Fuera de juegos

Sobre el autor

Walter Oppenheimer

Walter Oppenheimer es corresponsal de EL PAÍS en Londres y antes lo fue en Bruselas. Y antes de eso pasó bastantes años en la redacción de Barcelona, haciendo un poco de todo. Como tantos periodistas, no sabe de casi nada pero escribe de casi todo.
Este blog pretende dar una visión diferente de la capital británica y cómo vive la cita olímpica más allá del deporte

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El ‘tim llibí’ se hace de oro

Por: | 03 de agosto de 2012

Hay pocas cosas más deprimentes en un gran acontecimiento deportivo que una mala actuación del equipo local. Estadios llenos, banderas al viento, euforia, son componentes esenciales del espectáculo. ¿Y qué es el deporte, sino espectáculo, en el siglo XXI? En Londres 2012, el equipo local arrancó con mucha flojera, añadiendo dudas a unos Juegos amenazados por las polémicas: que si la improvisación en seguridad, los líos del transporte, indignantes calvas en las gradas, que si la ciudad está vacía... Tanta flojera hubo que cuatro días sin medallas llevaron a rebajar las expectativas: el sueño de alcanzar 70 medallas se redujo a un máximo de 60.

Pero el Team GB, equipo de Reino Unido, que fonéticamente suena tim lliví, con castizo tono madrileño en la elle, ya está aquí. Al quinto día cayó el primer oro, al sexto nada menos que la triple corona dorada, y ayer siguió la cosecha. Ya ondea la Union Jack en las gradas y empiezan a sonar a coro los gritos de “tim lliví, tim lliví, tim lliví”.

Un grito algo extraño en un país en el que los estadios cantan. Son cánticos con raíces profundas, el cúmulo de miles de citas en la grada, actualizados con la más palpitante actualidad. La música suele ser la misma, pero la letra incorpora la última desgracia ajena: la aventura extraconyugal del capitán del equipo contrario, el inexorable camino hacia el descenso del eterno rival o su inesperada eliminación de la Champions League.

Hoy
Philip Hindes, Jason Kenny y Chris Hoy celebran el oro en la final de persecución por equipos. C KARABA

Todo eso no existe en el deporte olímpico, donde hay que esperar cuatro años entre cita y cita. Y lo que no existe hay que inventarlo. Team GB es un invento. Es una marca comercial. Un artificio utilizado por primera vez en 1996 y patentado por la Asociación Olímpica Británica (BOA) en 1999.

Y es, además, un artificio muy polémico. Por razones deportivas y por razones políticas. Políticas porque Gran Bretaña es un concepto geográfico que se refiere a la más grande de las islas británicas y engloba a las naciones de Inglaterra, Escocia y Gales, lo que deja fuera al cuarto componente de lo que oficialmente es el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. El BOA se defiende con el argumento, cogido por los pelos, de que si el equipo olímpico se llamara Team UK, como parece más lógico, tampoco sería completamente inclusivo porque dejaría fuera a las islas del Canal y los territorios dependientes, como, por ejemplo, las Malvinas.

En el Team GB también hay deportistas de Irlanda del Norte, en concreto cinco, frente a 24 de Gales, 42 de Escocia y 471 de Inglaterra. Y los unionistas norirlandeses, defensores a cal y canto de la pertenencia del norte de Irlanda a la corona británica, se han opuesto siempre a la marca Team GB. Para complicar más las cosas, los norirlandeses que tienen tanto el pasaporte británico como el irlandés, pueden optar entre representar al Team GB o a la República de Irlanda.

No es el único conflicto. Escoceses y galeses recelan de un equipo británico de fútbol, se llame como se llame. Temen perder el privilegio de que Reino Unido disponga de cuatro selecciones nacionales, una por cada una de las home nations. Aunque legalmente no pueden impedir que sus jugadores representen al Team GB, no hay ningún escocés en el equipo masculino de fútbol y solo dos en el femenino, Ifeoma Dieke y Kim Little.

Hay más galeses en el Team GB: cinco en el masculino (Giggs, Bellamy, Ramsey, Allen y Taylor). Pero han marcado las distancias a su manera al abstenerse manifiestamente de cantar el God Save the Queen. Por si acaso.

El País

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