Fuera de juegos

Sobre el autor

Walter Oppenheimer

Walter Oppenheimer es corresponsal de EL PAÍS en Londres y antes lo fue en Bruselas. Y antes de eso pasó bastantes años en la redacción de Barcelona, haciendo un poco de todo. Como tantos periodistas, no sabe de casi nada pero escribe de casi todo.
Este blog pretende dar una visión diferente de la capital británica y cómo vive la cita olímpica más allá del deporte

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Patriotismo olímpico

Por: | 09 de agosto de 2012

Los británicos pasaron primero de las dudas al alivio y enseguida del alivio a la euforia. Londres 2012 ha sido ya declarado un éxito por el sentimiento popular y la cascada de medallas no ha hecho más que reforzar ese júbilo. Una ola de patriotismo recorre el país en forma de Union Jack y las camiseta del Team GB, diseñadas por Stella McCartney, se han convertido en un espectacular éxito de ventas.

 


Hasta el buen tiempo se ha sumado a la fiesta y el chaparrón ocasional y las noches fresquitas han sido recibidos como un mal menor cuando apenas una semana antes de los Juegos el frío y la lluvia llevaban dos meses dominando los espacios meteorológicos.
El 85% de los que se declaraban escépticos se dicen ahora seducidos por el Team GB, según una encuesta de OnePoll para Freeview realizada entre 2.000 adultos el miércoles. Probablemente no sean tantos, pero en las conversaciones privadas domina la sensación de que los Juegos van mucho mejor de lo esperado por una población que, después de los fiascos de Wembley y del Millenium y azuzada por una prensa agorera y tremendista como pocas, se los había tomado como una pesadilla.
El temor al fracaso empezó a desaparecer la misma noche de la ceremonia inaugural y lo hizo por completo al quinto día de competición. En vez de caos en el transporte y colas en los controles de seguridad, los británicos se encontraron una lluvia de medallas: 51 a media tarde del jueves, con 24 oros. Más que en todos los Juegos de Pekín (47 y 19) y a años luz del bochorno en los de Atlanta (solo 15 medallas y un raquítico oro).
Según esa encuesta, un 88% de los habitantes de Reino Unido han visto alguna transmisión olímpica y el 78% de los jóvenes de entre 18 y 25 años, los más escépticos antes de los Juegos, aseguran que el Team GB ha disparado su sentimiento de orgullo nacional. Uno de cada tres varones admiten que han llorado de emoción en algún momento de la competición.
Es quizás significativo que la victoria en el pentatlón de Jessica Ennis, de padre jamaicano y madre inglesa, haya sido el momento más emotivo para el 27% de los encuestados. Y el triunfo en los 10.000 metros de Mo Farah, un somalí que llegó a Reino Unido a los ocho años, es citado por el 19%. En tercer lugar, la ceremonia inaugural es mencionada por el 13%.

A

Los Juegos han dado voz a alguna polémica política. El presidente del olimpismo británico, el político conservador Moynihan, ha denunciado la desproporcionada presencia de deportistas procedentes de escuelas privadas entre los ganadores a pesar de que el 93% de los estudiantes del país se educa en públicas. Una desproporción que el diario conservador The Telegraph cree que se asienta en la asfixia económica de las autoridades locales en los años 80 del siglo pasado, que les llevó a vender muchos terrenos de recreo de las escuelas públicas mientras en las privadas siempre se ha invertido en fomentar el deporte.
El alcalde de Londres, el también conservador Boris Johnson, quiere que los niños tengan dos horas diarias de educación física obligatoria en las escuelas. El primer ministro, su colega de partido David Cameron, ha acusado a los profesores de no tomársela en serio y ha defendido la necesidad de fomentar los deportes de competición en ellas. Pero es el actual Gobierno que él preside el que decidió que ni siquiera las dos horas semanales de deporte que impuso el anterior, laborista, sean ya obligatorias.

El País

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