Fuera de juegos

Sobre el autor

Walter Oppenheimer

Walter Oppenheimer es corresponsal de EL PAÍS en Londres y antes lo fue en Bruselas. Y antes de eso pasó bastantes años en la redacción de Barcelona, haciendo un poco de todo. Como tantos periodistas, no sabe de casi nada pero escribe de casi todo.
Este blog pretende dar una visión diferente de la capital británica y cómo vive la cita olímpica más allá del deporte

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ExCeL, poco ‘glamour’, mucha miga

Por: | 07 de agosto de 2012

ExCeL, con tres mayúsculas, podría llevarse la medalla de oro a la instalación olímpica con menos glamour de estos Juegos. Pero, a falta de glamour, le sobra miga. El Exhibition Centre London no es más que una feria de muestras y un centro de convenciones. Una enorme caja de zapatos alargada, sin ninguna pretensión arquitectónica, que se estructura con un pasillo central de servicio que la atraviesa de forma longitudinal. A cada lado del mismo hay sendas naves gigantescas que se subdividen en función del espacio necesario para las exhibiciones del momento.
Hasta ahí, la falta de glamour.


La miga viene de la macedonia de competiciones que se están desarrollando en él. Una curiosísima mezcla de deportes exquisitamente delicados, como la esgrima o el tenis de mesa, con otros más bien rudos, cuando no brutales, como el boxeo (con mujeres incluidas por primera vez en unos Juegos), la lucha libre, la halterofilia o el yudo, aunque quizás el yudo debería estar más bien en la lista de los delicados.
El público es tan heterogéneo como los deportes que se practican. Desde muchachotes del East End que acuden a disfrutar de los de combate hasta familias italianas atraídas por la destreza de sus paisanas en la esgrima.
ExCeL es también el paraíso de países que apenas destacan en los grandes deportes, pero son potencias o, al menos, respetados en otros como la lucha libre, la halterofilia o el yudo, como Azerbaiyán, Irán, Armenia, Kazajistán, Georgia o Mongolia.
La gracia de esa combinación de deportes y aficiones que van de un extremo a otro es que lo que ocurre en ExCeL no deja de ser un reflejo de las diferencias que conforman el municipio en el que se asienta, Newham, uno de los más pobres de Londres. En particular, el Victoria Dock, el antiguo muelle en el que está construido el pabellón ferial, una zona de la ciudad que ha cambiado por completo en los últimos 30 años.


El Victoria era el más grande e importante de los Muelles Reales de Londres, una serie de puertos interiores conectados al Támesis al Este de la capital. Abierto en 1855, tuvo una importancia vital en el comercio británico, especialmente con sus colonias de entonces, aunque no solo. Por ahí entraban frutas tropicales, ganado vivo, tabaco y todo tipo de mercancías. Incluso bien avanzado el siglo XX, el puerto de Londres era uno de los más importantes del país y de toda Europa.
Pero la llegada de los contenedores, con el consiguiente uso de embarcaciones cada vez más grandes y de grúas de descarga también cada vez más grandes, significó el comienzo del declive de los Docklands.
La entrada de Reino Unido en la entonces Comunidad Económica Europea, con el cambio de tendencia en la importación y la exportación de productos, aceleró el bajón. Los Docklands fueron decayendo de forma inevitable y cerraron a principios de los años 80.
Luego llegarían las políticas de regeneración en la era de Margaret Thatcher; la construcción de la zona de oficinas de Cannary Wharf, en la Isle of Dogs; el City Airport y, finalmente, el ExCeL.
Esa regeneración ha atraído a la clase media a los modernos apartamentos con vistas el muelle que rodean al viejo puerto, pero no ha acabado con los problemas sociales.
Newham, uno de los municipios más diversos, con menos del 30% de británicos blancos, tiene un 50% más de paro que la media del país, un 27% de hogares en los que nadie trabaja, peores resultados escolares que la media londinense, dos años y medio menos de expectativa de vida que en el resto de la capital y casi un 50% más de fallecidos a causa de enfermedades circulatorias.

El País

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