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26 febrero, 2007 - 11:51

Diario de rodaje de Alberto Arce. Invasión en Nablus. 14 de agosto de 2004

"Escribo desde Nablús, bajo un toque de queda que dura ya más de cuatro días. El ejército de Israel hace gala de sus exquisitos modales y sentido del humor, denominando la operación que desarrollan "recogida de basura". Buscan militantes de organizaciones de resistencia armada en la ciudad y en sus tres campos de refugiados. Están ocupando casa por casa, comenzando por el barrio antiguo, entran en todas las casas en las que sospechan que se esconde algún militante, o simplemente para apostarse en ellas y controlar los alrededores; cuando se trata del último caso, generalmente mantienen a la familia como rehén, en alguna de las habitaciones, y de ese modo se aseguran de que no serán atacados."

"En estos momentos, los palestinos aseguran que treinta casas están ocupadas por el ejército israelí. Esta tarde he logrado visitar tres de ellas. En la primera, un matrimonio con sus cuatro hijos ha podido salir a la puerta para decir que se encontraban bien y que esperaban que los soldados la abandonen en breve porque les habían visto ordenar sus mochilas y hablar repetidamente por la radio; En la segunda he contemplado a los soldados mientras abandonaban la casa, no sin antes haberse procurado un buen recuerdo: han roto todos los muebles que han podido e incluso han tenido tiempo de pintar eslóganes sionistas en las paredes de las habitaciones. En la tercera, dos voluntarios europeos (un italiano y un británico) habían sido tomados como rehenes por los soldados varias horas antes, cuando pretendían entrar en la casa acompañando a un equipo médico."


"Si no fuera por el sufrimiento que se aprecia en las caras de los palestinos que viven en la ciudad vieja de Nablús hay aspectos del toque de queda que se parecerían más a una película de los Monthy Pyton, que a una guerra. Es imposible no sorprenderse por la facilidad con la que los extranjeros nos movemos por la ciudad, persiguiendo a soldados que desarrollan una operación militar. Imagínense la escena: treinta extranjeros en grupos de cinco personas siguiendo a soldados que vuelan puertas, irrumpen en casas, interrogan al vecindario, lanzan continuamente bombas de sonido y disparan con fuego real de tanto en tanto para amedrentar, y en algún caso herir gravemente, a los niños que les tiran piedras constantemente."


"Ha sido un día largo en Nablús. Muy largo. Desde las ocho y media de la mañana hasta la noche, cuando aumenta el nivel de peligrosidad y es necesario retirarse al tejado en el que duermo, me he dedicado a seguir a los soldados israelíes. He tratado de estar presente en varias de las casas que han allanado, para comprobar que no se exceden más aún en el abuso que constituye que 15 soldados entren en un hogar, encierren a una familia en una habitación durante cinco horas, y pongan el resto de la casa patas arriba o incluso la vuelen con cargas explosivas, como hemos presenciado en al menos tres ocasiones."


"La escena se repite una y otra vez con pocas variaciones. Los soldados, en posiciones de combate, se dedican a pasearse por la ciudad antigua, tan llena de callejones y recovecos como cualquier zoco de cualquier ciudad árabe. De vez en cuando pegan una patada en una puerta y entran a registrar una casa. Saben perfectamente que no van a encontrar nada porque todos sus movimientos tienen más de repetición y entrenamiento que de intención real de localizar a quien pretendidamente buscan. Está claro que su objetivo se limita única y exclusivamente a mantener una guerra de desgaste psicológico que deje inermes a los palestinos. Cualquier presunto terrorista a quien buscasen hoy habría tenido tiempo más que de sobra para escapar. ¿Qué sentido tiene mantener encerrado durante horas a un matrimonio de ochenta años para que quince soldados y un perro registren una casa que no supera los 50 metros cuadrados?. ¿Qué sentido tiene volar con explosivos la sala de estar de una familia para comprobar si detrás de alguna de las paredes se esconde un zulo? Demostrar quién tiene el poder, humillar y destrozar los nervios de las víctimas."


"Lo peor de todo esto es que, tras varias conversaciones con jóvenes soldados que no sobrepasan los 21 años, justifican este tipo de comportamiento como freno al "terrorismo suicida". Pese a la irónica alusión al cine de los Monthy Pyton, que se refiere expresamente a la extrañeza de que el ejército permita presenciar su invasión de la ciudad, la situación es absolutamente trágica. Los niños miran, con odio, cómo se humilla a sus padres. Los padres saben que sus hijos seguirán expuestos a esta situación durante años y los abuelos se preguntan por qué llevan sufriendo todo esto desde 1948. El sometimiento constante de estas ciudades, la aleatoriedad de las represalias y la imprevisibilidad del comportamiento israelí supone una presión psicológica de tal calibre para los miles de jóvenes palestinos sin ninguna expectativa de futuro que, aderezada con una buena dosis de fanatismo religioso, sólo puede enconar aún más el conflicto."


"En un principio, cualquiera podría pensar que un ejército que se comporta de ese modo no quiere testigos; pero la experiencia demuestra que se trata de todo lo contrario: el ejército permite que nosotros y las cadenas de televisión del mundo árabe presenciemos la invasión de Nablús para avisar al mundo de lo que están dispuestos a hacer. Ningún atisbo de vergüenza o arrepentimiento, ninguna autocrítica, ningún intento por parte de los soldados de esconderse para disparar a grupos de niños."


"He visto a un niño con un tiro en la cabeza. No puedo expresar la sensación de rabia, impotencia y odio que me provoca. No sé cómo explicarlo, no sé cómo olvidarlo ni cómo podría narrarlo a mi regreso a España. No he visto nada excepcional. Sucede todos los días. Es la norma, el triste bucle de muerte y más muerte que se retroalimenta a sí mismo."

Yo, Alberto Arce


En agosto de 2004, Alberto Arce un gijonés de 30 años, decidió filmar, con una pequeña videocámara y sin experiencia previa, una invasión israelí en la ciudad palestina de Nablus. Si nadie le contrataba como periodista, se convertiría él mismo en comunicador, tratando de demostrar que el activismo y la iniciativa no están reñidos con la información. Acompañado de un grupo de voluntarios internacionales del ISM (International Solidarity Movement www.palsolidarity.org ) recorrió las casas ocupadas por el ejército para comprobar el estado de los civiles detenidos y tratar de comprender las motivaciones de los jóvenes soldados para justificar ante un observador externo y ante sí mismos un trabajo tan controvertido. Desde entonces, Alberto no ha parado de recorrer el mundo gracias a este documental que le valió la deportacón de Israel. El reportaje “Nablus, la ciudad fantasma” ha sido merecedor, entre otros, del Premio “Nuevos Realizadores 2005” de Televisió de Catalunya y del Gran Premio Santiago Álvarez del ICAIC Cubano. Entre nominación y nominación internacional, este periodista forjado a base de experiencia no ha parado de recorrer el mundo con el único objetivo de vivir la información en primera persona.

Comentarios

No me ha gustado el reportaje, hecho de forma muy parcial e interesada, provocando continuamente de forma intencionada a los soldados israelís, me gustaría que fueses también valiente e hicieses lo mismo a las fuerzas de seguridad en Irán o Siria, para ver si son tan accesibles y no te golpean o arrestan, en fin

Para Hanna. ¿Islamismo? ¿quien habló de islamismo? eres el unico que ha citado este termino. Por favor vuelve a leer el articulo porque veo que no has entendido nada. Me huele que eres judío, si es asi eso explicaria tu odio hacia los que buscan la verdad.

Sr.Langer,el Islamismo,como el còràn solo enseña el fanatismo,la muerte la sangre,y felicita a sus hijos,por hacer daño.y especialmente por morir por el Islam.Sus madres si estàn orgullozas,su fto se enmarca y se coloca en el recinto del Moshè ,templo Islamico ,y en su sala mas prodigiosa de la casa.Los Islamistas,es decir los arabes se reproducen como las cucarachas,rapidamente,solo con un pensamiento,inutil,y depravado teneis un arabe.Pero que esperais del futuro,???puès lo que hay.

Hola Alberto Langer,despuès de introducirme en este tema,leo lo de usted,si es verdad,pero que respuesta encuentra para un final????saludos

Si,señor Alberto Langer,asi es como Uds.lo describe.Pero no se encuentra soluciòn.Sld

Al Sr. Alberto Langer por llamarlo de alguna forma,me parece espantoso su comentario, denota en el una persona sadica, y sin principios morales, debes de ser una persona horrorosa y cruel.
Paula Garcia

Lo mismo de siempre, cuando se critica a Israel, siempre tienen que venir con lo que hacen los demás países. Lo de Arabia Saudí es de lo más patético que he visto hasta ahora. ¿Cuántos iraqíes viven del lado saudí de la frontera?

Y sobre todo, ¿cuándo han dicho Marruecos y Arabia Saudí que eran las únicas democracias de Oriente Medio?

Estúpida basura humana.

Hablando de muros, ¿sabian ustedes que en el sahara occidental ocupado por las fuerzas marroquies hay un muro de casi 3000 km, donde hay apostacdos unos 160.000 soldados y baterias militares, para separar el sahara liberado del ocupado?
Veanlo aqui, o busquen en google sahara muro.

http://www.spsrasd.info/sps-s270104murhonte.html

Depende de quién lo haga
octubre 6th, 2006
Blog Israel - Net

Hace unos días anunciábamos como Arabia Saudí quería construir su propia valla de seguridad con Irak. Esta mañana me puse a leer la prensa, quería destacar un par de artículos.

Irak/A.Saudí.- Arabia estudia construir una valla en los 900 kilómetros de su frontera con Irak

DUBAI, 27 (EP/AP)
Arabia Saudí está estudiando la posibilidad de construir una valla a lo largo de los 900 kilómetros de frontera con Irak para evitar que los terroristas entre en el reino desde el país vecino.

La valla, que se tardaría probablemente entre cinco y seis años en construir, forma parte de un paquete de 12.000 millones de dólares (9.400 millones de euros) de medidas, incluidos censores electrónicos, bases y barreras físicas para proteger al reino de las amenazas externas, indicó un consejero de seguridad del Gobierno saudí, Nawaf Obaid.

Todos los países vecinos de Irak, incluidos los saudíes, temen que la violencia pueda desbordar las fronteras y amenace su propia seguridad.

Para los saudíes, la amenaza la podrían plantear los milicianos saudíes que regresan al país para continuar la lucha contra la monarquía, aliada de Estados Unidos, o de extremistas chiíes que buscan provocar problemas entre la minoría chií del país.

Obaid dijo que los contratos para las obras de la valla, que se espera que coste unos 500 millones de dolares (391 millones de euros), no han sido concedidos y el trabajo no se espera que comience hasta el próximo año.

Terra
A.Saudí planea construir una valla de seguridad en la frontera con Irak
El gobierno de Arabia Saudí estudia la construcción de una valla a lo largo de su frontera con Irak, para evitar el paso ilegal de personas, informa hoy el diario saudí As-Sharq al Awsat.

Según el periódico, el viceministro de Interior saudí, príncipe Ahmed bin Abdelaziz, dijo que la barrera serviría para evitar cualquier intento de infiltración por grupos que traten de amenazar la seguridad del reino.

La valla, de alambre de espino, dispondría de cámaras de control para convertir en inexpugnables los 814 kilómetros de frontera entre los dos países, indicó al rotativo una fuente oficial no identificada.

Si finalmente se acomete su construcción, sería una muestra de la preocupación de las autoridades saudíes por la creciente inestabilidad en Irak y su temor a que pueda extenderse al ultraconservador reino wahabí.

Me he leído los dos artículos y no he encontrado la palabra muro en ningún sitio, tampoco he encontrado paralelísmos con el muro de Berlín. En este caso es una valla metálica de 900 kilometros! y no se sabe cuantos serán muro y cuantos será valla. En cambio en Israel donde el hormigón no llega al 10 % de la valla es calificado sistemáticamente como muro y comparado con el de Berlín o con el Sudafricano, ojo! no se compara con el de Ceuta, Melilla y Holanda por ejemplo si no con muros políticamente incorrectos.

HAGO UN LLAMAMIENTO A TODAS LAS CONCIENCIAS CRITICAS A EXPONER SU VISION DE LA REALIDAD, PUES ME DEJA ATONITO TANTA PATRAÑA, MENTIRA Y DESCONOCIE
MIENTO JURIDICO QUE SOLO BUSCA PROTEGER LOS INTERSES SIONISTAS.EXPONGAN SU VISION, Y QUE ESTO SEA UNA VENTANA CRITICA, NO UN CUBO DE BASURA.

una oportunidad a la paz.no mas prejuicios, contra unos u otros.una oportunidad a la paz.

Creo que con la ley nacio la trampa.Nunca me he podido explicar de donde sacan los palestinos terroristas tanto armamento, ni de que manera lo esconden;pero si vemos los resultados de su trabajo practicamente todos los dias.Me parece practico y bueno la revision casa por casa.Algo asi deberian hacer en Irak los Norteamericanos.Pero el fanatismo religioso de esta gente no se va a detener hasta que CRISTO venga.

Palestina y el juego de la manipulación

G. Muñoz

No existe en la historia un conflicto más manipulado y tergiversado que el de Palestina. De nada sirve que todo el corpus jurídico internacional exponga con una claridad meridiana todas las violaciones que Israel ha cometido sobre unos territorios palestinos que no le pertenecen y un pueblo al que inflige una cantidad infinita de castigos, abusos y humillaciones. La alquimia de las palabras acaba por modificar los conceptos. La ocupación se ha ido convirtiendo en "territorios en disputa", el cumplimiento de la ley por parte de Israel en "concesiones" o "gestos", las colonias en "asentamientos" (incluso en "barrios judíos"), el muro en "valla de seguridad". Y, por supuesto, el terrorismo es un término del que los palestinos tienen la exclusiva. Esta manipulación del lenguaje ha ido transformando la visión del conflicto: los progresos hacia la paz dependen del comportamiento de los ocupados (la Autoridad Palestina) y no del ocupante (Israel), las presiones y exigencias recaen sobre la víctima y no sobre el verdugo, y los donantes internacionales pagan los costes de la ocupación sin desafiarla. Se dice "el desarrollo económico de los territorios palestinos es indispensable para asentar la paz en la región" (Banco Mundial), pero no se acompaña de la voluntad de atacar políticamente la causa que genera esa situación de crisis humanitaria, de manera que la ayuda internacional se ha convertido en la compañera de viaje de la ocupación. Es más, libera económicamente a Israel de su responsabilidad ante la ley internacional (que como fuerza ocupante tiene que asumir la asistencia a los ocupados), no exige nunca compensaciones a Israel por lo que destruye y una parte considerable de esa ayuda va a programas sobre la "reforma" y la "democracia", creando la ficción entre los palestinos y la opinión internacional de que existe un proceso político en marcha para la construcción del Estado palestino, cuando en realidad no se está haciendo nada para evitar que ese Estado palestino sea un bantustán inviable donde de poco va a servir la democracia.

El último eslabón de esta cadena de inversiones de la realidad la está protagonizando la desaparición (por ahora política) de Ariel Sharon. Al que fue toda su vida un "hombre de guerra" (o más bien de crímenes de guerra) se le califica de "hombre de paz"; a quien nunca reconoció jerarquía, leyes, normas, ni ética; al que nunca ha aceptado la más mínima idea de negociación con los palestinos, al artífice de la colonización judía en tierras palestinas, al hombre del apartheid y la limpieza étnica, al que ha hecho territorialmente inviable la existencia de un Estado palestino, el que ha cambiado la paz por el extremismo y la radicalización palestinas, ¡se le presupone un "legado" que hay que conservar! Consérvenlo, y Oriente Medio no verá nunca la paz ni la estabilidad.

La presentación de las elecciones palestinas está también sometida a esa dinámica de crear espejismos que ocultan la realidad. Se busca dar sensación de normalidad a una situación que es profundamente anómala porque se celebran sin ninguna perspectiva de que acabe la ocupación y porque dos tercios de la población palestina no tienen derecho al voto; y el tercio que lo tiene lo hace bajo ocupación militar (lo que interfiere en la libertad de movimientos de los votantes y en la de los candidatos para hacer su campaña). En Jerusalén Este Israel sólo ha permitido que voten 6.300 palestinos de los 110.000 que deberían hacerlo (esos "afortunados" han sido elegidos por sorteo), y todos los refugiados que no viven en los territorios vuelven a quedarse al margen del voto "nacional".
Las elecciones se celebran para elegir un Consejo Legislativo y, en consecuencia, un nuevo gobierno que no tendrá ningún Estado que gobernar, sino mantener un esqueleto institucional que permita plantear que todo el proceso hacia la paz depende del comportamiento de los palestinos y no de Israel. Las elecciones crean la ilusión de que existe un proceso político que eventualmente llevará al Estado palestino y mientras exista esa ilusión Israel puede continuar con su política de apropiación de territorio para llegar a una "solución" que ningún líder palestino puede aceptar. Por ello, ha impuesto el unilateralismo y ha ignorado a cualquier interlocutor palestino. Primero, el problema era Arafat, pero Abu Mazen no ha corrido mejor suerte y en el futuro el pretexto será que Hamás está presente en las instituciones palestinas. Mientras tanto, se sigue con el muro que invade el territorio palestino, se intensifica la colonización de Cisjordania, la judeización de Jerusalén Este, e incluso se sitia a los núcleos de población palestina israelí levantando otros muros que la aíslan y le van haciendo imposible la subsistencia. Objetivo: apropiación de territorio cuando quede limpio de palestinos. Y todo ello con el beneplácito de EE UU y el conformismo de los europeos.
Para los palestinos las elecciones tienen otra lectura. Son una búsqueda desesperada de poner en orden su propia casa, acabar con el caos y reforzar su liderazgo político. Mientras la popularidad de Hamás ha crecido, la de la OLP (y su principal grupo, Al Fatah) ha descendido. Pero el propio Mahmud Abbas necesita a Hamás en el juego político para conseguir imponer el orden. El éxito de Hamás le debe mucho a Ariel Sharon (recomiendo el artículo de Bradley Burston, "Hamas 'R' Us" en Haaretz 19 de enero de 2006). Despreciando cualquier nivel de negociación con Mahmud Abbas, Sharon no ha hecho absolutamente nada para que ganase un mínimo crédito ante su población; por el contrario, ha invertido en la radicalización y la violencia. Pero tampoco nadie se ha interesado por supervisar el comportamiento honesto y democrático de los actores e instituciones palestinas que nacieron al calor de la comunidad internacional en el marco de Oslo. La consecuencia es que la corrupción y la fragmentación clánica de Fatah, junto a su incapacidad por mejorar en algo la situación draconiana de ocupación, le pasan recibo hoy día. También hay que decir que la falta progresiva de perspectivas de un Estado palestino genera una dinámica viciosa: ha promovido las estrategias de supervivencia personales en busca de prebendas, desvíos de fondos y el "sálvese quien pueda" en las elites dirigentes palestinas. Así, Hamás se va a beneficiar, además de sus propios votantes, de muchos que ven en él una imagen de marca anticorrupción, lo cual es cierto, y del voto de castigo a Fatah. Ésa es la realidad, y ante la misma ¿qué posición habría que tomar?

La integración de Hamás en el sistema político palestino es un factor positivo y la mejor manera de garantizar el mantenimiento del cese el fuego, que ha respetado a pesar de las provocaciones constantes israelíes. Y no hay que ignorar que el uso del terrorismo de Hamás es la otra cara de la moneda del terrorismo de Estado que practica Israel. En los últimos meses, su dirección en las municipalidades constata que Hamás ha apostado por el buen gobierno (lo que facilitaría mucho la gestión de la ayuda internacional) y el pragmatismo, dejando de lado, salvo en algún caso excepcional, la imposición de normas islámicas. Otro síntoma es que su discurso en la campaña electoral ha dejado de lado los aspectos más radicales de su carta constitucional con respecto a Israel. Y, además, su incorporación en el gobierno local y nacional es la mejor vía para marginar la vía militar, porque la realidad es que la Autoridad Palestina no tiene ninguna capacidad de desarmar a Hamás.
Frente a esta realidad, EE UU y la UE están manteniendo una posición carente de sentido (aceptar y facilitar su participación pero amenazando contra su éxito electoral) con el riesgo de no aprovechar un hecho inevitable que puede tener un impacto positivo, porque es claro el deseo de Hamás de obtener reconocimiento internacional. Cortar la interlocución con ellos, y no aceptar los resultados democráticos de las elecciones, les llevaría a perder la ocasión de condicionar y alentar una refundación de Hamás que fuese gradualmente dimitiendo de su estrategia militar y aceptando la negociación con Israel. Claro está que eso significaría también presionar con firmeza a Israel para que negocie. Quizá sea ése el verdadero problema que no quieren afrontar.


Sra. Samsó

También hay mucha gente europea que le duele la conciencia y el bolsillo cuando ven que más de 1.200.000.000 de dólares – salidos de gobiernos europeos- son dilapidados en armamento y terrorismo, mientras el pueblo palestino se muere de hambre, sin trabajos, ni comida ni servicios.

Cuestionar las decisiones de la ONU en lo referente a la creación de estado de Israel es más de la retórica antisemita para decir que fue un error, ¿si hay 198 naciones en el mundo y una sola es judía, porque hay que borrarla del mapa?

Mire ud. los palestinos han probado ser incapaces de controlase así mismos, sin ir mas lejos inmediatamente de la entrega de Gaza las guerras sangrientas y las matanzas entre ellos no se hizo esperar, Hamas empeoro las cosas, y hoy por hoy siguen muriendo mujeres, jóvenes y niños entre ellos mismos; como es usual inmediatamente empezaron a lanzar ataques desde Gaza con cohetes y bombas; se encontró un corredor subterráneo donde contrabandeaban armamento desde Egipto, etc. etc. etc. Es evidente que Israel no puede dejar de controlar las fronteras exteriores de Gaza, seria lo mas tonto que pudiésemos hacer no se necesitan muchos dedos de frente para entenderlo.

Retirarse a unas fronteras minimamente defendibles, por la incapacidad probada de la AP para detener el terrorismo de sus facciones fundamentalistas, es lo que ha obligado a Israel hacer lo que hace.

Israel devolvió a Egipto la península del Sinaí, entrego el territorio al Líbano y ha hecho numerosas concesiones de tierras en cisjordania a la AP a cambio de un cese de hostilidades que brilla por su ausencia y mas reciente unilateralmente entrego Gaza, solo Egipto y Jordania han hecho y respetado un pacto de paz.

Devolver los altos del Golan a quines han encabezado varias guerras contra Israel y quines son financiados y apertrechados por el líder actual del terrorismo antisemita: Irán, es una estupidez tan grande como los que la proponen.

¿La historia se vulva a repetir? Hizbola se está rearmando por suministros directos de Irán y Siria esta moviendo ingentes cantidades de tropas a su frontera sur, Irán prueba misiles de largo alcance y hace todo lo que esta a su alcance para lograr armas atómicas en lo que se conjuga una evidente movilización para una guerra inminente ¿sorprende? No, no sorprende para nada, ya esto se ha repetido 5 veces desde 1948 y las 5 veces Israel los ha derrotado y esto se volverá a repetir. Si es que lo que no le perdonan a Israel es que siendo ellos tantos con tantos ejércitos y millones de soldados no puedan derrotar al pequeño David.

Irán protege y financia al Hizbola, Hamas y demás y es el GRAN terrorista de la región, dictadura de ayatolás sedientos de sangre que van guiando a su pueblo al exterminio y con suerte se llevaran a Siria, Hamas, Hizbola y a todos sus compinches con ellos.

Le sorprendería saber que hay millones de personas en todo el mundo que sienten simpatía por Israel.

Por lo demás sus comentarios son una apología del terror, exaltando al Hizbola y sus camaradas.

Sr. Ariel

La verdad lo que escribe usted no vale sino ignorarlo, solamente ignorarlo, pero aun así quisiera hacerlo un único comentario cortito, aunque se podría hacerle decenas de páginas, pero no vale la pena tanto. A parte de eso, por lo que veo en esta pág. hay gente que dedica mucha tiempo a aclarar las cosas para los que le ignoran, hay mucha gente europea que le duele la conciencia por la postura vergonzosa de sus gobiernos hacia este conflicto. Bueno, no es de extrañar esta postura. ¿A caso son los gobiernos coloniales (europeos) que han creado su estado…? ¿A caso Israel puede seguir existiendo sin la protección del estado terrorista nº uno (EEUU) y sus aliados?

¿De qué tonterías está hablando usted? Por favor, ahora ya no son territorios ocupados, sino tierras en disputa… el 98 de la población palestina están bajo control de la ANP… por favor que estupidez!!!!!!!!!!! Si toda la ANP con toda su población y con todo su territorio está bajo OCUPACIÖN FASCISTA israelí…
Los habitantes españoles ocupan el 5% del territorio español, por ejemplo, entonces ¿qué? Entregamos el 95& al estado fascista de Israel? Y los españoles no estarán bajo ocupación, sino su tierra. Por favor, que diga algo minimamente razonable.
¿Ustedes han entregado Gaza a los palestinos? Vaya fascismo israelí vivimos… ¿A caso el ejercito nazi israelita no controla TODAS las fronteras de la franja de Gaza (el 5% del la Palestina histórica)? ¿No controla sus fronteras con el mar, con Egipto a través de sus cameras y nadie puede salir o entrar si Israel no lo desea? ¿A caso no controlan todo su espacio aéreo? ¿A caso no habéis asesinado a 250 palestinos sólo en la propia Gaza desde su “entrega”? ¿A caso no cierran sus fronteras con Egipto diariamente y los llamados observadores internacionales no pueden hacer nada?
Ustedes nunca serán bien vistos por la población mundial, a pesar de su control de la mayor parte de los medios de comunicación (la tele, el hollywood…), hasta cumplir todas las resoluciones de la ONU, TODAS, las de la ocupación o las de la vuelta de los refugiados a sus tierras y compensarles por el daños y el gran sufrimiento superior al suyo en el holocausto, hasta que el pueblo palestino no tenga su estado VIABLE en TODOS los territorios que fueron ocupados en 1967, y devolver los altos del Golán a sus propietarios, los sirios… nunca.
Realmente, nunca la historia ha conocido gente que ejerce una política de nazis y llora de ser victimas, por favor. ¿Cómo la gente, LA POBLACIÓN mundial puede teneros alguna simpatía? ¿Cómo? Ahora bien, nuestros gobiernos occidentales, que son sus creadores y muy buenos protectores, es totalmente otra cosa, aunque también diría que están hartos de ustedes, pero sus intereses están por encima de toda ética…
Realmente, la comunidad internacional tiene que hablar del nuevo holocausto, el palestino, a mano de los nazis de hoy, que son ustedes, los israelitas (salvo aquellos progresistas que se sienten vergüenzados por su estado nazi y los hay, aunque sea aun una minoría…).
Que caiga usted mejor, porque los nazis como usted perjudican montón a aquellos israelíes y judíos no israelíes que luchan por una mínima justicia para el gran pueblo palestino, porque piensan en el futuro lejano de sus nietos sino hijos. Hizbulla (el partido libanés resistente y admirable) les ha demostrado la justicia que no se consigue rogando, se conseguirá haciéndoles a los ocupantes llorando. Espero que esta muy buena lección despierte a más y más gente en este estado realmente fascista.

Alba Samsó

Israel-Palestina: la geopolítica de la divinidad

B. Guigue

Contrariamente a lo que sugiere una idea preestablecida, los orígenes del conflicto entre Israel y Palestina no se pierden en la noche de los tiempos. Por muy bello que parezca en el discurso de algunos protagonistas situar el origen en una época ancestral, la demostración sólo convence a los convencidos. Lejos de radicar en la rivalidad entre Israel e Ismael, el conflicto israelo-palestino es un retoño de la modernidad: judíos y árabes se enfrentan en Palestina desde hace un siglo, mucho tiempo en términos absolutos, pero muy poco desde el punto de vista de la historia.
Sin embargo a menudo aceptamos la idea de que este enfrentamiento, surgido a principios del siglo XX, nos llega de tiempos inmemoriales. Como si fuera satisfactorio para el espíritu creer que un conflicto tan tenaz pueda tener otro significado además del histórico, le prestamos una eternidad imaginaria. Y porque en él a menudo se confunden lo político y lo religioso, creemos poseer con esta confusión la explicación suficiente de su aparente irreductibilidad.
Si el conflicto tiene una dimensión religiosa, ésta, evidentemente, no lo resume. Y sobre todo, tampoco lo explica. Omnipresente y repetitiva, la retórica de lo sagrado ejerce un efecto de agrandamiento. A menudo conduce al observador a sobrestimar la importancia del factor religioso. Por el hecho de que crean en ellas, las ideas que invocan los contendientes no proporcionan una explicación plausible de los acontecimientos.
Bien es verdad que Palestina es algo más que Palestina. El montón de creencias que se remiten a ella puede convertirse, llegado el caso, en una auténtica fuerza material. Es Eretz Israël (la Tierra de Israel) para unos, el joyero de Al-Qods (La Santa) para otros. Espacio sagrado, espacio simbólico, Palestina es un espacio-pretexto que se presta a las tentativas de apropiación exclusiva; y la lucha se presenta tanto más encarnizada en cuanto que ambos campos reivindican las mismas credenciales.
El sionismo, a pesar de sus proclamas laicas, está fundado sobre una representación casi mística de Eretz Israël. Es inseparable, en su esencia, del compromiso físico y espiritual que vincula a los judíos con la tierra de Israel. La liturgia radica allí, las fiestas judías hablan del país de Israel. Para algunas corrientes del pensamiento judío, la alteración de las relaciones del pueblo judío con su tierra es el síntoma de una alteración de sus relaciones con Dios. La vuelta de los judíos a la tierra de Israel para trabajarla, vendría a reparar la relación con Dios estropeada por el exilio. Para las almas en pena del judaísmo ruso a finales del siglo XIX, la tierra de Israel encarnó al mismo tiempo la redención moral y el renacimiento físico.
El logro principal del sionismo es que ha convertido la tierra soñada en el motor de una emancipación nacional. La ideología moderna ha laicizado la esperanza mesiánica sustituyendo la espera del salvador por la acción política destinada a tomar posesión de Eretz Israël. Pero para Theodor Herzl, "si la reivindicación de ese pedazo de tierra es legítima, entonces todos los pueblos que creen en la Biblia tienen el deber de reconocer el derecho de los judíos". Bíblicamente establecida, la legitimidad de un estado judío en Palestina es evidente y el texto sagrado hace las veces de título de propiedad.
Desde esta perspectiva, el derecho de los judíos sobre la tierra de Israel se apoya en la trascendencia. Para la corriente sionista religiosa, el regreso de los judíos a Eretz Israël está propiamente grabado en el relato de la Alianza. El sionismo sigue escrupulosamente la vía trazada por el Todopoderoso: tomar posesión de la tierra que Dios les dio a los judíos forma parte del plan divino y renunciar a esta ofrenda sería contrariarle.
Igual que la derecha revisionista, los sionistas religiosos rechazan cualquier compromiso territorial con los árabes. Al día siguiente de la Segunda Guerra Mundial, el gran rabino de Palestina declaró ante una comisión internacional: "Tenemos la absoluta convicción de que nadie, ningún individuo ni poder instituido, tienen derecho a alterar el estatuto de Palestina que ha sido establecido por derecho divino".
El general Effi Eitam, jefe del partido nacional-religioso, explicaba en 2002: "Somos el único pueblo del mundo que mantiene un diálogo con Dios. Un Estado intrínsecamente judío tendrá como fundamento el territorio, del mar al Jordán, que constituye el espacio vital del pueblo judío… Nunca existirá otra soberanía que no sea la israelí entre el mar y el Jordán".
¿La Biblia una escritura notarial? Es verdad que abundan en el Libro los detalles sobre los contornos de la tierra prometida. Encontramos allí múltiples definiciones territoriales de Eretz Israël. La primera definición acompaña a la promesa de Yavé a Abraham en el Génesis (15, Trad. Œcuménique de la Bible): "Doy este país a tu descendencia, desde el río de Egipto al gran río, el río Eúfrates". Abarcando también un vasto territorio, el Éxodo (23) es un poco más preciso: "estableceré tu territorio desde el mar de los Juncos al mar de los Filisteos y desde el desierto al río".
Las definiciones bíblicas de Eretz Israël, ciertamente, están sujetas a variaciones. No todas tienen el mismo grado de precisión, su estatuto teológico es heterogéneo, los contornos de la tierra prometida oscilan entre una versión máxima y una versión mínima. Pero esta diversidad de las representaciones espaciales pone claramente de manifiesto un "núcleo duro" ya que en la abundante toponimia esparcida por el texto bíblico, los nombres de ciertos lugares aparecen investidos de una sacralidad extraordinaria.
Tras la conquista de la ciudad de los jebuseos por David, Jerusalén figura en el corazón del relato bíblico. Entra a formar parte de la gesta hebrea cuando el rey David decide trasladar allí su capital. Erigida en ciudad-faro del reino, la ciudad de David se santifica definitivamente bajo el reinado de su sucesor, convirtiéndose en el joyero de la presencia divina. El martirio sufrido en el momento de la destrucción del Templo no altera en nada la sacralidad, que se ciñe desde entonces a la espera mesiánica.
Antes de trasladar su capital a Jerusalén, David unificó a las tribus judías en una ciudad situada en el corazón de los montes de Judea: "Todas las tribus de Israel vinieron hacia David a Hebrón" (Samuel II, 5). Mencionada antes que Jerusalén por el texto bíblico, Hebrón goza de un grado de sacralidad igual o mayor. Vestigio prestigioso de la gesta abrahamica, la Tumba de los Patriarcas es objeto de una veneración a la medida de la santidad de Abraham, Isaac y Jacob. Estas dos ciudades santas, Judea-Samaria y Galilea conforman desde entonces el corazón histórico de Eretz Israël.
Investidos de un significado religioso, ambos lugares son también los vestigios de una historia nacional magnificada por la ideología sionista. Espacio de comunicación con la divinidad, son al mismo tiempo testimonio del movimiento hebraico. Por eso la arqueología israelí buscó allí obstinadamente los rastros de una antigua presencia judía. Presentando las pruebas de una ocupación ancestral, las excavaciones dirigidas por el "general arqueólogo" Ygal Yadin en los años 60, aspiraban a introducir en la historia algo que pertenecía al terreno de lo sagrado.
La opinión israelí creyó entonces, gracias a esas viejas piedras, poseer la prueba irrefutable de que los reinos de David y Salomón eran hechos históricos. En aquella época, la arqueología oficial no sólo aportó un respaldo científico al relato bíblico, sino que además ofrecía un discurso de sustitución que hacía superfluo el recurso de la fe para acreditar la historia hebraica. Pero esta supremacía de la argumentación histórica sobre el discurso religioso duró poco, porque a medida que avanzaban las investigaciones sobre el terreno, numerosas certezas adquiridas apresuradamente se desmoronaron. El director del departamento de arqueología de la Universidad de Tel Aviv, Israel Finkelstein ha hecho recientemente el inventario de los conocimientos sobre los sitios bíblicos y sus conclusiones son devastadoras:
"Las excavaciones realizadas en Jerusalén no aportaron ninguna prueba de la grandeza de la ciudad en las épocas de David y Salomón. En cuanto a los edificios monumentales atribuidos antaño a Salomón, parece mucho más razonable atribuírselos a otros reyes. Las implicaciones de esta revisión son enormes porque si efectivamente no hubo Patriarcas, ni Éxodo, ni conquista de Canaán, ni monarquía unificada y próspera bajo David y Salomón, ¿debemos deducir que el Israel bíblico como lo describen los cinco libros de Moisés, los de Josué, de los Jueces y de Samuel, nunca existió?" [1].
El resultado de estos desengaños arqueológicos no es ajeno al repentino regreso a lo teológico de la ideología dominante israelí. Poco les importa a los sionistas religiosos lo que revele la arqueología sobre los mitos fundadores, lo esencial es creer en ellos. Especialmente si esta creencia encuentra su lugar dentro de la espera escatólogica. Es decir, que el advenimiento de los tiempos mesiánicos resta validez a cualquier especulación sobre un pasado lejano.
Despojada de la credencial histórica, la gesta de los reyes de Israel es por tanto un mito movilizador que legitima el renacimiento de la soberanía judía en tierra bíblica. No es la primera vez que un dogma quebrado por la ciencia renace de sus cenizas, animado por un vigor nuevo. Y sin duda hará falta más para desarmar la convicción de los pioneros del Gran Israel, tanto más indiferentes a la historia cuanto más sueñan con la eternidad.
Sin duda podríamos decir de los sitios bíblicos lo que un historiador de la antigüedad decía de las ruinas de Troya: "estos lugares sagrados conmemoran menos hechos comprobados que las creencias que han suscitado y se han hecho fuertes arraigando en ellos". Esta geografía de lo sagrado rica en simbolismo es lo que alienta el sionismo, lo que inspira en Israel una geopolítica de lo divino que proporciona una coartada religiosa a la colonización judía.
A su manera, el Islam también sacraliza la tierra palestina. La percepción árabe y musulmana de Palestina hunde sus raíces en el texto coránico y sobre todo en la tradición que atribuye un papel primordial a Jerusalén. La fuente principal es la evocación del Viaje nocturno del Profeta: "Gloria al que hizo viajar por la noche a su servidor de la Mezquita consagrada a la Mezquita muy alejada cuyo recinto bendijimos para mostrarle algunos de nuestros signos. Dios es el que oye y el que ve perfectamente" (Corán, XVII, 1. Trad. D. Masson).
La mezquita muy alejada, que la tradición identifica con el emplazamiento del templo de Salomón, es el punto de llegada del viaje nocturno de Mahoma. Pero el relato del Viaje, en la exégesis coránica, es inseparable del de la Ascensión. En esta tradición, Mahoma efectúa un viaje iniciático que lo lleva hasta los esplendores celestiales. Este relato es el origen de la veneración dedicada a la cúpula de la roca en Jerusalén, el lugar desde el que Mahoma habría emprendido su ascensión hasta Dios. Jerusalén-Al Qods accedió entonces al prestigioso rango de tercer lugar santo del Islam.
Blanco de Las cruzadas, Al-Qods se convirtió además en el símbolo del enfrentamiento entre el mundo árabe musulmán y el mundo occidental cristiano. Por su brillo espiritual, la ciudad santa confiere al conjunto del territorio palestino el estatuto de un bien inalienable de vocación religiosa, un waqf. Y en la época contemporánea, si cristaliza tanto las pasiones árabes, es por ser víctima de una colonización sistemática por el Estado de Israel. Verdadero epicentro del conflicto, Al-Qods entra en resonancia con las tres dimensiones simbólicas de la causa palestina: el nacionalismo árabe, la defensa del Islam y la afirmación de la identidad palestina.
Si Al-Qods ocupa el primer sitio en el imaginario musulmán, el sitio de Hebrón merece indiscutiblemente el segundo. Los árabes llaman a la ciudad Al-Khalil (el amigo), título con el que el Corán honra a Abraham. Este último encarna en su pureza original el mensaje monoteísta. Con el "no sacrificio" de su hijo Ismael en La Meca, estableció la alianza original con Alá. Enterrado en Hébrón, confiere con su presencia espiritual un aura especial a la tierra palestina. Abraham conecta Arabia con Palestina, al mismo tiempo que relaciona la gesta bíblica con la predicación musulmana.
Así la sacralización musulmana redobla las sacralizaciones anteriores. Inviste el espacio sagrado del judaísmo con un nuevo significado que integra, sin borrarlos, los significados simbólicos nacidos del relato bíblico. Pero para los musulmanes, el mensaje coránico cerró definitivamente el ciclo de las profecías. Y si la tradición islámica le concede a la gente del Libro un estatuto particular, también postula de todas formas la irreversibilidad de la islamización.
¿Una guerra de religión el conflicto israelo-palestino? Esa es a veces la impresión dominante, en efecto. Y vemos que esta guerra no carece de municiones, por poca leña que se eche al fuego. Fruto de la intransigencia israelí, la segunda Intifada inauguró un nuevo ciclo de violencia donde se utilizó el repertorio religioso hasta la saciedad, como si la llegada a los extremos se encontrara confirmada por la divinidad. Y apareció la temática islamista del sacrificio por Palestina, replicando con virulencia a la brutalidad de la ocupación militar.
La práctica de los atentados suicidas demuestra especialmente la exacerbación de un conflicto que parece sacar de la fe religiosa su carácter inexpugnable. La figura del shahid constituye a este respecto, para las organizaciones palestinas, una respuesta simétrica a la retórica religiosa del adversario. Frente a una derecha israelí que invoca la Biblia para reivindicar el Gran Israel, el sacrificio supremo de los jóvenes mártires pretende combatir el sionismo en el terreno de la fe. Y olvidamos demasiado a menudo que el primer atentado suicida fue perpetrado por el ultranacionalista judío Baruch Goldstein, en Hebrón en 1994.
Esta fuerza de lo religioso en la ideología de los protagonistas explica, finalmente, otro fenómeno: la asombrosa desproporción entre la exigüidad del territorio disputado y la amplitud del enfrentamiento por lo que está en juego. En el momento de las negociaciones de Camp David (julio de 2000), la escala elegida para las negociaciones sobre Jerusalén no excedía el metro cuadrado. Este fenómeno sería incomprensible sin la excepcional carga emocional que se dedica a la tierra de Palestina.
Concentrado en la ciudad, desde Jerusalén un poderoso haz de significados simbólicos irradia el espacio situado entre el Mediterráneo y el Jordán. ¿La religión, aquí, tendría su faceta diabólica? ¿Este exceso de sentimientos sobre una geografía tan modesta condenaría al fracaso toda tentativa de arreglo entre protagonistas que se aferran al absoluto? ¿El exceso de transcendencia haría imposible la constitución del ruedo político donde habitualmente se zanjan los desacuerdos entre los pueblos?
En ninguna otra parte el enmarañamiento de las poblaciones está multiplicado hasta este punto por el enmarañamiento de los significados simbólicos. Y desde septiembre de 2000, el conflicto entre el Estado de Israel y el movimiento nacional palestino, en efecto, ofrece el aspecto de una guerra tanto más despiadada porque parece enfrentar a los pretendientes a la posesión del mismo espacio sacralizado.
No obstante, este paralelismo aparente corre el peligro de inducir al error. El sionismo, sea o no de inspiración religiosa, reivindica la Tierra de Israel sólo para el pueblo judío. Reduciendo el judaísmo a una religión nacional y particularista, exige la devolución de Palestina exclusivamente al Estado judío. En nombre de un derecho divino que repercute en el derecho internacional, postula la judeización intrínseca de una tierra que, sin embargo, acogió en su historia a numerosas confesiones.
En cambio la devolución étnica de la tierra palestina es totalmente ajena a la tradición musulmana. El Islam es una fe universalista que no erige a ningún pueblo singular por encima de los otros y no crea ningún privilegio exorbitante del derecho común. Al mismo tiempo que sacraliza Palestina, el Islam afirma el derecho a la diferencia religiosa. La carta de Hamás, por ejemplo, ofrece una garantía islámica indefectible al derecho de los cristianos y los judíos a vivir en Palestina. Lo que rechaza es la pretensión de un "Estado judío" que ejerza allí una soberanía absoluta.
Ciertamente la imposición de lo sagrado contribuye a endurecer el conflicto. Cuando la fe se convierte en el argumento supremo, no queda sitio para la negociación. Las posiciones de unos y otros están afectadas por una intangibilidad que no favorece la aproximación y excluye la síntesis. Pero no hay ninguna simetría entre las dos partes implicadas, sus pretensiones no son de la misma naturaleza. Es una reducción simplista afirmar que la derecha israelí y la dirección palestina rivalizan en intolerancia manipulando la religión. Y un artificio cómodo considerar de la misma forma esta doble sacralización condenándola a la misma reprobación indignada de la conciencia laica occidental.
Cuando Yasser Arafat rechazó el plan israelo-estadounidense sobre Jerusalén en Camp David, recordó lo que ninguno de sus interlocutores podía pretender ignorar y que figura en los documentos oficiales de la OLP: "Como parte integrante de los territorios ocupados en 1967, Jerusalén Este se incluye en las disposiciones de la resolución 242 del Consejo de Seguridad. Jerusalén Este es parte integrante del territorio sobre el que el Estado de Palestina, tan pronto como se establezca, ejercerá su soberanía". El Presidente de la Autoridad palestina no opuso a las pretensiones israelíes el relato coránico del viaje nocturno del Profeta, sino que citó las resoluciones de la ONU. En resumen, la misma legalidad internacional a la que apela hoy Hamás, subyacente en la proposición de tregua de larga duración formulada en 1995 por el jeque Yassine.
Entonces, ¿cómo escapar de este callejón sin salida? Paradójicamente, la universalidad simbólica del conflicto es, a la vez, lo que lo hace inextricable y lo que proporciona el elemento para su resolución. Porque el conflicto israelo-palestino no concierne sólo a los contendientes, la comunidad internacional tiene obligaciones al respecto; y el hecho de que haya sido totalmente incapaz de cumplirlas por su parcialidad hacia USA no las despoja en absoluto de su carácter imprescriptible.
No hay más salida al conflicto israelo-palestino que un reparto equitativo. Si no llegamos a ese reparto, el conflicto permanecerá irresoluble, como atado por las frustraciones de las que se alimenta. Grabada en el mármol de un reglamento definitivo, la delimitación de los espacios de soberanía hará desaparecer el principal motivo del enfrentamiento. Para disipar la confusión entre lo político y lo teológico, la mejor solución (hoy), es devolver a cada uno su casa.
Pero todo el problema reside, como hemos visto, en la definición solipsista de ese "su casa" a la que aparece obstinadamente aferrada una de las partes implicadas. Destinado por promesa divina a un pueblo determinado, lo consagrado -claman algunos- no se reparte. ¿Y si también en el caso contrario es rigurosamente cierto? Sin embargo el reparto se efectuó durante siglos, desde el califa Omar (que autorizó a los judíos a volver a Jerusalén) hasta el Imperio otomano, experto en tolerancia religiosa. Paradójicamente, hizo falta la irrupción en Oriente Próximo de un nacionalismo secular, al amparo de la ocupación colonial británica, para arruinar esta coexistencia armoniosa.
No es la abundancia de simbología lo que promueve el enfrentamiento, sino la pretensión de un estado confesional (y supuestamente laico) de apropiarse [la tierra] de forma exclusiva. Si la partición del territorio favorece el reparto de lo sagrado, es precisamente porque lleva a cabo la desconexión entre espacio simbólico y espacio político. Partición del territorio entre ambos estados, reparto de lo sagrado entre todos. Para poner fin a esta guerra, hay que reafirmar la irreductibilidad de lo sagrado; y, contra la geopolítica de lo divino, ilegitimar cualquier tentativa de apropiarse de lo inapropiable.
[1] Israël Finkelstein et Neil Asher Silberman, La Bible dévoilée, les nouvelles révélations de l’archéologie, Bayard, 2002, p. 150.

Un comentario no político a las elecciones legislativas palestinas de 2006

Enhorabuena, Palestina. Bienvenido, Hamas.

A. Velloso

La victoria de Hamas en las legislativas de 2006 es motivo de alegría no sólo para los palestinos, los musulmanes y los árabes. Aquí, a cinco mil kilómetros de Palestina, en una sociedad de cultura y religión diferentes, por no mencionar la situación política y económica, también se celebra esta victoria.
A esta hora, los habituales comentaristas anti-árabes y pro-israelíes, presentados como analistas y periodistas, intentan predecir el futuro, que vaticinan muy negro, mientras que los políticos sinvergüenzas de siempre, presentados como impulsores del “proceso de paz” amenazan sin recato una vez más al pueblo palestino.
A decir verdad claro que hay algún que otro analista decente y conocedor de verdad del asunto que ha escrito en tono positivo sobre el resultado electoral –políticos al parecer no hay-, pero lamentablemente esas aportaciones se quedan para una minoría de especialistas, mientras que el común de los mortales se ve abocado a sucumbir bajo la marea de tonterías y falsedades que se propaga por los medios de comunicación como si tal cosa, sin prestar atención al hecho de que la vida de millones de personas en Palestina- en general en Oriente medio- está en juego.
Por ello, si está usted satisfecho con lo que lee en los periódicos, escucha en la radio y ve en la televisión, no pierda el tiempo con lo que sigue a continuación. Pero si sospecha que algo huele a engaño entre tanta insistencia occidental sobre que los palestinos han de abandonar la violencia, han de reconocer a Israel, han de entregar sus armas, cuando precisamente sus hijos resultan muertos por soldados israelíes, cuando sus cultivos –su medio de vida- son arrancados y arruinados por los colonos israelíes, cuando sus tierras disminuyen día y día porque Israel las ocupa y las entrega a colonos judíos llegados de cualquier parte del mundo y cuando se les confina tras un muro que ha sido declarado ilegal por la Corte Internacional de Justicia, entonces puede seguir leyendo, quizás le sea útil.
Lo primero que hay que hacer es recapacitar sobre el fondo del problema palestino. Una y otra vez se hace ver que éste es culpa de los palestinos. Ahora toca acusar a Hamas, hace un año era Arafat, hace cinco era la Intifada, hace unos cuantos más era la intransigencia árabe y su negativa a dialogar con Israel, hace muchos más era que los palestinos no aceptaban la partición de la tierra entre ellos y los judíos, y al comienzo de todo era que, en palabras de los primeros sionistas, “Palestina es una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”.
Quiere decirse, como enseña el chiste, que no hay que dejar que la realidad te estropee una bonita historia. Si los colonialistas occidentales han hecho en Palestina lo que hacen en los demás lugares del mundo que conquistan, esto es, imponerse, robar y disponer de lo que les place, los palestinos tienen que tragar e incluso estar agradecidos. Punto final.
En los primeros años del siglo pasado Palestina estaba bajo mandato británico. La Reina de Inglaterra dio a los judíos de todo el mundo permiso para instalarse en una tierra que no era suya y con ello se malogró la aspiración de sus habitantes, los palestinos, a contar con un Estado en su tierra. Algo tan sencillo de entender, un robo colonialista sin más y la consiguiente represión para mantenerlo, como muchos otros robos en la historia de la humanidad, se ha transformado a los ojos de una gran parte del mundo, aunque no a los de los palestinos -ni árabes ni musulmanes- en un problema de violencia e intransigencia palestina. Los palestinos son culpables de no acceder al robo de su tierra, a la expulsión de sus habitantes y a la represión salvaje de los que se resisten.
La ocupación de países, la agresión a sus poblaciones, el expolio de las riquezas de los débiles no puede hacerse sin violencia ni sangre. La historia de la acción colonial europea en el mundo así lo prueba. Al tiempo, la independencia y la lucha por la liberación de la opresión y por el logro de los derechos nacionales no puede hacerse sin violencia ni sangre. Ocurre que hay que notar que es muy diferente la violencia del opresor que la del oprimido, que no es lo mismo atacar que defenderse, que no es lo mismo ser el agresor que el agredido.
La historia bonita es que los judíos tenían en Palestina en los años cuarenta del siglo pasado un lugar donde vivir por fin a cubierto de la persecución de los gentiles. La realidad es que los palestinos no eran culpables de nada porque no habían perseguido a los judíos; si los europeos y los estadounidenses pensaban que darles tierras era lo que había que hacer para compensarles por las persecuciones a las que ellos mismos les habían sometido, lo que debían de haber hecho es darles tierras en Estados Unidos, Inglaterra o Alemania. El problema es darles una tierra que no pertenece a los europeos, habitada por personas ajenas a los crímenes de aquellos, a costa de sus legítimos dueños y encima echar a éstos de sus casas mediante una guerra primero y a sus descendientes después poco a poco mediante una violentísima ocupación que dura hasta ahora.
De todo el territorio palestino anterior al establecimiento del Estado de Israel, los palestinos solamente están autorizados a (mal) vivir en un mínimo porcentaje, que disminuye día a día. Esa vida que se les permite ni siquiera incluye derechos humanos, políticos, económicos, sociales ni culturales. Lleva consigo principalmente represión, pobreza y humillación, todo ello combinado para empujarles, mediante genocidio, fuera de su tierra hasta que ésta quede libre, como en la leyenda de la tierra prometida, para los judíos y solamente los judíos. Este cuento, al parecer de inspiración bíblica, no hace caer en la cuenta a la gente de que son el judaísmo y el cristianismo solidario con éste las religiones terroristas y fundamentalistas, al contrario de lo que afirma la propaganda occidental sobre la islámica.
El problema, con el paso de los años, se ha complicado por la intervención de las circunstancias y los factores propios de cada época, ya tiene más de cien años el sionismo y más de cincuenta Israel. Cualquiera que vea lo que ocurre hoy, especialmente bajo la distorsión de los medios de comunicación, tiene el peligro de perder de vista lo fundamental. Hay lucha de liberación palestina antes de la aparición del islam político, antes de la guerra fría, antes del comunismo, antes de los movimientos pan-arabistas y nacionalistas. Sencillamente porque nadie quiere que le roben su tierra y le echen de ella a punta de pistola ahora y hace cien años.
Por eso existe la resistencia, que además de tener una lógica impecable y ser moralmente legítima, es un derecho político de los pueblos bajo ocupación, reconocido por la legislación internacional. Sin embargo, es una historia más bonita sentirse miembro de una civilización moderna, democrática y tolerante que siente aversión por los barbudos anclados en la edad media y pena por las mujeres con velo y que por tanto lucha contra el terrorismo y el fundamentalismo religioso de los musulmanes.
Nuestra moral occidental no admite bajo ningún concepto que se obligue a las mujeres a llevar el velo, faltaría más, aunque admite sin problemas de conciencia, sin embargo, que se asesine con sanciones y bombas a miles de mujeres y niñas que viven en Irak, Afganistán y Palestina, tolera muy bien que se mate de hambre a millones que han nacido en países empobrecidos y acepta sin reparos que se explote con fruición a otros millones que pertenecen a su propia cultura pero que carecen de recursos.
Por contagio, muchos que se consideran de izquierdas no se sienten contentos con el resultado de las elecciones y tienen vergüenza de manifestar no ya su alegría sino siquiera su apoyo a los representantes políticos elegidos por una mayoría de votantes, aunque cabe pensar que saben mucho mejor que aquellos lo que les conviene tras más de 40 años de ocupación israelí. En estos años ni el comunismo, ni el nacionalismo, ni la social democracia, ni el socialismo europeo, ni los verdes ni de otros colores, han conseguido parar las masacres israelíes en Jenín, Rafah, Hebrón, Yabalia… ¿qué tiene de raro que las víctimas busquen otra protección?
Desde luego que la izquierda oficial puede ser tan prepotente y criminal en sus juicios como la derecha más fascista, ¿no somos testigos de las amenazas de esa izquierda liberal europea a los palestinos? Me refiero, sin embargo, a la izquierda ideológica. Pobre izquierda, está tan aturullada que ya no sabe a quién tiene que apoyar. Por si no lo sabe, conviene que lea el programa político de Hamas y observe sus actuaciones y las compare con las de la Autoridad Palestina de la OLP con su hoja de ruta, sus negociaciones, su paz de los valientes y toda la corrupción aneja que no han servido más que para ayudar a los ocupantes a robar y oprimir más a su gusto a los palestinos.
Además, ¡qué demonios!, si Abu Mazen, Erekat y el resto de la pandilla tienen el apoyo del Cuarteto, no hace falta ser un lince para sospechar que algo va mal en la dirección de la lucha palestina por sus derechos. Como enseña la Santa Madre Iglesia, no se puede servir a dos señores a la vez: si la descabalgada Autoridad Palestina hubiese servido a los intereses de los palestinos no sería la elegida de los opresores y sus compinches. Israel quiere echar a los palestinos de su tierra sea como sea, mediante el genocidio si hace falta, los palestinos se resisten a abandonarla ¿sobre qué quiere dialogar Mazen? Éste y la Autoridad han jugado muy mal sus cartas, en la línea de su antecesor, y los palestinos no han hecho más que lo que haría cualquier otro electorado: mandarlos a la p... calle. Demasiado tarde, a todas luces, pero es difícil sobrevivir bajo ocupación, es difícil ver la luz al final del túnel, es difícil luchar contra dos enemigos: el sionista y el interior.
¡Dadme albricias¡ Parece que se ha acabado con el enemigo interior. Hace falta dar todo el apoyo a Hamas, que no es sino la representación legítima de los palestinos. Hay que alegrarse del fin del proceso de paz, que ha sido una procesión de la muerte que ha durado trece años. Las mentiras han sido expuestas y se ha acabado el engaño. Hay que felicitarse de que el dinero de los donantes se acabe si es que iba a valer como hasta ahora para pagar la renuncia de los líderes palestinos al logro de los derechos de su pueblo y para financiar las decenas de miles de puestos de trabajo ficticios pero dañinos de los mal llamados miembros de la seguridad palestina.
Se abre un tiempo de esperanza para los presos, los refugiados, los huérfanos, las viudas, los oprimidos y los damnificados por Israel con la ayuda y el consentimiento de la comunidad internacional. Llega la hora de completar la tarea de los mártires, de reconocer sus sacrificios, de recoger sus frutos. Es, realmente, un tiempo de alegría para todos en Palestina y en cualquier lugar.
Se abre también un tiempo de lucha que puede ser más dura y más mortífera que la anterior. Las amenazas ya dejan entrever el dolor que van a padecer y el precio que van a pagar los palestinos para alcanzar sus objetivos. Tienen todo en contra, pero como dice Jaled Mashal, “son inútiles vuestros intentos de obligarnos a renunciar a nuestros principios y a nuestra lucha”. Por sus actos les han votado. Por estas palabras han ganado las elecciones. Por estas palabras hay que apoyarles, son las del pueblo palestino.


¿Israel “ocupa” la Cisjordania?
Tomado de http://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/spanish/spanishtoc.html

En política las palabras son importantes y, desafortunadamente, el mal uso de palabras aplicadas al conflicto árabe-israelí ha configurado percepciones para desventaja de Israel. Como en el caso de la Cisjordania, la palabra «ocupación» ha sido secuestrada por los que desean pintar a Israel de la manera más negativa posible. También les brinda a los apologistas un medio para intentar explicar el terrorismo como «resistencia a la ocupación », como si las mujeres y los niños asesinados por los terroristas suicidas en autobuses, pizzerías y centros comerciales fueran responsables de la situación de los árabes. Dadas las connotaciones negativas de un «ocupante », no es sorprendente que portavoces árabes usen la palabra, o algunas variantes, tantas veces como sea posible cuando son entrevistados por la prensa. La descripción más precisa de los territorios en Judea y Samaria es de territorios «en disputa».

De hecho, a la mayoría de los otros territorios en disputa alrededor del mundo no se les menciona como siendo ocupados por la parte que los controla. Esto es cierto, por ejemplo, de la debatida región de Cachemira. La ocupación suele referirse al control extranjero de un área que estaba bajo la anterior soberanía de otro Estado. En el caso de la Cisjordania, no había ninguna legítima soberanía antes de que el territorio hubiera sido ilegalmente ocupado por Jordania de 1948 a 1967. Los palestinos nunca exigieron un fin de la ocupación jordana y la creación de un Estado palestino.

Es también importante distinguir la adquisición de territorio en una guerra de conquista a diferencia de una guerra de autodefensa. Una nación que ataca a otra y luego retiene el territorio que conquista es una ocupante. La que adquiere territorio en el curso de defenderse no está en la misma categoría.

Y ésta es la situación con Israel, que específicamente le dijo al rey Hussein que si Jordania se mantenía fuera de la guerra de 1967, Israel no lucharía contra él. Hussein ignoró la advertencia y atacó a Israel. Mientras se defendía del asalto, y expulsaba a las tropas invasoras jordanas, Israel llegó a controlar la Cisjordania.

Al rechazar las demandas árabes de que Israel deba retirarse de todos los territorios adquiridos en 1967, la resolución 242 del Consejo de Seguridad de NU reconoció que Israel tenía derecho a reclamar al menos parte de esas tierras para [establecer] nuevas fronteras defendibles.

Desde [las conversaciones de paz de] Oslo, el caso para clasificar a Israel como una potencia ocupante se ha debilitado aún más por el hecho de que Israel transfirió virtualmente toda la jurisdicción civil[de los territorios] a la Autoridad Palestina. Israel retuvo el poder de controlar su propia seguridad externa y la de sus ciudadanos, pero el 98 por ciento de la población palestina en la Cisjordania y Gaza vino a quedar bajo la jurisdicción de la Autoridad Palestina. Desde agosto del 2005 Israel entrego la totalidad de Gaza a la Autoridad Palestina. El extremo por el cual Israel se ha visto obligado a mantener una presencia militar en los territorios ha dependido de la falta de disposición de los palestinos de terminar la violencia contra Israel.

El mejor modo de terminar la disputa sobre los territorios es que los palestinos cumplan sus obligaciones de mantener los acuerdos de Oslo, reformen la Autoridad Palestina, detengan el terrorismo y negocien un acuerdo final.

Un Curso Relámpago acerca del Conflicto Arabe Israelí

He aquí algunos hechos que se están pasando por alto respecto a la situación actual en Oriente Medio.

1. La Nación y Jerusalén. Israel se convirtió en una nación en el año 1312 a. de C., es decir, dos mil años antes de que surgiese el Islam.

2. Los refugiados árabes en Israel comenzaron a identificarse a sí mismos como el pueblo palestino en el año 1967, dos décadas después del establecimiento del moderno Estado de Israel.

3. Desde la conquista judía, que tuvo lugar en el año 1272 a. de C., los judíos han disfrutado el dominio sobre la tierra durante mil años, que ha contado con una presencia continuada en la tierra durante los últimos 3.300 años.

4. El único dominio árabe desde la conquista del año 635 de la E.C. duró tan solo 22 años.

5. Durante mas de 3.300 años, Jerusalén ha sido la capital judía.. Jerusalén no ha sido nunca la capital de ninguna entidad árabe ni musulmana. Incluso en la época en que los jordanos ocuparon Jerusalén, nunca pretendieron convertirla en su capital y los dirigentes árabes no acudieron a Jerusalén a visitar.

6. A Jerusalén se la menciona mas de 700 veces en el Tanach, las Sagradas Escrituras judías, pero a Jerusalén no se la menciona ni una sola vez en el Corán.

7. El Rey David fundó la ciudad de Jerusalén. Mahoma no vino nunca a Jerusalén.

8. Los judíos oran de cara a Jerusalén, mientras que los musulmanes lo hacen dándole la espalda a Jerusalén.

9. Los refugiados árabes y los refugiados judíos: En 1948 los dirigentes árabes animaron a los refugiados árabes a marcharse de Israel prometiéndoles purgar a la tierra de los judíos. Un sesenta y ocho por ciento de ellos se marcharon sin haber visto jamás a un solo soldado israelí.

10. Los refugiados judíos se vieron obligados a huir de los países árabes debido a la brutalidad, la persecución y los pogromos de los árabes.

11. Se calcula que el número de los refugiados árabes, que se marcharon de Israel en 1948, es de alrededor de unos 630.000. El número de los refugiados judíos procedentes de las naciones árabes se calcula que es el mismo.

12. Fue de propósito que los refugiados árabes no fueron absorbidos ni integrados por los países árabes a los que huyeron, a pesar del extenso territorio árabe. De los 100.000.000 de refugiados desde la II Guerra Mundial, ese es el único grupo de refugiados en todo el mundo que no ha sido nunca absorbido ni integrado en las tierras de su propia gente. Sin embargo, los refugiados judíos fueron completamente absorbidos en Israel, una nación no mayor en tamaño que el estado de New Jersey.

13. El Conflicto Arabe Israelí. Los árabes están representados por un total de ocho naciones diferentes, sin incluir a los palestinos, pero no existe mas que una sola nación judía. Las naciones árabes han iniciado las cinco guerras que han tenido lugar y las han perdido. En cada ocasión Israel se ha defendido y cada vez ha obtenido la victoria.

14. La Constitución de la O.L.P. sigue aún pidiendo la destrucción del Estado de Israel, que ha entregado a los palestinos la mayor parte de la tierra en la Orilla Occidental, la autonomía bajo la Autoridad Palestina e incluso les ha estado suministrando.

15. Bajo el gobierno jordano, los lugares sagrados judíos fueron profanados y a los judíos se les negó el acceso a los lugares de adoración. Bajo el gobierno israelí, todos los emplazamientos musulmanes y cristianos han sido conservados y hechos accesibles a las gentes de todas las creencias.

16. El historial de las Naciones Unidas respecto a Israel y los árabes es que: de las 175 resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad antes de 1990, 97 de ellas fueron dirigidas en contra de Israel.

17. De las 690 resoluciones de la Asamblea General sobre las que se votó antes de 1990, 429 fueron dirigidas en contra de Israel.

18. Las Naciones Unidas permanecieron silenciosas cuando los jordanos destruyeron 58 sinagogas en Jerusalén.

19. Las Naciones Unidas permanecieron silenciosas cuando los jordanos profanaron sistemáticamente el antiguo cementerio judío en el Monte de los Olivos.

20. Las Naciones Unidas permanecieron silenciosas cuando los jordanos impusieron una política, estilo apartheid, con el fin de impedir que los judíos visitasen el Monte del Templo y el Muro Occidental.

El Reconocimiento a Israel es un debate engañoso

Tamara Lalli

La cuestión del reconocimiento (o no) del Estado de Israel por parte de los palestinos es un tema que ronda permanentemente cualquier discusión que se entable respecto del futuro de la Palestina histórica. Sin embargo, la constante presión internacional sobre la Autoridad Palestina para que reconozca explícitamente a Israel siempre encubre cuestiones menos públicas (algo así como la “letra pequeña” de un contrato) que ningún gobierno sujeto a ocupación militar podría definir.

Quizás la pregunta correcta sea: ¿A qué Israel se supone que se debiera reconocer? Porque los reconocimientos a los Estados suponen reconocer sus fronteras y nadie sabe acerca de las fronteras de Israel. Entonces, ¿de qué se habla? ¿Del Israel actual, con una frontera de facto en formato de Muro? ¿Del Israel de 1967? ¿Al de la Partición? ¿Al territorio bajo Mandato británico? ¿Cuál?

¿Reconocer el despojo? En definitiva, la cuestión traslada a los palestinos una situación política irresuelta –ex profeso- por Israel. Porque el foco no es el reconocimiento o no al Estado de Israel por parte de los palestinos, sino la legitimidad de la condición estatal de Israel.

Palestina fue parte cabal de la política colonial inglesa, sólo que su descolonización se tradujo en tres pasos innovadores respecto de otros casos: recolonización europea, transferencia y convalidación jurídica. Palestina –en sentido contrario al proceso de descolonización abierto tras la Primera Guerra Mundial- fue recolonizada con población transferida desde Europa. Su territorio fue arrancado de su entorno sirio y árabe, al que pertenece por cultura, historia y geografía, y un acto jurídico internacional (la Res.181 de las N.U) convalidó el despojo.

El propio Mandato inglés sobre Palestina, (preludio de la usurpación) violaba la voluntad de la población, al considerarlo inmaduro para su autogobierno. ¿Alguien consultó a los palestinos sobre sus deseos de ceder la mitad de su territorio para que inmigrantes europeos establecieran allí un Estado confesional? Simplemente, se dispuso sobre su destino. Gran Bretaña al ser responsable de la cesión de Palestina a habitantes extranjeros, vulneró la misma finalidad del Mandato de la SDN que debía velar por la cultura y tradiciones de los habitantes, así como resguardar la integridad territorial y los intereses de la comunidad. En otras palabras, se entregó en propiedad dicho país y con ello, se conculcaron los derechos de sus habitantes a decidir sobre el mismo.

Veamos sólo dos elementos para sustanciar una posición política a partir del derecho internacional: La Declaración Balfour y la Resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La Declaración Balfour (1) es –en concreto- una promesa hecha por un funcionario inglés a otro ciudadano también inglés, de confesión judía, sobre un territorio ajeno a ambos. Esa propuesta, no tiene ningún fundamento legal, puesto que Gran Bretaña no sólo no tenía derecho de propiedad sobre el territorio palestino, sino que ni siquiera estaba bajo su mandato al momento de enunciarse dicha declaración (1917).

El otro elemento jurídico convalidante de la total sustracción de Palestina de las manos de su pueblo originario fue la Resolución de Partición en dos Estados, uno judío y otro árabe, y un estatus especial para Jerusalén. Lo concreto es que en 1947, se debatió el destino de Palestina en un foro internacional, pero sin contar con la voz de los palestinos. ¿Dónde y por quién estuvo representada Palestina en las votaciones? ¿Quién o quiénes se pudieron dedicar a persuadir a las representaciones nacionales acerca del despojo que impulsaba la Organización Sionista?

La Resolución, tal como fue enunciada, contradice la Carta de las Naciones Unidas, el principio de autodeterminación de los pueblos y el de integridad territorial de los Estados. Pero resulta aún más flagrante que, tras la incorporación de Israel al seno de la ONU (1949), se le exigiera el cumplimiento de las resoluciones 194 (sobre Refugiados) y la 303 (sobre el estatus de Jerusalén) y jamás cumpliera con sus obligaciones internacionales.

De nada de todo esto se habla cuando se exige a la Autoridad Palestina su reconocimiento hacia el Estado de Israel.

Reconocer y desconocer. Israel se convirtió en lo que siempre se pensó que fuera: un Estado confesional, exclusivista y, por ende, racista, para sostener un proyecto neocolonizador en gran escala. En sus tiempos preestatales, lo hizo sobre la base de grupos terroristas llegados de Europa (Hagana, Stern, y el Irgun) con el que efectivizaron el plan sionista de 1882. Y luego, con su estatalización, lo hicieron sobre la base de tres metodologías aplicadas en forma alternativa o simultánea, a lo largo de 60 años: expulsión, transferencia y exterminio. El resultado fue la desaparición de alrededor de 450 pueblos y comunidades y el genocidio del pueblo palestino. Pero además, significó duplicar la superficie cedida por las Naciones Unidas y la ocupación del resto de Palestina; es decir, la tierra donde, según la Res.181, debió fundarse el Estado árabe. En otras palabras, la Resolución “fundadora” de Israel nunca se cumplió. Y ese incumplimiento encubre una complicidad internacional en el despojo de la soberanía de un pueblo.

Lo paradójico es que, después de seis décadas, la comunidad internacional siga insistiendo en el reconocimiento a Israel, y no le cuestione a éste su negativa de cumplir con las resoluciones de las Naciones Unidas y los Acuerdos de Ginebra. Al cabo, es Israel quien sostuvo actos terroristas sobre poblados civiles, asedios económicos, asesinatos selectivos, campos de detención clandestinos, expulsiones masivas, erigió un muro de segregación y legalizó la tortura.

Israel ha mantenido un exitoso doble discurso. Por un lado, habla de paz y presiona para que se lo reconozca. Pero, en paralelo, fortalece su expansión colonial. ¿Cómo se explica, entonces que cuando los palestinos ofrecieron garantías a Israel durante los Acuerdos de Oslo, el ímpetu expansionista continuó y, aún más, se aceleró, duplicando la cantidad de colonias en los Territorios Ocupados?

Hay una falacia de base sobre la cuestión del reconocimiento. Y es que hay actores internacionales que deben pronunciarse políticamente. El planteo es inverso. Es Palestina quien debe recibir reconocimientos (y explicaciones) sobre la base de su descolonización total. ¿Por parte de quiénes? De Gran Bretaña en primer lugar; de las Naciones Unidas; de todos aquellos países que votaron su desmembramiento, … y de Israel. Más aún, el debate sobre el reconocimiento debería trasladarse hacia el interior de la sociedad israelí actual. Porque las bases del reconocimiento a su Estado están atadas a prácticas denostadas –al menos de palabra- por el conjunto de la comunidad internacional: ocupación, appartheid o terrorismo de Estado. Es Israel quien tiene en sus manos la enorme tarea de desconfesionalizar y descolonizar a su propio Estado.

El debate debe platearse sobre la base del reconocimiento a Palestina. Y en el reconocimiento a Palestina están –más tarde o más temprano- incluidos los propios ciudadanos israelíes. ¿Desjudaizar el actual Estado de Israel? ¿Habilitar el retorno de la diáspora palestina? ¿Indemnizar a aquellos forzados al exilio? ¿Replantear la legislación de tierras? En suma, ¿aceptar a los palestinos originarios como sus propios pares?

¿No es eso acaso el principio de cualquier democracia?

¹ Declaración Balfour. Es una carta dirigida por el secretario del Foreign Office A.J.Balfour a L.W.Rothschild, en Noviembre1917. En ella se enunciaba la predisposición de la potencia británica a un Hogar Judío en Palestina.


El fracaso del proceso de paz y la segunda Intifada (de Al Aqsa)

X. Martí

El sionismo y el drama palestino
Con el término "sionismo", derivado de la palabra Sión (utilizada tradicionalmente por los judíos para denominar a Jerusalén), se define al movimiento nacionalista judío surgido en Europa a finales del siglo XIX y cuya figura más representativa fue el periodista de origen húngaro Theodor Herzl. En su libro Der Judenstaat ("El Estado Judío"), publicado en 1896, se recogen la mayoría de los ideales de este movimiento nacionalista, entre ellos, que "el sionismo busca asegurar para el pueblo judío un hogar seguro, pública y legalmente reconocido en Palestina" como única manera de evitar las persecuciones y el antisemitismo rampante, sobretodo en Europa.
Aunque la primera Aliyah, o emigración judía a Palestina, tuvo lugar antes de la propagación del sionismo, las grandes oleadas se produjeron ya a principios del siglo XX, apoyadas por las nuevas instituciones que iban surgiendo, en especial, el Fondo Nacional Judío (FNJ), cuyo propósito era el de adquirir tierras para los sionistas.
El nacimiento del estado de Israel fue el fruto de la combinación de este auge del sionismo y de la política imperialista de las potencias occidentales, que veían en la colonización europea de esta zona (la mayoría de las comunidades emigradas provenían de Europa) un componente esencial en su estrategia de dominación regional. El final de la II Guerra Mundial y el holocausto nazi aceleraron el proceso.
El sionismo se basa en tres asunciones fundamentales: a) los judíos son un pueblo y no una comunidad religiosa (cuestión nacional); b) el antisemitismo y la persecución es un peligro latente para el pueblo judío; y c) Palestina (Eretz Israel) fue y sigue siendo la tierra del pueblo judío. De esta retórica sionista se han derivado una serie de supuestos que han tenido, y tienen, una gran trascendencia en el desarrollo del conflicto entre israelíes y palestinos. Así, Israel se define como "estado judío", es decir, que, paradójicamente, no se concibe como el país de los israelíes sino de los judíos. Una definición que implica que Israel pertenece a aquellas personas consideradas como judías, independientemente del país que habiten, y no a aquellas comunidades no-judías residentes. Esto se traduce en que un judío de cualquier parte del mundo tiene más derechos que, por ejemplo, la población árabe que permaneció tras la ocupación israelí, pese a vivir en estas tierras durante muchas generaciones. De hecho, desde 1950 existe una ley (Ley del Retorno) por la que todo judío tiene derecho a asentarse en Israel, a lo que siguió la Ley de la Nacionalidad de 1952, por la que se confiere automáticamente la ciudadanía a aquellos llegados bajo la Ley del Retorno. Evidentemente, esto no es aplicable a los no-judíos. Así, los millones de refugiados palestinos, consecuencia de las expulsiones practicadas sistemáticamente por los gobiernos israelíes a lo largo de sus 53 años de historia, no tienen reconocido por parte de Israel el derecho a volver a sus casas y a recuperar sus propiedades.
Todo este trato es discriminatorio, pese a la Resolución 194 de la Asamblea General de Naciones Unidas, que sí reconoce este derecho, así como el de reparación por los daños o pérdidas ocasionados en sus propiedades. Además, la propia Convención de Ginebra Relativa a la Protección de Personas Civiles en Tiempos de Guerra prohíbe al poder ocupante cambiar la demografía de los territorios bajo su ocupación a través de medios como la deportación o la transferencia de parte de su población civil a los territorios ocupados, como así es el caso de los colonos judíos en Cisjordania y la Franja de Gaza. El argumento oficial esgrimido por Israel para vetar el derecho de retorno a los refugiados es el de que esto haría peligrar el carácter judío del estado y, en consecuencia, de su propia existencia.
La retórica sionista se apoya también en una serie de tópicos para justificar la creación en Palestina del estado hebreo. Por un lado, la idea de que Palestina era una tierra árida y prácticamente deshabitada. Se dice que, en aquellos tiempos, el territorio estaba mayoritariamente poblado por tribus nómadas beduinas que se desplazaban permanentemente. De hecho, el eslogan del sionismo era "una tierra sin gente para una gente sin tierra". La realidad ha demostrado la falsedad del argumento, ya que existen testimonios de la existencia de poblaciones palestinas a lo largo del territorio, como por ejemplo, Yaffa (Tel Aviv) o San Juan de Acre (Akko). Pese a ello, el sionismo se ha empeñado en intentar borrar las huellas que mostraran el carácter árabe de estas tierras, bien a través de la redenominación en hebreo de antiguas poblaciones palestinas o con el arrasamiento y desaparición de pueblos y aldeas (530), como fue el caso de Ein Karim, Al Malha, Lifta, Al Walajeh o Deir Yasin, en abril de 1948, cuya masacre incluyó el asesinato de más de 250 hombres, mujeres y niños. Muchas de estas familias palestinas conservan todavía las llaves de sus casas, ahora destruidas u ocupadas por inquilinos judíos, como argumento más rotundo para desmontar la propaganda sionista.
Otro de los tópicos se refiere a la negación de una identidad palestina, diluyéndola en una entidad superior y más general, como la de que "estas gentes eran árabes". Por tanto, según su razonamiento, en tanto que árabes, debieran ser acogidos en los países vecinos, también árabes, y dejar al pueblo judío fundar su estado en Eretz Israel. La identidad nacional palestina estaba en proceso de formación desde el final de la I Guerra Mundial, como ocurría con el resto de países árabes de la zona (Egipto, Líbano, Siria, Irak y Jordania). Pero mientras que en esos países, bajo dominación colonial europea, se permitió un estado central fuerte con un control por parte de la población local - aunque fuera sólo nominal y tuviera un fuerte rechazo entre la población-, en el caso de Palestina, el poder estaba directamente en manos de los británicos. Todo ello dificultó esta formación de la conciencia nacional, pero no significa que no la hubiera, y no sólo como respuesta al sionismo. El argumento simplista de considerar a estas gentes meramente árabes implica negar la identidad nacional palestina e, implícitamente, la de los países vecinos, al considerar sólo la cualidad de árabes. Por otra parte, la expulsión de sus gentes a otros países (árabes) vecinos, en vez de propiciar su integración social, económica y política en las culturas receptoras, ha reforzado el sentimiento de identidad entre los palestinos de la Diáspora.
En definitiva, el sionismo ha mostrado desde su origen la nula voluntad de integrase con otras comunidades. Lo peor del hecho es que la creación del estado de Israel, emblema del sionismo, más allá de la legitimidad a existir como tal, se realizó en el marco de los intereses imperialistas y colonialistas de las grandes potencias de la época y a expensas de la voluntad, propiedades y dignidad de todo un pueblo.
Una serie de datos servirá para acabar de ilustrar esta realidad. El 92% de las tierras de Israel son administradas por el FNJ, una organización dedicada a los intereses de personas "de religión, raza u origen judío". El FNJ niega a los no-judíos residir o abrir un negocio en esas tierras. En las escuelas se enseña que el objetivo de todo judío es el de "redimir la tierra de Eretz Israel", esto es, que pase a manos judías -detrás de este argumento se encuentra, en gran parte, la base de la confiscación de tierras a los palestinos practicada por los sucesivos gobiernos israelíes, laboristas o del Likud, para la construcción de los asentamientos. Según la ley de educación pública de Israel, ésta "debe basarse en los valores de la cultura judía...en amor y lealtad al Estado y al pueblo judío". Así, los libros de texto de historia sólo recogen la perspectiva sionista, ignorando la historia e identidad de los palestinos.
Los palestinos que se quedaron dentro de las fronteras de Israel una vez acabó la guerra de 1948 -actualmente suponen cerca del 20% de la población- han tenido que sufrir esta política discriminatoria con respecto a la población judía. La consigna ha sido la de no reconocerlos como grupo nacional y la de fracturarlos en minorías religiosas: musulmanes, cristianos y drusos. Incluso entre los musulmanes se ha intentado establecer una separación con los beduinos. Todo ello para no reconocerlos como palestinos, de ahí que los llamen "árabes-israelíes". Ellos, por el contrario, se autodenominan mayoritariamente "palestinos del 48". Estas personas han tenido que sufrir la confiscación de tierras y, en algunos casos, la demolición de sus casas. La inversión pública en materias como la educación es claramente desigual y los ingresos per capita son inferiores a la mitad del resto de israelíes, con un 30% de la población viviendo bajo el umbral de la pobreza. Por otra parte, pese a tener derecho a voto en las elecciones generales, no pueden servir en el ejército (a excepción de los drusos). Además, existen en Israel 51 localidades con población palestina que no son reconocidas por el estado y que, por tanto, en muchos de los casos, carecen de servicios básicos suministrados por las autoridades, tales como salud, educación o infraestructura.
Esta discriminación para con los no-judíos es todavía más patente en el caso de los palestinos residentes en Jerusalén Este. Tras su ocupación en 1967 y su posterior anexión por ley (Ley Jerusalén) a la parte occidental, considerando la ciudad como capital eterna e indivisible de Israel –aspecto no reconocido por la comunidad internacional-, la estrategia llevada a cabo por las autoridades municipales, apoyadas por el gobierno nacional, ha sido, por un lado, la de incomunicar a Jerusalén Este del resto de Cisjordania, a través de un anillo de asentamientos, y, por el otro, la de incrementar la población judía residente mediante la confiscación de casas y propiedades. Pese a que los palestinos de esta parte de la ciudad son considerados "residentes permanentes de Jerusalén" (no considerados ciudadanos de Israel), sólo son beneficiarios de una mínima parte de los derechos y servicios de los que disponen los residentes de la parte occidental, la población judía: para viajar al extranjero necesita un visado de entrada al país emitido por el gobierno israelí para no perder el derecho a volver; si un residente palestino vive más de 7 años fuera de Jerusalén pierde automáticamente la categoría de residente; el residente debe justificar que el centro de sus actividades (trabajo, estudios, etc...) se encuentra dentro de los límites municipales para no perder la residencia; si un residente se casa con una mujer que no goza de esta categoría, debe solicitar un permiso de reunificación familiar, que siempre está sometido a la decisión aleatoria de la Administración; los residentes palestinos tienen enormes dificultades para conseguir permisos de construcción; etc.
Las políticas municipales en materia de presupuestos e infraestructuras reflejan también esta discriminación. Según las estadísticas del último año, la población palestina de Jerusalén Oriental recibe el 10% del presupuesto municipal (7 veces menos que la parte oeste), pese a constituir el 32% de la población total de la ciudad. El sistema de impuestos no es equitativo, y, como pasa con el arnona (una especie de impuesto sobre bienes inmuebles), la fiscalidad es la misma en ambas partes de la ciudad, pese a la diferencia ostensible de ingresos. La desigualdad en el número y grado de conservación de las infraestructuras es también muy elevado, sobre todo, en lo que hace referencia a la red de alcantarillado y a los suministros de agua y luz. Por otra parte, como revela un estudio realizado por Ir Shalom a principios del pasado año, cerca del 60% de las familias palestinas de Jerusalén viven en severas condiciones de pobreza, mientras que el 70% de los niños lo hacen bajo el umbral de la pobreza. Fácil es adivinar, entonces, la política israelí con respecto a los Territorios Ocupados de Cisjordania y la Franja de Gaza, aspecto que se comentará en el epígrafe siguiente.
Ha sido este tipo de políticas discriminatorias para con los árabes las que motivaron la Resolución 3379 de la Asamblea General de Naciones Unidas del 10 de noviembre de 1975, que define el sionismo como "forma de racismo y de discriminación racial". En cualquier caso, esta resolución fue revocada en 1991 a iniciativa de los Estados Unidos para allanar el camino de las negociaciones de paz. De la misma manera, han pretendido bloquear cualquier discusión sobre el carácter racista del sionismo en la Conferencia sobre el Racismo y la Xenofobia, que se está celebrando en Durban (Sudáfrica) en el momento de redactar este artículo. Pese a ello, el foro alternativo organizado por las ONG, paralelo a la Conferencia institucional, ha mencionado entre sus conclusiones que "el Estado de Israel es un estado racista y que practica una política de apartheid".
Los ideales sionistas se han mantenido siempre vigentes a lo largo de los 53 años de historia del estado hebreo, y todavía hoy se mantienen. Como dice el escritor y político judío marroquí, Abraham Serfaty: "La estructura ideológica e institucional del estado de Israel reposa sobre el sionismo. La cohesión del conglomerado humano artificial que es la población judía-israelí depende de ello. Israel es la punta de lanza de la Organización Sionista Mundial cuya razón de ser es la instauración de un estado judío sobre el territorio histórico de Eretz Israel. Por tanto, la devolución de Cisjordania (Judea y Samaria para los judíos) es, en esencia, imposible de aceptar para Israel".
Este conglomerado humano, al que Serfaty hace referencia, está compuesto por judíos procedentes de todas las partes del mundo, además de la población palestina antes mencionada. Si bien el proyecto sionista es un producto Ashkenazi, judíos del centro y este de Europa -aunque se suele referir a los que provienen de Occidente-, la sociedad israelí ha venido nutriéndose de la comunidad Sefardi -judíos llegados mayoritariamente de otros países árabes- y de los Falasha -de Etiopía-, denominados, en conjunto, los Mizrachim. Para ello, el gobierno israelí recurrió a la "importación" masiva, vía aérea, de familias judías desde sus países de origen, como es el caso de la Operación Alfombra Mágica desde el Yemen o la Operación Moisés desde Etiopía.
Los Ashkenazim han constituido hasta hace poco una minoría frente al resto de comunidades judías. La nueva inmigración masiva de judíos provenientes de la desaparecida URSS -que se está produciendo desde mediados de los años 90 (800.000 personas)- ha invertido los términos de la ecuación y es precisamente éste el colectivo de población judía mayoritario (13%). Pese a todo, los Ashkenazim siempre han ostentado el poder dentro de la sociedad, en todas las esferas (social, económica, cultural y política). Los Mizrachim han sufrido un profundo proceso de desculturización, en un intento de desvincular de su identidad cualquier simbiosis con el Islam o con lo árabe, haciendo incompatible el ser árabe y judío al mismo tiempo. En la lógica sionista, la pluralidad étnica no tiene cabida dentro del judaísmo, el judaísmo es una etnia en sí misma. Además, se hace aparecer al mundo árabe como el gran enemigo que enfrenta Israel, apoyándose en las persecuciones sufridas por los judíos en estos países y obviando que los períodos de convivencia pacífica y, lo que es más importante, de influencia mutua, han sido claramente predominantes. No es extraño, pues, que entre quienes muestran una actitud más acérrima contra la causa palestina se hallan, precisamente, los Mizrachim.
A este mosaico de gentes procedentes de países y culturas muy diferentes, hay que incorporar el componente religioso. En Israel se produce una contradicción que, a su vez, es intrínseca al sionismo. Como se ha repetido anteriormente, una de sus asunciones es la de contemplar a los judíos como un pueblo y no como una comunidad religiosa. Se trata de una cuestión nacional. Pero, pese a ser originariamente laico, tiene a la vez una inspiración teocrática y confesional: la política gubernamental se basa en los principios de "derechos históricos de los judíos", que derivan de creencias religiosas, y de "fronteras bíblicas (o históricas)"; la religión judía es la religión del Estado; hay un ministerio de asuntos religiosos; etc... El sionismo se basa en el mito del pueblo judío, pero "judío" se refiere a la religión judía. La convivencia entre laicos y religiosos es foco continuo de polémicas dentro de la sociedad israelí, dados los "privilegios" adquiridos por estos últimos - cuantiosas subvenciones estatales o exención del servicio militar, entre otros.
Todos estos problemas -difícil encaje en la sociedad de culturas tan diferentes, la discriminación entre Ashkenazim y Mizrachim o los privilegios de que gozan los religiosos- generan la necesidad de un elemento unificador que neutralice este conflicto latente. Este elemento ha sido la creación en el subconsciente colectivo de la existencia de un enemigo exterior dispuesto a exterminar al pueblo judío. Desde la creación del estado, el enemigo a combatir han sido los árabes, y por proximidad, los palestinos. De ahí que Israel viva obsesionado por su seguridad, y que con este argumento se lleguen a justificar un largo elenco de medidas adoptadas por el gobierno y ejército israelíes contra sus vecinos palestinos, a su vez, ampliamente apoyadas por la población: detenciones administrativas, denegación de permisos de entrada y salida de forma aleatoria, bloqueo de poblaciones, utilización de munición real en manifestaciones, y, en definitiva, una sociedad altamente militarizada.
Las causas de la Intifada de Al-Aqsa
Es en este contexto donde deben enmarcarse las causas que han motivado el alzamiento palestino contra la ocupación israelí, alzamiento que se acerca ya a su primer año de duración. La muerte de varios manifestantes palestinos en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén por disparos de los cuerpos de seguridad israelíes, un día después de la visita de Ariel Sharon a este recinto sagrado de los musulmanes, fue el detonante del levantamiento de la población, que se extendió rápidamente a lo largo de los Territorios Ocupados. Pero más allá de los hechos puntuales, la verdadera razón que ha provocado esta Intifada es la frustración del pueblo palestino ante muchos años de ocupación y de humillación, y ante la evidencia de la escasa voluntad de los israelíes de alcanzar una paz justa que asuma las aspiraciones legítimas de los palestinos, pese a todos los acuerdos firmados. Si bien sus dimensiones pueden haber cogido por sorpresa a las autoridades hebreas, lo cierto es que el campo estaba minado para que se produjera algún tipo de protesta, más o menos violenta, por parte palestina. Siete años de historia del tan laureado proceso de paz habían desembocado en un callejón sin salida, fruto de la diferente, incluso opuesta, interpretación de este proceso por parte de israelíes y palestinos.
La primera Intifada, que duró de 1987 hasta 1992, supuso el resurgimiento de la resistencia palestina ante el invasor israelí tras un largo período de calma y convivencia aparentemente pacífica. Como dice el profesor Najib Abu-Warda, "el levantamiento popular [...] contribuyó decisivamente a trasladar a la Comunidad Internacional un mensaje nacionalista de reivindicación del fin de la ocupación israelí y de la creación de un Estado Palestino independiente". Este hecho, como se ha explicado anteriormente, contribuyó, entre otras razones, a que las dos partes acudieran a la Conferencia de Paz de Madrid de 1991, donde debían establecerse las bases para una paz definitiva en la región, "segura y justa". Allí se edificaron los cimientos del proceso de paz palestino-israelí, que después desembocaría en los Acuerdos de Oslo. Tras sucesivas negociaciones secretas, con la mediación del gobierno noruego, el 13 de septiembre de 1993 se sellaba en Washington la Declaración de Principios para una Auto-Regulación Interina. En la letra de esta Declaración ambas partes se comprometían a poner fin al conflicto y a reconocer mutuamente sus derechos. El lema fue "paz por territorios".
Se fijó un calendario de negociaciones, en el que se estableció un período transitorio de 5 años que debiera conducir a una solución permanente en base a las anteriores Resoluciones de Naciones Unidas, arriba mencionadas. En una primera fase del proceso, el ejército israelí se retiraría de Gaza y de Jericó (Cisjordania), pasando a ser administradas por una Autoridad Palestina (denominada por los palestinos Autoridad Nacional Palestina, ANP), que adquiría varias competencias, como educación, salud, cultura, impuestos directos, etc. Además, la nueva policía palestina asumiría la responsabilidad de la seguridad interior, mientras que la exterior y la interna de los asentamientos seguiría bajo el control israelí. Aún así, a la ANP se le negaba cualquier poder en materia de relaciones internacionales -aunque sí se le permitía firmar acuerdos de tipo económico, cultural y científico con países o instituciones internacionales-, y las fronteras con Jordania y Egipto serían controladas de facto por Israel. Todo ello se concretó en el Acuerdo de El Cairo del 9 de febrero de 1994 (Acuerdo de Oslo I o Acuerdo de Gaza-Jericó).
La segunda fase del proceso de paz se iniciaba con la firma del Acuerdo de Taba el 28 de septiembre de 1995 (Acuerdo de Oslo II o también llamado Acuerdo Interino para Cisjordania y Gaza). En esta fase, todas las competencias señaladas debían traspasarse a la ANP y se negociaría el status final de los Territorios Ocupados. De este acuerdo se deriva la peculiar división de Cisjordania en tres zonas diferentes: a) Zona A -algo menos del 4% del territorio-, que incluye las principales ciudades palestinas, a excepción de Jerusalén Este y una parte de Hebrón -cuya división se regulará en el llamado Protocolo de Hebrón-, y en donde la ANP ejerce la administración civil y de seguridad interna; b) Zona B -cerca del 27% del territorio-, que incluye a la mayoría de pueblos palestinos de Cisjordania, y en donde la ANP tiene las competencias en asuntos civiles, mientras que comparte con Israel la responsabilidad en materia de seguridad interior, y c) Zona C -70% del territorio-, bajo absoluto control, civil y de seguridad, por parte de las autoridades hebreas. Además, se establecían una serie de zonas, denominadas "verdes", no hábiles para la construcción. El Protocolo de Hebrón, anexo al Acuerdo, determinaba que, dado el especial significado que esta ciudad tiene para los judíos - supuestamente se encuentra la Tumba de los Patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, así como de sus esposas Sara, Rebeca y Lía, respectivamente-, la ciudad sería dividida en dos zonas: a) H1, de administración civil y de seguridad interna por parte de la ANP; y b) H2 (la ciudad vieja), con plena autoridad israelí para, así, proteger a los cerca de 400 colonos que habitan justo en el centro urbano, y tomar control sobre la gruta de Macpelá (la Tumba de los Patriarcas).
La llegada al gobierno del Likud -liderado por Benjamin Netanyahu, abiertamente opuesto al espíritu del proceso de paz-, y una oleada de atentados palestinos supusieron un freno al desarrollo de este proceso. Para desencallarlo, se celebraron diversos encuentros, de los que se derivaron el Memorándum de Wye Plantation (1998) y los acuerdos de Sharm El Sheikh (1999), cuyas coclusiones más destacadas fueron el acuerdo de traspaso a los palestinos de más territorio de Zona C a Zona B, básicamente, y también de Zona B a Zona A, y el establecimiento de una serie de medidas para frenar el terrorismo.
Con cierto retraso respecto al calendario previsto, se llegó a la Cumbre de Camp David II, en julio de 2000. Bajo el tutelaje personal del Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, y con la presencia de Yasser Arafat y del Primer Ministro israelí, Ehud Barak, se debía discutir el status final de los Territorios Ocupados, lo que incluía cuestiones clave como Jerusalén, los refugiados, los asentamientos judíos y las fronteras exteriores. Ya antes de que se celebrara la Cumbre había indicios de que ésta iba a fracasar, dadas las posturas tan alejadas entre las dos partes. El Presidente palestino rechazó la propuesta de Barak que incluía la transferencia del 95% del territorio de Cisjordania, la cesión de diversos barrios de Jerusalén, donde los palestinos pudieran instalar la capital de su nuevo Estado, y el derecho al retorno de un determinado número de refugiados. Así fue presentado al mundo, como la gran oportunidad perdida por los palestinos de conseguir aquellos derechos a los que habían estado aspirando tanto tiempo y que, por obra de la voluntad (incluso benevolencia) del gobierno israelí, apoyado por los Estados Unidos, ahora se le concedían. Todo el mundo se echó las manos a la cabeza y señaló con el dedo a Arafat, y por ende al pueblo palestino, de no querer la paz y prolongar el conflicto.
Una lectura profunda de la oferta de Barak desvela los motivos por los cuales el acuerdo era claramente inaceptable para los palestinos. El 95% de Cisjordania que debiera transferirse a la ANP -cuanto menos poco creíble, ya que un recorrido por el territorio ofrece la imagen de un sinfín de colonias judías en construcción- no incluía los grandes bloques de asentamientos, especialmente los anexados a Jerusalén (Gilo, French Hill, Neve Ya'acov o Pisgat Ze'ev) ni los que se encuentran en el perímetro del Gran Jerusalén (el bloque Etzion o Ma'ale Adumim), donde viven cerca del 80% de los colonos. En el otro 5% se encontraban también diversas zonas situadas en el Valle del Jordán, en la frontera con Jordania, con el propósito de la seguridad. La redistribución geográfica que se diseñaba dividía al supuesto Estado palestino en varios cantones, atravesados por carreteras bajo control israelí evitando la contigüidad geográfica del territorio. También ejercerían el control sobre las vías de comunicación terrestre entre la Franja de Gaza y Cisjordania. La soberanía del estado palestino quedaba, a su vez, en entredicho ya que se le negaba la posibilidad de disponer de un ejército. Además, las fronteras exteriores estarían controladas por Israel.
La propuesta de Barak de transferir algunos barrios de Jerusalén Este, donde los palestinos pudieran construir su capital, fue presentada como la gran concesión del ejecutivo laborista, ya que supuestamente implicaba renunciar a considerar Jerusalén la capital eterna e indivisible de Israel, bandera del nacionalismo judío. Pero lo cierto es que la oferta se reducía a determinados barrios periféricos de la ciudad (Abu Dis, Al Izzariya, etc.). En cuanto a la cuestión de los refugiados, Israel sólo permitiría el retorno de unos cuantos miles, dentro de un proceso escalonado. Bajo el objetivo de la reunificación familiar, se autorizaría la vuelta de un contingente mínimo de refugiados a zonas ocupadas por Israel en 1948, siempre que se demostrara la existencia de familiares en esas zonas y que hubieran nacido en Palestina antes de esa fecha. Por supuesto, esto no resolvía el problema para los casi 4 millones de palestinos considerados refugiados a causa del conflicto palestino-israelí.
Dos meses después del fracaso de la Cumbre de Camp David II estallaba la Intifada de Al-Aqsa en los Territorios Ocupados. El próximo 29 de septiembre se cumplirá un año de un levantamiento que se ha cobrado ya cerca de 700 muertos, mayoritariamente palestinos, y que se adentra por una senda cuyo final y duración son cada vez más inciertos.
Si se insiste en poner fechas y nombres a los causantes de la Intifada, debiéramos considerar más culpable a Barak que a Sharon. Él es el responsable último de las muertes que se produjeron en la Explanada de las Mezquitas: su gobierno permitió la visita de Sharon, pese a los avisos de la ANP de sus posibles consecuencias, y su gobierno (siendo Shlomo Ben Ami el Ministro de Seguridad Interior) envió al día siguiente a los cuerpos de seguridad y autorizó el uso de munición real para disperar a los manifestantes. Pese a que tradicionalmente se ha tenido la percepción de que la paz entre israelíes y palestinos sólo podría conseguirse con la presencia de los laboristas en el gobierno, la praxis ha demostrado que, cuando así ha sido, su política no ha variado significativamente con respecto a la del Likud. Es tan solo una cuestión de talante. Un dato: en los cerca de un año y medio que Barak estuvo al frente del ejecutivo, el ritmo de construcción de asentamientos fue equiparable al que se produjo durante los tres años del gobierno de Netanyahu.
Pero como se ha comentado anteriormente, los motivos que han movido al estallido del levantamiento palestino son más consecuencia de un proceso que de causas puntuales. El desarrollo de los Acuerdos de Oslo ha demostrado qué lejos estaban de ser colmadas las legítimas aspiraciones del pueblo palestino. Y ello obedece a la concepción, radicalmente opuesta, que ambas partes tenían sobre hacia dónde dirigía este proceso. Mientras que los palestinos confiaban que finalmente gozarían de un estado soberano, con capital en Jerusalén y con el reconocido derecho de los refugiados a retornar a sus hogares, siguiendo el espíritu de los acuerdos de "paz por territorios" y en base a las Resoluciones 242 y 338, los israelíes entendieron el proceso como "paz por paz".
Los israelíes consideraban que con la cesión de determinados territorios a los palestinos, en especial las grandes poblaciones, conseguirían un doble objetivo. Por un lado, pretender mostrar su voluntad de paz y justicia para con los palestinos, pero, por el otro, garantizar la seguridad de Israel. El mantenimiento de asentamientos estratégicos distribuidos a lo largo y ancho de los Territorios Ocupados era compatible con la concesión de una autonomía limitada a la ANP que, impuesto por los Acuerdos, debiera encargarse de controlar a aquellos grupos que desearan atentar contra Israel. Así, estas grandes poblaciones pasaron a ser administradas por la ANP, precisamente aquellas que son más ingobernables para los israelíes. Los servicios de seguridad palestinos, entrenados y apoyados por la CIA y el Shin Bet (cuerpo de seguridad interior israelí), han practicado durante este tiempo un gran número de detenciones de líderes y activistas de grupos radicales como Hamas y Jihad Islámica, lo que ha pemitido a Israel vivir una época de paz y seguridad, si exceptuamos los diversos atentados de 1996, impensable después de los acontecimientos de la primera Intifada. Paradójicamente, el "terrorista" más buscado por Israel y al que ahora se acusa de promover la violencia palestina, Yasser Arafat, ha sido el principal socio con el que ha contado el gobierno hebreo para que la sociedad israelí gozara de este período de paz.
El proceso de Oslo no se concibió como una conciliación entre iguales. Un hecho que ya quedó demostrado en el intercambio de cartas entre Yasser Arafat y Isaac Rabin, el entonces Primer Ministro israelí (asesinado por un radical judío en 1995), por el que la OLP reconocía el derecho de Israel a existir en paz y seguridad -y obligaba a declarar sin efecto los artículos de la Carta Nacional Palestina en los que se niega este derecho-, mientras que Israel sólo reconocía a la OLP como el representante del pueblo palestino. Cuando se habla sobre el "proceso de paz" (aun en minúsculas) nos estamos refiriendo a las propuestas norteamericanas que han dado cuerpo a los Acuerdos, pero, a su vez, se acepta como el único posible. De manera que cualquier crítica a este proceso es tachada como de ser "contraria a la paz". Es lo que Noam Chomsky denomina Newspeak, haciendo referencia a los sofismas mediáticos.
La OLP (o las facciones que apoyaron el proceso) es también responsable por haber firmado los Acuerdos. Si bien la situación en la que se encontraba la Organización en el momento de iniciar las conversaciones venía determinada por una crisis económica -cortadas sus fuentes de ingresos de otros países árabes por su apoyo a Irak en la contienda contra Kuwait- y por la presión internacional a sentarse a negociar en el marco del proceso de normalización regional promovido por los Estados Unidos, esto no puede eximir de responsabilidades a los negociadores palestinos, que aceptaron un acuerdo donde la resolución de las cuestiones importantes (Jerusalén, refugiados, fronteras, etc.) quedaban recogidas de forma muy general. El proceso negociador está lleno de anécdotas que ilustran la diferente preparación entre las dos partes, como el hecho de que los mapas que se discutieron fueran preparados por los israelíes o que el nivel de inglés de algunos miembros de la delegación palestina fuera bastante rudimentario. Los palestinos confiaron en el espíritu de los Acuerdos y descuidaron la letra. Los israelíes, por contra, han utilizado la indefinición de la letra para pervertir el espíritu. Y todo ello gracias al patrocinio de los Estados Unidos, que siempre han decantado la balanza hacia su aliado estratégico, Israel.
Desde que entraron en vigor los Acuerdos de Oslo, el gobierno israelí ha seguido construyendo asentamientos en los Territorios Ocupados a costa de la confiscación de tierras a los palestinos (a una media de 37 km2 anuales), normalmente, las más fértiles. Siguiendo la política de hechos consumados, la construcción de colonias ha servido para crear elementos que tendieran a hacer irreversible el proceso o bien, dotara de nuevos inputs a los israelíes con los que después poder negociar. Consecuentemente, la población de colonos ha alcanzado una cifra cercana a los 400.000 (incluyendo los de Jerusalén Este), lo que significa el doble de los existentes antes de los Acuerdos. Una vista aérea de los Territorios nos ofrece la imagen de una piel de leopardo, donde las poblaciones palestinas aparecen rodeadas de infinidad de asentamientos y carreteras de circunvalación.
Los casos de Hebrón y la Franja de Gaza son paradigmáticos. En Hebrón, 400 colonos viven en el centro de la ciudad (Zona H2), rodeados de 120.000 palestinos. Protegidos por el ejército israelí -cuyos soldados superan ampliamente en número al de los colonos-, provocan constantes enfrentamientos con los tenderos del mercado, ubicado a pocos metros de los bloques donde éstos habitan, destruyendo puestos y amenazando constantemente. Además, los soldados han establecido lugares de vigilancia en muchas azoteas de casas palestinas, con el consiguiente temor de los inquilinos. En el caso de la Franja de Gaza, no más de 6.000 colonos y 12.000 soldados ocupan cerca del 40% del territorio, frente al millón y medio de palestinos que viven hacinados, mayoritariamente en campos de refugiados. Si a todo ello añadimos que las principales fuentes de agua, bien de lujo en estas tierras, están controladas por los israelíes, resultaría cuanto menos incomprensible la sorpresa que el levantamiento palestino ha despertado en la sociedad israelí, si no se tuviera en cuenta el grado de desinformación que para con sus vecinos palestinos existe entre la población hebrea.
En definitiva, todas las medidas implementadas encaminadas a buscar una paz entre israelíes y palestinos han estado, y están, condicionadas por un sólo precepto, que se considera innegable e indiscutible por encima de cualquier otra consideración: el derecho a existir del Estado de Israel. En cambio, el derecho de los palestinos a tener su propio estado está supeditado a la anterior consideración. De ahí que la paz se haya fraguado en términos de seguridad (para Israel), y no en términos de justicia. Mientras no se equiparen los dos derechos, cualquier proceso de paz estará condenado a la inviabilidad.

Lo que implica el reconocimiento es mas que un mero juego de palabras, es la renuncia por parte de organizaciones reconocidas mundialmente como terroristas a sus postulados de “eliminación de Israel”.

Para nadie es un secreto que el primero de los artículos de los estatutos de dichas organizaciones es: “La lucha y destrucción del estado sionista”.

La prueba más evidente de que Hamas, Jijad islámica, los mártires de las mezquitas, etc. no quieren la paz con Israel, sino su destrucción, es que ya en 1948, antes de las fronteras de 1967, lanzaron una guerra para aniquilar al incipiente estado judío.

Mucho se habla de su dignidad y autorespeto como seres humanos, pero aquellos que no respetan la vida y así mismos ¿tienen dignidad, tienen autorespeto? Quiénes consienten y aun alientan a que sus hijos se suiciden explotándose con bombas en el altar del martirio y servicio a alá ¿Tienen dignidad, tienen autorespeto? Tengo por cierto que los tal hacen y aun alientan son una sociedad que ha perdido toda noción de lo mas elemental e importante de la raza humana: el derecho a la vida, y peores y mas culpables son sus líderes que usan a su propio pueblo como carne de cañón para obtener sus fines.

¿Qué estado es el que quieren los palestinos? “ “En el estado palestino soberano en Gaza” escribe Jefff Javoby columnista de The Boston Globe “Las informaciones de prensa raramente señalan que en la Franja de Gaza, donde los combates callejeros Fatah-Hamas han tenido lugar, la "ocupación" terminó en agosto del 2005, cuando Israel demolió 21 asentamientos judíos y expulsó a todo judío del territorio. A todos los efectos y propósitos, ha habido un estado palestino soberano en Gaza durante los 18 últimos meses. La anarquía y la violencia, los secuestros, las miriadas de bandas armadas -- eso es el verdadero estado palestino.”

"En el Estado de Palestina", escribe Caroline Glick en el Jerusalem Post, "los niños de dos años son asesinados y a nadie le importa. Los niños son despertados en mitad de la noche y asesinados delante de sus padres. Los fieles de las mezquitas son abatidos por terroristas que asisten a las mezquitas de la competencia... En el Estado de Palestina, las mujeres son desnudadas a la fuerza y obligadas a desfilar por la calle con el fin de humillar a sus maridos. Las ambulancias son detenidas camino de hospitales y los heridos son asesinados a sangre fría".

La maravilla no es que la Autoridad Palestina incite a la violencia y la inestabilidad; hay otros lugares en donde el derramamiento de sangre es también el pan nuestro de cada día. La maravilla no es que los palestinos, que reciben cantidades ingentes de ayuda internacional -- más de 1.200.000.000 dólares solamente el año pasado procedentes de gobiernos occidentales -- dediquen tantos de sus recursos y energías a armamento y guerras. La maravilla es que tantas voces pidan aún un estado palestino.

¿Pero alguna población ha sido alguna vez menos apropiada para tener estado que los palestinos? Desde los terroristas que eligen como líderes hasta la jihad promocionada en sus escuelas, su cultura está empapada de violencia y odio. Cada vez que el mundo les ha ofrecido soberanía -- una oferta que kurdos, chechenos o tibetanos aceptarían sin pensar -- los palestinos han optado en su lugar por el baño de sangre y el rechazo del derecho de Israel a existir.

"¿Qué más queréis", preguntaba una vez un frustrado Shimon Peres a Yasser Arafat, "un estado palestino o una lucha Palestina?" Una y otra vez, los palestinos han elegido la "lucha". La esencia misma de la identidad nacional palestina es el apetito por la destrucción de Israel. Tanto los estatutos de Fatah como los de Hamas piden la destrucción del estado judío a través del derramamiento de sangre. Una solución de dos estados -- Israel y Palestina viviendo juntos pacíficamente – es explícitamente lo que no quieren los palestinos. Ninguna cantidad de concesiones israelíes, tentativas americanas de persuasión o llamamientos del Cuarteto va a cambiar eso de manera plausible.”

El odio viseral hacia Israel y su destrucción es inculcado a los niños y jóvenes palestinos de manera sistemática y persistente donde el clímax y gloria es explotarse con bombas asesinando al enemigo sionista. ¿Esto es dignidad y autorespeto? ¿Quien los trata como seres infrahumanos?


El reconocimiento implicaría su aceptación de que merecen ser tratados como seres infrahumanos

Qué significa para los palestinos “el derecho de Israel a existir”

Desde las elecciones palestinas de 2006, Israel y gran parte de los países occidentales vienen afirmando que el principal obstáculo para cualquier progreso de la paz en Oriente Próximo lo constituye el rechazo de Hamás a “reconocer a Israel” o a “reconocer la existencia de Israel” o a “reconocer el derecho de Israel a existir”.
Estas tres formulaciones verbales han sido utilizadas por Estados Unidos, Israel y la Unión Europea como un argumento que justifica el castigo colectivo del pueblo palestino. Éstas frases han sido también utilizadas por los medios de comunicación, los políticos, e incluso los diplomáticos –una u otra, de una manera intercambiable— como si quisieran decir la misma cosa. Y no es así.
“Reconocer a Israel” o a cualquier otro Estado constituye un acto de legal y diplomático formal por parte de un Estado en relación con otro. Es inadecuado —hasta desatinado— hablar de que un partido político o un movimiento declare su reconocimiento diplomático de un Estado. Hablar de que Hamás “reconozca a Israel” es utilizar un tipo de discurso impreciso, confuso y engañoso, a fin de enmascarar las demandas reales que se hacen a los palestinos.
“Reconocer la existencia de Israel” parece a simple vista un reconocimiento relativamente correcto de una realidad. Sin embargo, esta frase implica serios problemas prácticos. ¿Qué “Israel”? ¿Dentro de qué fronteras? ¿Estamos hablando del 55% de la Palestina histórica que recomendaba para el Estado judío la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1947? ¿O quizás del 78% de la Palestina histórica ocupada por el movimiento sionista en 1948 y que ahora la mayor parte del mundo considera “Israel”?. ¿O del 100% de la Palestina histórica ocupada por Israel desde junio de 1967 y que figura como “Israel” (sin “líneas verdes”) los libros de texto de los escolares israelíes?
Israel nunca ha definido sus propias fronteras, porque para hacerlo habría de establecer límites a las mismas. Sin embargo, si esto fuese todo lo que se pide de Hamás, sería posible que el partido político gobernante reconociese como un hecho real que el Estado de Israel existe hoy dentro de unas determinadas fronteras. De hecho, la dirección de Hamás lo ha hecho así efectivamente en las últimas semanas.
“Reconocer el derecho de Israel a existir”, que es lo que ahora se le exige a Hamás y a los palestinos, es un asunto enteramente diferente. Esta formulación no tiene que ver con formalismos diplomáticos, ni siquiera con una simple aceptación de las realidades presentes, sino que impone un juicio moral.
Hay una diferencia enorme entre “reconocer la existencia de Israel” y “reconocer el derecho de Israel a existir”. Desde una perspectiva palestina, la diferencia es del mismo orden que la diferencia existente entre pedir a un judío que reconozca que el Holocausto sucedió y pedirle que afirme que el Holocausto estuvo moralmente justificado. Para los palestinos, reconocer la existencia de la Nakba –la expulsión de la gran mayoría de los palestinos de su patria, en los años 1947 y 1949— es una cosa. Sin embargo, reconocer que la Nakba estuvo justificada es un asunto enteramente diferente. Para los pueblos judío y palestino, el Holocausto y la Nakba, respectivamente, representan catástrofes e injusticias de una escala inimaginable, que ni pueden ser olvidadas ni perdonadas.
Pedir que los palestinos reconozcan “el derecho de Israel a existir” es exigir que un pueblo que ha sido tratado como si estuviera formado por seres infrahumanos y despojado de los derechos humanos básicos proclame públicamente que efectivamente es infrahumano. Implicaría la aceptación de los palestinos de que merecen lo que se les ha hecho y se le sigue haciendo cada día. Ni siquiera los gobiernos estadounidenses del siglo XIX exigieron a los indígenas norteamericanos supervivientes que proclamasen públicamente la “justicia” de la limpieza étnica llevada a cabo por los colonialistas europeos, como condición previa hasta a la discusión de qué clase de reservas podían recibir. Tampoco se les impuso a los nativos norteamericanos vivir en condiciones de bloqueo económico y amenaza de muerte por inanición hasta que abandonasen el orgullo que pudiera quedarles y aceptasen la citada “justicia”.
Hay quien piensa que Yasser Arafat aceptó el argumento con el fin de salir del ostracismo y de la demonización, y ganarse el derecho a que fuesen los americanos, directamente, quienes le leyesen la cartilla. Pero de hecho, en su famoso discurso de 1988, en Estocolmo, aceptó “el derecho de Israel a existir en paz y seguridad”. Este lenguaje, significativamente, se refiere a las condiciones de existencia de un Estado que, de hecho, existe. No tiene nada que ver con la cuestión existencial de la ”justicia” del despojo y la dispersión del pueblo palestino de su patria con el fin de crear un espacio para otro pueblo venido del extranjero.
La concepción original de la frase “el derecho de Israel a existir” y su uso como pretexto para no entablar conversaciones con los líderes palestinos que siguen defendiendo los derechos de su pueblo se atribuye al ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger. Es muy probable que los países que siguen empleando esta frase lo hagan con total conocimiento de lo que implica, moral y psicológicamente, para el pueblo palestino.
No obstante, muchas personas de buena voluntad y valores morales pueden ser llevadas a engaño por la simplicidad superficial de la frase “el derecho de Israel a existir” y llegar a pensar que constituye una exigencia razonable. Y si el “derecho a existir” es razonable, entonces su rechazo debe de representar algo perverso, y no la necesidad profundamente sentida por los palestinos de afirmarse en su autorespeto y dignidad como seres humanos a todos los efectos. Que esta necesidad es sentida profundamente es algo que demuestran las encuestas: el porcentaje de población palestina que aprueba el rechazo de Hamás a aceptar esta exigencia excede en gran medida el porcentaje de población que votó por armas en enero de 2006.
Las personas que reconocen la importancia crítica de alcanzar la paz entre israelíes y palestinos, y que desean verdaderamente un futuro decente para ambos pueblos deben reconocer que la exigencia de que Hamás reconozca “el derecho de Israel a existir” no es razonable, es inmoral y es imposible de cumplir. Por consiguiente, deben insistir en que se retire este obstáculo a la paz, se levante el estado de sitio económico de los territorios palestinos y se reanude la búsqueda de una paz basada en algún tipo de justicia con la urgencia que merece.

F. Gonzalez

¿Me gustaría que, usara de la imparcialidad que se supone debe tener todo buen comunicador e hiciera lo propio con un miliciano de la Jihad islámica, o de Hamas, o del Fatah? siguiendo su oración de despedida de este mundo pues se va "inmolar" entregando su vida al “servicio de Alá”, luego como escoge, o como le escogen, el lugar mas concurrido, la hora mas atestada de gente y el momento exacto, como se ata al cuerpo un cinturón con bombas y para que asesine a mas judíos como la rellena con clavos, tornillos, etc., como va sigilosamente camuflado como cualquier persona o disfrazado de judío ortodoxo, soldado o simplemente de civil, y finalmente captar con tu lujurioso lente toda la magnitud de la escena…la entrada al autobús, panadería, heladería, restaurante o lo que fuera mientras haya mas judíos que matar mejor y captar la explosión, captar una y otra vez los restos de cuerpos ensangrentados, niños y niñas mutilados, manos, piernas, torsos, el local destrozado y en llamas, captar la cara de los heridos, perdidos que no saben lo que ha pasado… es un sueño… las lagrimas y dolor de ver a tu ser querido mutilado y destrozado en el pavimento.

Lamentablemente jamás lo vas a conseguir, los terroristas nunca te dejaran que les delates con tu maravilloso lente, los poderosos tentáculos del terror islámico jamás te darán acceso. ¿y quien se queja y alza la voz? ¿Quién les grita atropello a mis derechos no nos dejan informar?

Pero Israel si, haz usado la libertad que te da el estado de Israel para hacer tu libelo video, y cuando éste te dice que no zas! Es un estado totalitario y racista! celebro tu deportación y espero que nunca vuelvas a pisar la Tierra.

Los saldados israelíes buscan casa por casa a estos suicidas con bombas que ocultan sus laboratorios y sus escondites entre la población civil ¿o acaso es algo nuevo que los terroristas palestinos se escudan entre la población civil? Prefiero mil veces el trato de un soldado israelí que el de un terrorista suicida con bombas.

Como dijo Ghandi: Lo que se obtiene con violencia, sólo puede mantenerse con violencia. Israel debe devolver todo lo robado y pedir perdón si quiere vivir en paz, mientras quiera seguir robando más y más territorio, decir que desea la paz es simplemente, mentira

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