Fuera de juegos

Sobre el autor

Walter Oppenheimer

Walter Oppenheimer es corresponsal de EL PAÍS en Londres y antes lo fue en Bruselas. Y antes de eso pasó bastantes años en la redacción de Barcelona, haciendo un poco de todo. Como tantos periodistas, no sabe de casi nada pero escribe de casi todo.
Este blog pretende dar una visión diferente de la capital británica y cómo vive la cita olímpica más allá del deporte

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Para disfrutar no hace falta entrada

Por: | 04 de agosto de 2012

Aunque Londres no se ha emborrachado de olimpismo, en torno al Parque Olímpico de Stratford sí se viven los Juegos en la calle. La plazoleta que recibe al visitante al salir de la estación de metro bulle de gentío en una tarde de sol esplendoroso. Los afortunados que tienen entradas se cruzan con los que, aunque no las tienen, han decidido acercarse a Stratford para olfatear el aroma del Olimpo, o con local

En el barullo, los voluntarios organizan el tráfico de personas: por aquí, al Parque Olímpico y a Westfield, el centro comercial que hace de antesala de los Juegos; hacia allá, a la estación, un nudo de comunicaciones en el que convergen varias líneas de metro y de tren; cruzando la calle se va al Stratford Centre, la galería comercial que en su día fue moderna y tiene miedo de quedarse obsoleta a la sombra de Westfield.

Pero el Stratford Centre está esta tarde lleno de vida, con un mercadillo en el que brillan frutas y hortalizas de medio mundo, una variedad que compite con el mosaico de razas y colores de los paseantes. Uno puede ahí sorber el jugo de un coco, llevarse un pedazo de caña de azúcar o adquirir una exquisitez jamaicana.

TEAMISLAM
Un hombre reparte propaganda en la que busca conversos al islam. / ione saizar

Fuera, al sol de la plaza, hay también mercadeo, pero de otro tipo. Un nutrido grupo de musulmanes reparte propaganda a la busca de conversos. “Team Islam. Ten éxito. Sé musulmán”, proclaman en folletos y camisetas. Un poco más allá, llaman la atención las cabezas de tigre estampadas en camisetas rojas de otro grupo que va repartiendo octavillas. Denuncian “el genocidio de los tamiles en Sri Lanka”. A un par de calles de ahí, los tamiles protagonizan una huelga de hambre y piden que Sri Lanka sea suspendida de los Juegos Olímpicos, entre otras exigencias. Más parece una cura de ayuno: la huelga empezó el 22 de julio y acabará el 12 de agosto.

Hay un tercer grupo, mucho más discreto a pesar del llamativo azul turquesa de sus camisetas. Son voluntarios del consejo municipal de Newham, al que pertenece Stratford, y uno de los más pobres y diversos de Londres. Para el municipio, como para la media docena más en los que se asienta el Parque Olímpico, los Juegos no han sido solo una oportunidad de incrementar la inversión pública y atraer inversión privada. Es también la ocasión de que se acerque gente que, sin los Juegos, quizás nunca vendría.

TAMIL
Un grupo de personas denuncia el genocidio de los tamiles en Sri Lanka. / ione saizar

Turistas, desde luego, pero también gente como Allan, que vive a una hora de Londres pero se ha acercado a un pub de Stratford “para vivir esta atmósfera de fraternidad y buen entendimiento”, dice mientras apura una caña de cerveza a media tarde. Allan ha elegido un modestísimo pub de un barrio deprimido para disfrutar de esa fraternidad deportiva.

Otros ya conocen Stratford, como Andy. Aunque hace ya tiempo que dejó el barrio, nació y se crió en él. Ya caída la noche, está en un pub de The Grove, con una pinta en la mano, un par ya en el estómago y sin apenas prestar atención al montón de pantallas que le ofrecen el atletismo en directo.

“He venido porque quería vivir la atmósfera de los Juegos. No tengo entradas y tampoco me gastaría un dineral comprándolas, pero esto es algo que solo ocurre una vez en la vida y sentía que tenía que estar aquí. La verdad es que no entiendo a la gente que se queja de que hayan traído los Juegos. Para el barrio, es algo fantástico”, sentencia.

Fuera ya ha dejado de tocar la orquesta que entretenía a los locales. Más abajo, en el Theatre Royal, el Comité Olímpico nigeriano ha instalado durante los Juegos la Casa de Nigeria. El bar está lleno. Se come, se bebe y se charla con gusto. No hace falta tener entradas para disfrutar de los Juegos. Basta con tener ganas.

El País

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