Fuera de juegos

Sobre el autor

Walter Oppenheimer

Walter Oppenheimer es corresponsal de EL PAÍS en Londres y antes lo fue en Bruselas. Y antes de eso pasó bastantes años en la redacción de Barcelona, haciendo un poco de todo. Como tantos periodistas, no sabe de casi nada pero escribe de casi todo.
Este blog pretende dar una visión diferente de la capital británica y cómo vive la cita olímpica más allá del deporte

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El fútbol como legado

Por: | 08 de agosto de 2012

Inevitablemente, después de la borrachera de los Juegos Olímpicos llega siempre la resaca del legado. Disfrutar de tres semanas de deporte del más alto nivel y concentrar la atención del mundo nunca es suficiente. Los Juegos se han de justificar como una apuesta para el futuro. En Barcelona, el legado fueron las infraestructuras de transporte y en especial el cinturón de ronda, la transformación de la zona de Poblenou y poner la ciudad en el mapa, convirtiéndola en destino turístico de moda.

El legado de Pekín fue más político: consolidar la imagen de China como potencia económica mundial. Londres, que ya está en el mapa, deja la regeneración de Stratford como bandera de la transformación del East End. A la larga, sin embargo, el gran problema de las capitales olímpicas es qué hacer con el corazón en torno al que palpitan los Juegos: el estadio. El de Múnich se convirtió en mítico estadio de fútbol, trágicamente jubilado antes de tiempo. El de Montjuïc, en cambio, es ya un mausoleo.

ESTADIO
Vista aérea del Estadio Olímpico. / JEFF J MITCHELL (afp)

Para el estadio de Stratford hay grandes planes, pero su futuro aún no está resuelto. En 2010 se decidió que se lo quedara el West Ham United, un club que mantiene las esencias de barrio que caracterizaban al fútbol inglés. El West Ham le ganó la partida al Tottenham, un club más sólido pero que ponía una condición para trasladarse a Stratford: eliminar la pista de atletismo. Topó con el problema de los símbolos y quedó descabalgado.

Aquel acuerdo saltó por los aires porque se opusieron tanto el Tottenham como el Leyton Orient, un minúsculo pero combativo rival local del West Ham que tiene una entrada media de menos de 5.000 personas por partido. Un denunciante anónimo logró paralizar el acuerdo alegando que transferir el estadio gratis al West Ham podía ser considerado una ayuda de Estado y violar las leyes europeas sobre la libre competencia.

El concurso se volvió a abrir, pero esta vez la transferencia se deberá hacer a cambio del pago de un alquiler por el uso de las instalaciones. El West Ham es de nuevo el gran favorito, por delante de otras tres candidaturas aceptadas: un hasta ahora desconocido consorcio privado, Intelligent Transport Services, que propone construir un circuito de Fórmula 1; el UCFB College of Football Business; y el Leyton Orient, que lo que en realidad quiere es compartir el estadio con el West Ham.

El ambiente en el estadio es extraordinario: el rugido de los 80.000 espectadores que lo abarrotan estos días es espectacular. Pero el West Ham moriría en unos pocos años si se trasladara ahí ahora mismo. Le pasaría como al Espanyol en Montjuïc, que ni siquiera escondiendo gran parte de las gradas conseguía tener buen ambiente.

El caso del West Ham tiene mejores perspectivas. Primero, porque ya ahora está instalado en el barrio. Su estadio, oficialmente llamado Boleyn Ground pero conocido como Upton Park, está a poco más de seis kilómetros. El proyecto contempla reducir el aforo de Stratford a 60.000 espectadores, construir palcos comerciales, levantar una nueva cubierta que cubra toda la gradería y no solo a medias como ocurre ahora y construir un sistema de asientos retráctiles que permita cubrir con espectadores la pista de atletismo de forma que se pueda seguir utilizando para competiciones atléticas.

Son condiciones imprescindibles para evitar que al West Ham le pase como al Espanyol. Aún y así, está por ver que un equipo que apenas llena un estadio de 35.000 espectadores (la media el año pasado fue de 31.079, una cifra excelente para un equipo que estaba en el equivalente a la Segunda A española) consiga arrastrar a 60.000 personas a Stratford. Los dueños del club creen que es su gran oportunidad para transformarlo en una potencia futbolística. Quizás sea ese el legado de los Juegos: un club de fútbol. Pero corre el riesgo de que, al igual que la regeneración de Stratford, que ignora a menudo a las comunidades locales, transforme un equipo popular y con gran arraigo local en uno más entre tantos otros clubes que estiran más el brazo que la manga.

El País

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