Fuera de juegos

Sobre el autor

Walter Oppenheimer

Walter Oppenheimer es corresponsal de EL PAÍS en Londres y antes lo fue en Bruselas. Y antes de eso pasó bastantes años en la redacción de Barcelona, haciendo un poco de todo. Como tantos periodistas, no sabe de casi nada pero escribe de casi todo.
Este blog pretende dar una visión diferente de la capital británica y cómo vive la cita olímpica más allá del deporte

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agosto 2012

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Muerte y resurrección junto al Estadio Olímpico

Por: | 01 de agosto de 2012

La factoría de ahumar salmones de Lance Forman en el East End londinense ardió en 1998, se inundó en 1999 y fue expropiada en 2003 para edificar el estadio Olímpico. ¿Derrotado? Todo lo contrario. Forman compró un terrenos a 200 metros de donde estaban antes, pero en la otra ribera del canal Cut, ya fuera del perímetro olímpico. Y amplió actividades: restaurante con vistas al estadio, salones para fiestas corporativas, galería de arte. Y ahora, durante los Juegos, ha transformado un solar en el Forman’s Fish Island Riviera, con playa para  jugar a balonvolea, pantalla gigante para seguir los Juegos. Allí se sirven botellas gigantes de Dom Pérignon Jeroboam a 6.300 euros, aunque también hay comida playera a 10 euros. “Aquí todos son bienvenidos”, aclara Forman.

Lance Forman (Foto Ione Saizar)
Lance Forman, en su local. / IONE SAIZAR

     Con suerte, uno se puede codear con Michael Phelps, o con el equipo femenino de natación de Estados Unidos, que estuvieron allí la semana pasada. O con famosos como Jackie Chan o Ryan Seacrest. “Estamos a tres minutos andando de Victoria Gate, el acceso más próximo al estadio. Y durante los Juegos tenemos licencia para cerrar a las cuatro de la mañana”, explica el dueño.

     Bisnieto de Harry (Aaron) Forman, que fundó la compañía en 1905 reproduciendo el negocio de ahumados que abandonó al dejar Rusia, Lance es un hombre sencillo y acogedor que disfruta explicando cómo ha transformado el desastre del desalojo olímpico en una oportunidad. No todos han podido hacer lo mismo. “Allí”, dice señalando al parque olímpico, al otro lado del canal, “había 250 empresas. Era la mayor concentración de industria manufacturera de Londres. Muchas han tenido que cerrar”, se lamenta.

     Ellos se trasladaron a Fish Island, apenas a 200 metros de donde estaban. “Entonces nos dimos cuenta de que el nuestro sería el edificio más cercano a un estadio Olímpico en toda la historia. Y eso nos brindaba una oportunidad tan interesante que en lugar de centrarnos de nuevo en el pescado añadimos nuevos negocios para aprovechar los Juegos. Un restaurante, el Riviera, alquiler de salones para recepciones y una galería de arte. Esta zona de Londres tiene la mayor concentración de artistas del mundo”.

     Luego llegó la idea de crear la zona playera, con 250 toneladas de arena y 40 palmeras traídas de Italia, para aprovechar el imán de la competición olímpica. “Hemos querido hacer algo realmente mágico, que la gente recuerde durante toda su vida, que transforme esta parte de Londres. Si no lo hubiéramos hecho, esto sería un solar abandonado, desaprovechado”.

     El bar playero lo lleva Maddox, “que ha recibido el premio a mejor bar discoteca de Londres”, explica. El club de jazz anexo al restaurante lo gestiona el famoso Ronnie Scotts del Soho. La comida playera es de uno de los proveedores del príncipe Carlos. En la galería de arte se abrió la semana pasada una exposición de 70 fotografías icónicas de Mohamed Alí para festejar su 70 cumpleaños. La inauguró Rahman, hermano pequeño del boxeador, que subrayó la coincidencia de que esa noche se habían reunido de nuevo Alí y Forman, en referencia a George Foreman, el gran rival de Mohamed.

     Los atletas olímpicos entran gratis y si han ganado una medalla y se fotografían con ella en el podio que hay en la zona playera les regalan una botella de champan. Normal para el bronce, magnum para la plata y Jeroboam para el oro.

     “Cuando hace cinco años empezamos esta batalla pensamos que los Juegos Olímpicos no tienen tanto que ver con el deporte como con regenerar el Este de Londres. Y todo el mundo que ha pasado por aquí me ha felicitado por estar ayudando a regenerar la zona, por emplear a gente del barrio”, explica. “Pero las autoridades, lo único que hacen es darme quebraderos de cabeza. Incluso en mi propio distrito municipal. Igual que las autoridades olímpicas. Es frustrante. Si no podemos ser emprendedores, nunca podremos salir de la recesión”, se lamenta.

Forman's Fish Island Riviera (Foto Ione Saizar)
Forman´s Fish Island Riviera. / IONE SAIZAR

     “Aparte del deporte, los Juegos Olímpicos son una enorme oportunidad para hacer cosas. En plena recesión, el mundo entero nos está mirando. Pero las empresas no se atreven a venir y montar fiestas porque no les dejan utilizar la palabra olímpico en sus invitaciones. Toda esa protección es ridícula. Nosotros no somos una amenaza para Coca Cola. Tenemos Coca Cola en el bar. Aceptamos tarjetas Visa. Toda esa protección se ha convertido en una locura. Y están generando un clima de rechazo. Especialmente entre los locales porque lo único que les dicen es que no pueden hacer eso, que no pueden hacer aquello. Lo que no sabemos es lo que sí podemos hacer”, concluye.

Muerte y resurrección junto al Estadio Olímpico

Por: | 01 de agosto de 2012

La factoría de ahumar salmones de Lance Forman en el East End londinense ardió en 1998, se inundó en 1999 y fue expropiada en 2003 para edificar el estadio Olímpico. ¿Derrotado? Todo lo contrario. Forman compró un terrenos a 200 metros de donde estaban antes, pero en la otra ribera del canal Cut, ya fuera del perímetro olímpico. Y amplió actividades: restaurante con vistas al estadio, salones para fiestas corporativas, galería de arte. Y ahora, durante los Juegos, ha transformado un solar en el Forman’s Fish Island Riviera, con playa para  jugar a balonvolea, pantalla gigante para seguir los Juegos. Allí se sirven botellas gigantes de Dom Pérignon Jeroboam a 6.300 euros, aunque también hay comida playera a 10 euros. “Aquí todos son bienvenidos”, aclara Forman.

Lance Forman (Foto Ione Saizar)
Lance Forman, en su local. / IONE SAIZAR

     Con suerte, uno se puede codear con Michael Phelps, o con el equipo femenino de natación de Estados Unidos, que estuvieron allí la semana pasada. O con famosos como Jackie Chan o Ryan Seacrest. “Estamos a tres minutos andando de Victoria Gate, el acceso más próximo al estadio. Y durante los Juegos tenemos licencia para cerrar a las cuatro de la mañana”, explica el dueño.

     Bisnieto de Harry (Aaron) Forman, que fundó la compañía en 1905 reproduciendo el negocio de ahumados que abandonó al dejar Rusia, Lance es un hombre sencillo y acogedor que disfruta explicando cómo ha transformado el desastre del desalojo olímpico en una oportunidad. No todos han podido hacer lo mismo. “Allí”, dice señalando al parque olímpico, al otro lado del canal, “había 250 empresas. Era la mayor concentración de industria manufacturera de Londres. Muchas han tenido que cerrar”, se lamenta.

     Ellos se trasladaron a Fish Island, apenas a 200 metros de donde estaban. “Entonces nos dimos cuenta de que el nuestro sería el edificio más cercano a un estadio Olímpico en toda la historia. Y eso nos brindaba una oportunidad tan interesante que en lugar de centrarnos de nuevo en el pescado añadimos nuevos negocios para aprovechar los Juegos. Un restaurante, el Riviera, alquiler de salones para recepciones y una galería de arte. Esta zona de Londres tiene la mayor concentración de artistas del mundo”.

     Luego llegó la idea de crear la zona playera, con 250 toneladas de arena y 40 palmeras traídas de Italia, para aprovechar el imán de la competición olímpica. “Hemos querido hacer algo realmente mágico, que la gente recuerde durante toda su vida, que transforme esta parte de Londres. Si no lo hubiéramos hecho, esto sería un solar abandonado, desaprovechado”.

     El bar playero lo lleva Maddox, “que ha recibido el premio a mejor bar discoteca de Londres”, explica. El club de jazz anexo al restaurante lo gestiona el famoso Ronnie Scotts del Soho. La comida playera es de uno de los proveedores del príncipe Carlos. En la galería de arte se abrió la semana pasada una exposición de 70 fotografías icónicas de Mohamed Alí para festejar su 70 cumpleaños. La inauguró Rahman, hermano pequeño del boxeador, que subrayó la coincidencia de que esa noche se habían reunido de nuevo Alí y Forman, en referencia a George Foreman, el gran rival de Mohamed.

     Los atletas olímpicos entran gratis y si han ganado una medalla y se fotografían con ella en el podio que hay en la zona playera les regalan una botella de champan. Normal para el bronce, magnum para la plata y Jeroboam para el oro.

     “Cuando hace cinco años empezamos esta batalla pensamos que los Juegos Olímpicos no tienen tanto que ver con el deporte como con regenerar el Este de Londres. Y todo el mundo que ha pasado por aquí me ha felicitado por estar ayudando a regenerar la zona, por emplear a gente del barrio”, explica. “Pero las autoridades, lo único que hacen es darme quebraderos de cabeza. Incluso en mi propio distrito municipal. Igual que las autoridades olímpicas. Es frustrante. Si no podemos ser emprendedores, nunca podremos salir de la recesión”, se lamenta.

Forman's Fish Island Riviera (Foto Ione Saizar)
Forman´s Fish Island Riviera. / IONE SAIZAR

     “Aparte del deporte, los Juegos Olímpicos son una enorme oportunidad para hacer cosas. En plena recesión, el mundo entero nos está mirando. Pero las empresas no se atreven a venir y montar fiestas porque no les dejan utilizar la palabra olímpico en sus invitaciones. Toda esa protección es ridícula. Nosotros no somos una amenaza para Coca Cola. Tenemos Coca Cola en el bar. Aceptamos tarjetas Visa. Toda esa protección se ha convertido en una locura. Y están generando un clima de rechazo. Especialmente entre los locales porque lo único que les dicen es que no pueden hacer eso, que no pueden hacer aquello. Lo que no sabemos es lo que sí podemos hacer”, concluye.

El País

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