto más gente en el mundo, menos espacio para los animales y para las plantas, pero es más votos para los comunistas que se mantienem a custa de la ignoráncia del pueblo.....
NO veo salida en el porvenir, al fin los gobiernos no quieren hablar de control de la poblacion,,,y asi se vamos todos hundiendo despacito....

Las personas a diferencia de los animales, hemos sido creadas y dotadas de inteligencia y razón.
Seguramente con un propósito y muy a largo plazo según nuestro concepto del tiempo.
El de crecer en esa dirección de seres superiores, hasta donde seamos capaces, y el cuerpo nos aguante.
Partiendo de los mismos principios que el resto de las especies, nos hemos ido distanciando poco a poco en la medida que hemos ganado en ciencia.
De forma desproporcionada quizás.
Pero es que nadie es perfecto.
Estamos en la etapa en que empezamos a discernir entre los abusos y las desigualdades injustas.
También nos damos cuenta de lo que estamos dejando por el camino.
Y todo ese resuman nos sitúa en un estadio superior al que teníamos solo hace un siglo atrás.
En un crecimiento ascendente cada vez más rápido.
Al volver la vista da vértigo.
Pero es parece ser el propósito a la vista de lo que tenemos y de lo que aparentemente somos.
Encerrados en esta bola, y en los confines de la galaxia.
Por alguna razón.

No sé yo...eso de andar oliendo a las personas me parece más cosa de simios que de personas. El olor a sobaco por más que sea una onda tipo new age (algo pasado de moda ya) me van a resultar siempre desagradables. Más allá de las cualidades odoríferas de cada quien, es cuestión de sensibilidad personal. A mí hay olores que me son gratos, como el de los jacintos, sin embargo hay otros que prefiero evitarlos. El olor a orín humano seco en baños de barsuchos de cuarta me son vomitivos. No me va eso de ir oliéndole el trasero a las personas para identificarlas, eso se lo dejo a los perros.

Juan Arias, si te interesa indagar en el primitivo sentido del olfato y sus insospechadas consecuencias te recomiendo leer un libro magnífico -lo leí tres veces- "El perfume, retrato de un asesino" de Patrick Suskind.

indigenistas sutiles

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Sobre el autor

es periodista y escritor traducido en diez idiomas. Fue corresponsal de EL PAIS 18 años en Italia y en el Vaticano, director de BABELIA y Ombudsman del diario. Recibió en Italia el premio a la Cultura del Gobierno. En España fue condecorado con la Cruz al Mérito Civil por el rey Juan Carlos por el conjunto de su obra. Desde hace 12 años informa desde Brasil para este diario donde colabora tambien en la sección de Opinión.

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